'Quiero ser mamá': lesbiana de la U. de La Sabana

'Quiero ser mamá': lesbiana de la U. de La Sabana

Una estudiante de Psicología habla en medio de la polémica por concepto sobre adopción homosexual.

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18 de febrero 2015 , 08:35 p.m.

“Soy estudiante de Psicología de la Universidad de La Sabana desde el 2010. Desde mi primer semestre me encuentro becada por la institución por mi rendimiento académico, quiero ser mamá, vengo de una familia tradicionalmente católica y soy lesbiana”.

Así se describe Eloísa Vela Mantilla en la última entrada de su blog, en el que también cuenta que después de enterarse del concepto emitido por el Instituto de La Familia de La Sabana a la Corte Constitucional sobre la adopción de parejas del mismo sexo, “me imaginé a mí misma, en un par de años, teniendo que poner un anuncio en la puerta de mi consultorio de psicóloga clínica que advirtiera ‘a pesar de lo que el título de pregrado pueda sugerirle, aquí es bienvenido aunque sea gay’”, pero entre los escalofríos que esa perspectiva le causa, recuerda las reacciones fraternas que han tenido sus compañeros, profesores y hasta sacerdotes cuando saben de su orientación sexual.

Eloísa, de 22 años, no es la joven radical que pronuncia diatribas contra La Sabana. En la polémica que hoy protagoniza su universidad ve matices.

La realidad para ella es que profesores y alumnos son una comunidad muy diversa. En su carrera, los debates sobre la homosexualidad se han tomado desde la perspectiva científica, pero también ha habido clases donde la califican como una enfermedad.

Recuerda, por ejemplo, cuando una docente de una materia electiva construyó en el tablero un mapa conceptual en el que ubicaba la homosexualidad al lado de la zoofilia (conducta sexual, considerada como perversión, en la que una persona tiene relaciones sexuales con animales).

Eloísa menciona que en su cotidianidad como estudiante de La Sabana nunca se ha sentido discriminada por su orientación sexual. De hecho, cuenta, conoce al menos a ocho homosexuales cercanos a ella en la institución que tampoco experimentan tensiones, y tiene una amistad armónica con una compañera que pertenece al Opus Dei.

Sin embargo, dice, hay una especie de juego doble. “En la vida diaria no hay ningún problema, pero cuando piensas en esferas más altas, en los decanos, en los directores de programa, hay cierto miedo institucional de que se sepa”.

Eloísa comenta que nunca ha sabido de represalias por parte de directivos contra estudiantes homosexuales, pero ese miedo arraigado la pone a dudar, por ejemplo, de llevar su novia a la ceremonia de grados.

‘La ciencia no parte de la opinión’

Lo que Eloísa sí ha experimentado en La Sabana es discriminación de manera indirecta. La joven califica los conceptos emitidos por La Sabana a la Corte Constitucional de “irrespetuosos”, no solo con su identidad sexual, sino también con la formación académica impartida por la misma universidad.

Aunque La Sabana corrigió su posición inicial donde calificaba a los homosexuales como “enfermos”, la posición desfavorable de la institución respecto a la adopción por parte de parejas homosexuales (enviada en un concepto del Instituto de la Familia a la Corte Constitucional), la indigna.

La indigna, porque el documento se base en estudios publicados, la mayoría, entre 1965 y 1995, y en él se dice explícitamente, “sin argumentos sólidos”, considera, que los homosexuales tienen una “clara tendencia a una alta promiscuidad”, que sus uniones “son mucho menos estables, fieles y duraderas que las heterosexuales” y que sus hogares “pueden ser seriamente riesgosos para la salud e integridad de los niños desamparados”.

Al respecto, Eloísa es clara en que su orientación sexual no la hace “ni peor estudiante, ni peor hija, ni peor ciudadana” y que ser lesbiana no se correlaciona con su esencia y su salud mental. Por tanto, con los conceptos enviados a la Corte, siente que “le están diciendo al país que soy promiscua, indecente, que tengo enfermedades mentales, y esa no soy yo”.

Eloísa cree que la Universidad hizo pasar opiniones por conceptos científicos y eso “va contra el método científico que me han enseñado durante toda mi carrera “, explica.

Entonces, se pregunta: “¿Qué pasaría si yo entrego mi tesis de grado con citas que tienen más de 15 años de caducidad en un tema que permanentemente se está reevaluando y reconceptualizando en el mundo? ¿Qué le está diciendo La Sabana al mundo sobre el tipo de investigadores que se están graduando? ¿Cómo así que un libro publicado por una asociación no científica, sin revisión de pares, sin presencia en ningún tipo de revista o revisión indexada puede ser usado como argumento científico?”.

La joven cree que el debate es la única vía de hacer que el mismo ambiente se sienta institucionalmente.

En el debate, dice, deben estar las voces oficiales, las de egresados y las de estudiantes, pero “¿dónde están los profesores?, ¿por qué no han opinado?, ¿por qué no se han manifestado”, se pregunta ella. “Eso es muestra de ese miedo inexplicable que hay en la universidad, porque fuera del jarillón hay un revuelo, pero acá no ha pasado nada”, responde.

Sin embargo, expresa Eloísa, “habrá un día en que mi orientación sexual no deba ser reivindicada mediante mi posición política e ideológica. Habrá un día en que ser estudiante de La Sabana y ser homosexual no será un permanente caso de estudio, una permanente pelea y una permanente argumentación. Habrá un día en que besar a mi novia y caminar por la calle cogiéndole la mano va a dejar de ser un acto político y se convertirá sencillamente en una muestra de cariño”.

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