Explorando las selvas de San Cipriano a bordo de una 'brujita'

Explorando las selvas de San Cipriano a bordo de una 'brujita'

Este poblado, a casi dos horas de Cali, atesora cascadas y espejos de agua naturales.

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18 de febrero 2015 , 04:36 p.m.

Un estrecho puente colgante abre paso a la aventura. Separa el improvisado parqueadero –la futura nueva calzada de la vía que comunica a Cali con Buenaventura– de la terminal de ‘brujitas’, vehículos que sacaron del anonimato a San Cipriano, una pequeña población afro, escondida entre la selva tropical.

Para llegar a esta aldea, que hace parte del corregimiento bonaverense de Córdoba, la única ruta es la vía férrea. Son siete kilómetros entre bosques espesos y húmedos, túneles, paisajes de interminables verdes y una que otra casa de ladrillo o de madera. Hace unos años, los aldeanos empujaban los tablones, ‘amoblados’ con sillas, que rodaban como un pequeño vagón cargado de turistas.

El duro trabajo que eso implicaba los llevó a idear una adaptación, con motocicletas enganchadas a los tablones, que los empujan con la tracción de su rueda trasera. No van a la velocidad de un tren. Tampoco hay subidas y bajadas de montaña rusa, pero al ritmo que avanzan el viento acaricia y refresca durante cerca de 20 minutos hasta llegar a la población.

No hay temor de encontrarse con un tren de frente. El paso del que viene con carga del puerto lo coordinan supervisores del transporte, que alertan de su llegada. Lo único que puede pasar es coincidir con una ‘brujita’ que sale del pueblo rumbo a la carretera. Ahí, conductor y ayudante, las bajan del riel y dan prioridad a quienes van hacia San Cipriano.

Un tesoro de agua pura

Un puñado de casas de colores anuncia la llegada. Allí, los carros no existen y las únicas motos que ruedan por las calles son las que sirven de ‘brujitas’.

El mayor ruido que se escucha en esta población es de los equipos de sonido de donde sale la alegre y contagiosa salsa choke.

La lluvia, siempre tenue, acompaña casi todas las tardes. Cae tan cálida que ayuda a pasar el frío al salirse de alguno de los ocho ‘charcos’, los tesoros naturales de este poblado.

Son pozos a los que se llega a través de una caminata ecológica, que puede durar hasta dos horas y media. La última parada es la cascada del amor, una caída de agua fría, que alivia y refresca. Para lograr el recorrido en un solo día se recomienda madrugar, pero para quienes prefieren un paseo sin afanes, hay amplia oferta de hospedaje.

Todo hace parte de la Reserva Natural Río San Cipriano, que en sus 8.500 hectáreas también protege el río Escalerete. Se paga un aporte de 1.500 pesos por persona, que corresponde al bono ecológico. Familias enteras, grupos de amigos y parejas comparten esta aventura, en la que no es raro ver mochileros extranjeros empapados en agua, corriendo con neumáticos para dejarse llevar por la corriente de las aguas.

Ese es uno de los planes más comunes. Se alquilan enormes flotadores negros y redondos para ponerle un toque extremo a la travesía. Cada charco tiene su característica: unos de profundidades que alcanzan los tres metros y otros que llegan a los 12. Todos, de piedras claras y agua cristalina y helada, que esconde peces que al pasar hacen cosquillas en los pies.

La diversión no se acaba cuando cae la luz. La escasa iluminación artificial hace que las estrellas se acerquen en la noche, acompañando los relatos de los pobladores, al son de bebidas artesanales del Pacífico como el viche, el arrechón o el tumbacatre (todos fermentos de caña de azúcar).

Infaltable la prueba de las bebidas artesanales del Pacífico.

Si usted va...

Desde Cali, en carro, el trayecto tarda cerca de una hora y 45 minutos, y se paga un peaje vía Dagua. Vía Loboguerrero, dos.
En bus o ‘van’, el promedio es de $ 20.000/trayecto. Hospedaje: la noche por pareja cuesta 35.000 pesos. Habitaciones individuales desde 15.000 pesos o carpas desde 7.000.
Los platos tienen un valor promedio de 12.000 pesos. La entrada a la reserva cuesta 1.500 pesos.
El transporte en ‘brujita’ vale 5.000 pesos/trayecto.
El parqueadero cuesta 5.000 la noche o 3.000, solo durante el día.

NICOLÁS CONGOTE GUTIÉRREZ
Redactor de EL TIEMPO

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