Rusia cercena a Ucrania en medio de una tregua de papel

Rusia cercena a Ucrania en medio de una tregua de papel

Los acuerdos de Minsk no han sido respetados y los rebeldes prorrusos ganan más y más terreno.

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21 de febrero 2015 , 06:02 p.m.

El Gobierno ucraniano y los rebeldes separatistas, reforzados con hombres y armamento pesado por Moscú, han acordado dos alto el fuego –el 19 de septiembre y el 12 de febrero–, pero sobre el terreno la guerra nunca se detuvo del todo.

Los acuerdos no se respetan, y los rebeldes prorrusos siguen avanzando en su conquista del (río) Donbass. Tras expulsar a miles de soldados ucranianos acorralados en la localidad de Debaltsevo después de un duro bombardeo, desde el jueves los prorusos –en muchas ocasiones, la artillería rusa directamente– atacan pequeñas localidades en la costa del mar de Azov abriendo camino hacia Mariupol. (Lea también: Piden respetar alto el fuego en Ucrania)

Ese punto es clave. Con casi medio millón de habitantes, es la única gran ciudad que Kiev todavía controla en la región y el gran puerto regional. Su conquista abriría un corredor terrestre desde la frontera rusa hasta la ya anexionada península de Crimea. Desde la noche del jueves caen los disparos de mortero sobre Shyrokyne, a menos de 30 kilómetros de Mariupol, y Kiev denunciaba que los prorrusos acumulaban hombres para atacar la ciudad.

El jueves, en una conversación telefónica, el presidente ruso, Vladimir Putin; el ucraniano, Petro Poroshenko; el francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, se repitieron que el acuerdo de Minsk debe ser respetado en su integridad. ( Rusia está redefiniendo las fronteras de Europa)

Pero eso no impidió que el avance prorruso siguiera y que Kiev se viera ya obligado –algo que había rechazado hacer hasta ahora para no congelar el conflicto y crear una frontera interna– a pedir una misión de cascos azules de las Naciones Unidas o al menos una misión policial de la Unión Europea.

El presidente Poroshenko no tiene medios militares para parar a los prorrusos si estos reciben apoyo de Moscú, y, aunque en público dijo que la retirada de Debaltsevo fue planificada, sus hombres intentaron resistir durante días bajo un duro bombardeo de artillería.

Los informes desde la región hablan de que Kiev habría perdido centenares de soldados. Muchos atravesaron durante la noche del jueves al viernes los bosques, evitando así a los prorrusos, para huir de Debaltsevo y alcanzar Artemivsk, cuartel general de su Ejército en esa zona del frente.

Cientos se amontonaron en camiones y blindados para hacer el viaje por una carretera estrecha, nevada y bajo el fuego de la artillería enemiga.

Kiev asegura haber perdido a seis soldados y haber hecho salir del cerco a 2.475, pero sus informes militares llevan meses dando números poco creíbles, y las estaciones de televisión rusas mostraron más de un centenar de prisioneros ucranianos.

Mientras, el Ejército ucraniano también bombardea esporádicamente Donetsk, capital de los rebeldes prorrusos y ciudad de casi un millón de habitantes a la que el jueves pudo llegar un convoy de ayuda humanitaria de tres agencias de Naciones Unidas: Unicef, la Organización Mundial de la Salud y la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados.

Kiev también pide armas para hacer frente a la ofensiva prorrusa, pero Washington y Berlín chocan en este punto. Un sector de la administración Obama alienta armar a Ucrania. Consideran que eso hará que Rusia tenga un enemigo que puede provocarle más bajas sobre el terreno.

Alemania, y con ella la mayoría de los europeos, creen que es un error estratégico y que el conflicto no tiene solución militar porque no hay cantidad suficiente de armas que puedan entregarse a Ucrania que no vayan a ser sobrepasadas por Rusia.

Cada vez que los rebeldes prorrusos y sus refuerzos rusos –las pruebas de la participación directa del Ejército ruso en Ucrania son abrumadoras– avanzan, la Unión Europea amenaza con más sanciones, pero la voluntad y la unidad de los europeos empieza a resquebrajarse.

El nuevo Gobierno griego intenta mantener buenas relaciones con Moscú, como también hacen de forma más discreta países como Eslovaquia y Bulgaria. O menos, como es el caso de Hungría, cuyo primer ministro, el nacionalista Viktor Orban, recibió esta semana a Putin en Budapest, rompiendo la política europea de aislar al ruso.

Este sábado el ejército ucraniano y los rebeldes prorrusos hicieron un intercambio de prisioneros en la zona de Lugansk: 139 soldados ucranianos a cambio de 52 combatientes separatistas. Fue gracias al acuerdo de Minsk, pero esto es, tal vez, en lo único que se ha sentido ese pacto, porque la guerra continúa siendo abierta e intensa.

Hace un año todo empezaba

Un río de gente puso flores el viernes en los memoriales de la plaza de la Independencia de Kiev, donde hace un año más de 100 personas murieron a balazos, en el último episodio de un alzamiento popular que terminó con la dimisión del presidente prorrusso Viktor Yanukovich.

El 18 de febrero de 2014, las fuerzas del orden lanzaron un asalto contra los manifestantes prooccidentales que ocupaban la plaza desde hacía tres meses y los enfrentamientos duraron tres días.

Tras la huida a Rusia de Yanukovich, los ucranianos eligieron como jefe del Estado al multimillonario prooccidental Petro Poroshenko. Y ahí todo empezó: Rusia empujó la secesión de Crimea y ahora trata de lograr la de el este de Ucrania.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO
Bruselas.

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