Reflexiones sobre amenaza climática

Reflexiones sobre amenaza climática

En Colombia y otras naciones, la corrupción es factor un determinante de la degradación climática.

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19 de febrero 2015 , 06:21 p.m.

Los efectos del creciente desorden climático son evidentes y constituyen amenaza real para la sostenibilidad y calidad de la vida en la Tierra.

Las causas de la alteración y agudización del fenómeno climático, atribuibles a las acciones y decisiones de humanos, están ampliamente identificadas. Se sabe qué procedimientos se deben desarrollar para controlarlas, mitigarlas y revertirlas.

En los foros internacionales sobre el problema climático, estos son objeto de análisis y predicciones, pero las conclusiones no se traducen en compromisos globales y regionales de ejecución permanente. Los intereses económicos de empresas y naciones se imponen sobre el derecho colectivo a disponer de un entorno ambiental saludable.

Las naciones mayormente responsables de las causas de la alteración climática son las más renuentes a asumir responsabilidades, a asumir compromisos al respecto.

Controlar y revertir el fenómeno climático debe ser compromiso de todas las naciones, proporcionalmente a la responsabilidad en la generación del problema. Todos y cada uno de los gobernantes del planeta deben ser conscientes del problema y asumir con responsabilidad la búsqueda y apoyo de medidas para resolver el desafío.

Debería constituirse un organismo o sistema de gobierno global que defina normas y estructure procedimientos de obligatorio cumplimiento para todas las naciones, relativas al permanente control y reversión del problema climático global.

El consumo de energía de origen fósil (petróleo, carbón, gas natural) alcanza el 86 % sobre el consumo total. Es el consumo que más gases de efecto invernadero produce, pero el proceso integral de producción, comercialización y consumo de esos productos genera rentabilidades inigualables. Son factores que, conjugados con los objetivos económicos y dinámica de la industria automotriz, impiden el desarrollo de otras fuentes de energía menos contaminantes del medioambiente como la hidráulica (7 %) y la eólica (1 %).

El consumo mundial de petróleo supera los 90 millones de barriles diarios y, de estos, el 90 % lo consumen los motores de combustión interna. La industria automotriz es constantemente creciente a nivel global. Hoy circulan en el planeta más de 1.300 millones de vehículos. Previsiones señalan que en el 2040 circularán más de 9.000 millones. En consecuencia, la emisión por consumo motor será más de ocho veces la del presente. Son cifras que deben obligar la producción y uso de sustitutos del carburante fósil, como el hidrógeno y la electricidad.

Es imperativo que un organismo ambiental global planifique y regule el uso de medios de transporte, especialmente de carga y pasajeros, de manera que se reduzca la generación de gases por unidad transportada. Entre otros, deben privilegiar el transporte ferroviario y fluvial sobre el carretero, e incentivar el uso de vehículos eléctricos.

A partir de 1990, en Colombia se privilegió el transporte carretero sobre otros modos de transporte. Hoy, la oferta supera en 30 % la demanda de carga y pasajeros. El Gobierno debe congelar nuevas matrículas de equipos para transporte de carga y pasajeros por carretera hasta lograr equilibrio.

Es imperativo reactivar el transporte ferroviario y fluvial para sustituir transporte carretero y reducir el consumo de combustible fósil. Una locomotora con 120 vagones puede transportar una carga equivalente a 120 tractomulas.

Se sabe que la vegetación succiona CO2, reduce la infiltración y recarga de acuíferos, estimula el abatimiento del nivel freático y aumenta la velocidad de concentración y la erosión.

Debería crearse un impuesto internacional razonable por uso de vehículos particulares consumidores de combustibles fósiles, con destino exclusivo a reforestación permanente, en todas las naciones. Es imperativo regular el uso racional del suelo en todo el planeta. La batalla contra la amenaza climática tiene que ser global, pero los gobiernos deben comprometerse a no dejar robar los recursos recaudados. En Colombia y en muchas otras naciones, la corrupción pública y privada es factor determinante de la degradación climática.​

Marcos Silva Martínez

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