A quién oír

A quién oír

El desconcierto dirigente complica la encrucijada europea.

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20 de febrero 2015 , 05:45 p.m.

Ciencia y algunas profesiones aparentan seguridad en sí mismas, y les creen. La económica, la ‘ciencia oscura’ de Galbraith, apenas disimula su desconcierto. Se creyó que el señor Greenspan, dueño de la FED, era infalible; se probó después que se equivocaba, hasta el punto de atribuírsele la crisis del 2008. Europa padece hoy disenso en la materia, que muestra que nadie sabe qué esté pasando ni qué deba hacerse. La iniciativa del Banco Central de una emisión como la de la FED es para unos un ‘por fin’; para otros, más desbarajuste, la Comunidad dividida entre la imposición alemana de austeridad, el ‘austericidio’, y el keynesianismo del crecimiento, no solo la oposición, sino los resultados, que le restan a Berlín la autoridad que se disputan París, Bruselas y hasta Moscú. Unos creen que la emisión aproxima más a la CEE y el euro al crac; otros, que estimular inversión y consumo es lo que debe hacerse. Crudas las cuentas sobre el desplome del petróleo.

El desacuerdo inmediato y en materia grave es sobre el estrangulamiento griego, su deuda 175 por ciento mayor que su productividad, más la amenaza del nuevo gobierno de izquierda de salirse de la Comunidad, mal ejemplo para Portugal, Italia o España, donde Podemos es ya primera opción electoral; Gran Bretaña, distanciada; en riesgo pactos políticos y monetarios que hacen del continente vanguardia ideológica en globalidad. La salida parece irresoluble porque está en duda qué manda, si política o economía, si Estados o institucionalidad comunitaria.

Detrás del salvavidas a Grecia, a la que se dice se está aplicando un ‘ahogamiento simulado’, están disyuntivas de fondo, entre tecnocracia y populismo, neoliberalismo y socialdemocracia, intervención o leseferismo; entre la troika del Banco Central, la Comisión Europea y el FMI, y los gobiernos; entre nacionalismo y federación; también, entre el poder económico que genera la germanofobia, o la demagogia que protege el desorden, indirectamente acusado el derroche en subsidio del Estado bienhechor de la consigna ‘la gente, por encima de los bancos’. Otra disensión es la de socialización de la pérdida o privatización de la ganancia, que niega a países lo que se cedió a la quiebra financiera. Unos dicen que no se debe rescatar la corrupción; otros, que, como hay deudores irresponsables, hay prestamistas imprudentes, en el fondo asistencialismo contra el darwinismo del ‘si lo quieres, hay que pagarlo’, populismo o política.

La pugna está en si oxigenar Estados incompetentes o trasladarles a los pueblos la mala administración de tecnocracia sin responsabilidad política y la voracidad financiera intocable, mucho de los rescates para pago de intereses. Pero el pantanero coyuntural, al tiempo que denuncia vacío político y deficiencia institucional, intensifica el debate sociopolítico en el que los partidos tradicionales pierden frente a movimientos nuevos extremos, situación que Europa conoce de sobra. A no ser que prime la propuesta de un new deal comunitario, recurso a la democracia.


Jorge Restrepo

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