Editorial: Reforma migratoria, al congelador

Editorial: Reforma migratoria, al congelador

El primer terreno de batalla fue el Congreso, donde han hecho saber que esta puerta está cerrada.

18 de febrero 2015 , 08:47 p.m.

Muy mal ha caído, entre los más de 5 millones de inmigrantes que iban a beneficiarse con la reforma migratoria que por la vía ejecutiva expidió el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en noviembre del año pasado, el fallo de un juez de la Corte Federal de Brownsville (Texas) mediante el cual suspende su aplicación. Lo hizo hasta que se agoten los términos legales y argumenta que, de seguir esta vigente, se estaría produciendo “un daño irreparable”.

La decisión, que responde a una demanda que presentaron 26 estados –24 de ellos bajo el control de los republicanos– contra dichas acciones ejecutivas, impide que más jóvenes que llegaron al país del norte cuando eran niños accedan a permisos temporales de trabajo. Tampoco podrán gozar de tal prebenda los padres de ciudadanos o hijos con estatus que les garantiza permanencia legal en suelo de EE. UU. “No es la primera vez que un juez intenta bloquear algo que acaba siendo legal. Confío en que tengo la autoridad”, dijo Obama al conocer la providencia. Mientras desde la Casa Blanca se insiste en que las disposiciones en suspenso las podía tomar el mandatario, sin pasar por el Congreso, los demandantes y opositores hablan de una extralimitación suya.

Más allá de lo que ocurra en las siguientes instancias –el Gobierno ya apeló, y se espera que el caso se dirima en la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito, en Nueva Orleans–, se demuestra que los republicanos se la han jugado por una estrategia que combina todas las formas de lucha, con tal de impedir que el Presidente saque adelante una de sus principales promesas de campaña. El primer terreno de batalla fue el Congreso, que hoy controlan aquellos y donde le han hecho saber a Obama que esta puerta está cerrada y con doble tranca.

La pregunta que muchos se hacen es si los republicanos, en su afán de ganar este pulso, han dimensionado lo que significa ganarse la animadversión de un gran sector de la población latina, que constituye el 17 por ciento del total de los habitantes de EE. UU. Y, más que eso, 25 millones con derecho a voto. Caudal suficiente para inclinar la balanza en una elección presidencial.

EDITORIAL
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