'El olvido que seremos'

'El olvido que seremos'

Como lo dijo Vargas Llosa, hay en este libro dolor y frustración, pero también ideales y ternura.

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20 de febrero 2015 , 05:49 p.m.

¿Qué tiene el argumento de El olvido que seremos, el libro de Héctor Abad Faciolince, para que se haya convertido no solo en éxito de librería, sino en un texto referenciado por escritores consagrados? La respuesta a este interrogante es sencilla: es un relato deslumbrante, desde el punto de vista humano, sobre la vida de un hombre que sembró en su hijo un amor reverencial. Escrito con el dolor lacerando el alma, dejando fluir en las palabras un sentimiento que invade cada página, utilizando la técnica de la novela para lograr un relato biográfico de alta calidad literaria, El olvido que seremos es un testimonio de esa violencia que en Colombia generó el paramilitarismo, narrado en primera persona por un escritor que vivió el dolor de perder al ser más importante de su vida: el padre.

Empecemos diciendo que El olvido que seremos no es una novela. Es, sí, una narración que toma los recursos de la novela para contar la historia de una familia unida en el dolor y la alegría, que tiene en el padre un modelo a seguir por ese amor incondicional a los suyos, por su capacidad de entendimiento, por su tolerancia con el hijo varón y su compromiso social. Héctor Abad Gómez, médico de profesión, humanista por formación, líder social por convicción, entregó su vida a la educación como catedrático en la Universidad de Antioquia. Pero alcanzó reconocimiento nacional por su trabajo como defensor de derechos humanos. Desde sus espacios radiales y sus columnas de opinión en los periódicos condenó los actos de terror como instrumento para silenciar las voces inconformes.

Llegué a la lectura de El olvido que seremos después de leer el artículo sobre el libro que Mario Vargas Llosa publicó en El País, de España, el 7 de febrero del 2010. Me llamó la atención que un escritor de las dimensiones del peruano se ocupara de un autor colombiano. Que el futuro Premio Nobel de literatura escribiera “El libro es desgarrador, pero no truculento, porque está escrito con una prosa que nunca se excede en la efusión del sentimiento, precisa, clara, inteligente, culta, que manipula con destreza sin fallas el ánimo del lector, ocultándole ciertos datos, distrayéndolo, a fin de excitar su curiosidad” era razón más que suficiente para sumergirme en su lectura. Y, a decir verdad, Héctor Abad Faciolince logró conmoverme con su desgarrador relato sobre su padre.

Abad Gómez fue asesinado la tarde del 25 de agosto de 1987, cuando trataba de ingresar a la sede de la Asociación de Institutores de Antioquia para asistir al velorio de su presidente, Luis Felipe Vélez, asesinado esa mañana en la puerta de la sede del sindicato. Una extraña mujer lo convenció para que fuera hasta allá. Cuando estaba en la puerta, dialogando con algunos maestros, dos sicarios que se movilizaban en una motocicleta se acercaron para dispararle. Lo raro es que fue llevado hasta allí, engañado, porque el cuerpo del presidente del sindicato había sido llevado horas antes para el coliseo, donde estaba en cámara ardiente. La extraña mujer que lo acompañó desapareció misteriosamente del lugar de los hechos. Era el enlace para sacarlo de su oficina.

De este crimen que conmovió a la sociedad antioqueña se vale Héctor Abad Faciolince para contar la historia de una familia que tiene en su padre un ser humano excepcional, comprometido con lo social. Era un médico formado en lecturas exquisitas, amante de la música clásica, que pensaba como hombre de izquierda. Fue quien hizo posible que en Medellín el agua para consumo humano fuera tratada. Todo porque se dio cuenta de que debido a que no le echaban cloro, muchos niños morían de fiebre tifoidea. Inició, entonces, una campaña para demostrar cómo la falta de tratamiento en el vital líquido era causa de mortalidad. Su preocupación fue, siempre, la salud pública. Tanto, que promovió la construcción de acueductos para que el agua potable llegará a sitios marginados.

En El olvido que seremos se encuentra el lector con una prosa depurada, manejada con encanto, donde los detalles más simples están contados con fluidez literaria. Un libro donde así como la alegría ronda ciertas páginas, sobre todo cuando se narran sucesos entretenidos, aparece también el dolor como una constante. La muerte de Marta Cecilia, la hija de 16 años, ensombrece el relato por ese dolor que causa en el corazón del médico asesinado. Abad Faciolince alcanza lucidez en las reflexiones que a lo largo del libro hace sobre la vida, la muerte, la soledad, el amor, la tristeza y la alegría. El olvido que seremos es una obra que se lee con interés. Como lo dijo Vargas Llosa, hay en este libro dolor y frustración, pero también ideales y ternura.

José Miguel Alzate

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