Editorial: La macabra apuesta del Estado Islámico

Editorial: La macabra apuesta del Estado Islámico

Este grupo ratifica su apuesta por el impacto demoledor que producen las escenas de sus ejecuciones.

17 de febrero 2015 , 08:08 p.m.

Demencial e impredecible es el proceder del Estado Islámico (EI). Su más reciente acción tuvo lugar el pasado fin de semana, cuando divulgó un escalofriante video que registra la decapitación de 21 cristianos egipcios coptos. Masacre que generó una respuesta inmediata del Gobierno egipcio, con bombardeos contra posiciones estratégicas de la organización en Libia.

De esta manera, Egipto se reafirma como uno de los países dispuestos a frenar la expansión de la agrupación terrorista. A comienzos de mes fue Jordania, que reaccionó de la misma forma luego de conocerse las imágenes de un piloto de esta nacionalidad quemado vivo por los yihadistas.

Así, este grupo ratifica su apuesta por el impacto demoledor que producen las macabras escenas de sus ejecuciones como estrategia para amedrentar a todos aquellos a quienes, según su radical interpretación del Corán, considera enemigos, sin importar que también profesen el islam. Tampoco los detiene que esto les suponga perder valiosos apoyos que, soterradamente, negociaban en las naciones árabes.

Lo cierto es que todo esto enreda aún más la pita de esta convulsionada región. Y es que una acción decidida y sostenida de Egipto y los Estados árabes contra los yihadistas sería una jugada que terminaría favoreciendo a Bashar al Asad, en Siria, cuya permanencia en el poder no es bien vista por estos países. Mientras tanto, en Irak y Siria la contención del EI corre por cuenta de los kurdos y de los rebeldes sirios, con respaldo de Estados Unidos, nación que les seguirá apostando a los bombardeos para evitar que los extremistas ganen más terreno, pero que difícilmente enviará tropas. Y es que tal decisión implica un costo político, que se dispara en vísperas de elecciones presidenciales.

Un ajedrez que es susceptible de cambios drásticos e inesperados, de presentarse nuevas atrocidades divulgadas en videos o ataques sorpresa a cargo de ‘lobos solitarios’. Es entonces cuando los muy sopesados cálculos de los Estados involucrados ceden terreno a las emociones, y el abanico de desenlaces posibles crece exponencialmente.

EDITORIAL
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