'Mi hijo murió atropellado después de un paseo millonario'

'Mi hijo murió atropellado después de un paseo millonario'

Madre de víctima dijo que fue drogado. Desorientado, fue arrollado por patrullero de la Policía.

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17 de febrero 2015 , 07:29 p.m.

“Nunca pensé que iba a encontrar a mi hijo en Medicina Legal”. Cuando a Rocío* le dijeron que era él entró en 'shock', no paró de temblar.

Sólo dos días atrás vio a Santiago*, de 34 años, feliz, planeando un viaje a Medellín. El miércoles 4 de febrero, como todos los días, ella habló con él. “Me dijo que había salido a trotar por la mañana. Luego se durmió en su habitación y yo hice lo mismo”.

A las 11:30 p. m. sonó el timbre del apartamento de forma prolongada, pero cuando Rocío se asomó por el visor de la puerta no había nadie. “Luego entré a la habitación de mi hijo. No estaba”. (Lea: Se disparan ataques de escopolamina en Bogotá; denuncias suben un 57 %)

Lo siguiente fue un extraño mensaje que le llegó a su teléfono celular. Decía: “Por favor, déjeme las llaves en la portería”.

Eso era algo que nunca hacían, por eso Rocío llamó a su hijo y le reclamó. A los tres minutos golpeó a la puerta y entró al apartamento. “Lo vi raro, como mareado. Me decía: qué pena, salí a comerme una hamburguesa. Yo pensé que estaba tomado y me fui a dormir, hasta lo regañé”.

Al día siguiente comenzó la agonía. Santiago no estaba, no había ni un solo rastro. “Él tenía 34 años, pensé que se había quedado donde la novia, entonces, esperé”. Al día siguiente comenzaron a entrar las llamadas de conocidos de Santiago que no sabían nada de él. “La amiga que lo invitó a Medellín comenzó a hacer llamadas, pero él no se había reportado para cuadrar las cosas del paseo”. (Además: Capturan a las 'Nanitas', profesionales en robar con escopolamina)

Era como si se lo hubiera tragado la tierra. Los únicos que lo vieron salir fueron los vigilantes. “Dijeron que se fue a eso de las 11:30 p. m. solo y como ido”.

Lo primero que hizo Rocío fue ir al CAI de su barrio Portales del Norte, pero ellos me dijeron que no podían hacer nada. “Entonces, por recomendación de un fiscal conocido, me fui directo a Medicina Legal. Llegué a las 10:30 a. m.”. Ese día el lugar estaba copado y solo atendía una persona. (Lea también: Hombres solitarios en barras de bares, las víctimas de las 'Nanitas')

Solo hasta las 12 m. y con una angustia que la carcomía habló con el forense. “Cuando le dije la cédula de mi hijo asintió: ‘Sí, aquí está, es él’. Lo supo por las huellas dactilares”.

Ella entró en 'shock'. No paraba de temblar. Una amiga que la acompañó tuvo fuerzas para ver las fotografías, se veía muy golpeado, pero era Santiago. Ese día les dieron las 7:30 p. m. en trámites.

Lo siguiente fue una serie de sucesos que confundían; era como un rompecabezas con piezas perdidas.

Les dijeron que tenían que ir a la URI de Kennedy porque él había muerto en el hospital de esa localidad. “Yo pensaba: 'Dios, ¿qué hacía él en ese lugar?'”.

Fue allí donde se enteró de los últimos pasos de su hijo. Él había muerto en la avenida Primero de Mayo con 69C Bis. Lo había atropellado un policía motorizado de 20 años, justo cuando le faltaba un metro para llegar al separador. “Tuvo trauma en pulmones, tórax y uno craneoencefálico severo”, contó Rocío quien después de un papeleo desgastador pudo reclamar el cadáver de su hijo.

Mientras la investigación concluye, ella y su familia se han dedicado a tratar de entender qué pasó. Hoy saben que su hijo salió esa noche a comerse una hamburguesa en un centro comercial en la calle 164, entre carreras 71 y 73 y que después de eso lo vio actuar muy extraño.

Por los reportes de los bancos comprobaron que hubo cuatro retiros de efectivo de su cuenta bancaria. “Uno muy cerca de la casa en la calle 167 con avenida Boyacá y los otros a lo largo de la avenida Primero de Mayo. Ahí supimos que fue víctima del paseo millonario”.

También saben que fue vulnerado en su voluntad con una droga porque los primeros exámenes certifican que Santiago no había consumido licor y que fue abandonado en estado de confusión. “A eso lo expuso la delincuencia. Yo cuento para que no le pase esto a más jóvenes. Ahora sabemos que hay una banda que opera en la zona”.

Hoy Rocío no solo espera que capturen a la banda que drogó a Santiago, sino que se resuelva el otro escenario en donde murió atropellado. Prefiere ocultar su identidad y la de su hijo porque teme por su seguridad.

El vacío en la familia es inmenso e irreparable. Todavía escuchan las canciones que tocaba en su guitarra, el rock era su pasión. Se lo imaginan deambulando solo, desorientado, lejos de la gente que lo amaba.

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Droga para robar

Según Javier Rodríguez, magíster en Toxicología, cada vez es más común el uso de medicamentos farmacológicos que logran someter a la víctima a la voluntad de los delincuentes. “Pueden hacer que usted entre a su casa y saque todo lo que tiene porque bloquea áreas del cerebro que controlan la voluntad. No solo se usa para robar, sino para abusar sexualmente de las personas porque al otro día no se acuerdan de nada”. Estos medicamentos de carácter tranquilizante o sedante, algunos usados en tratamientos psiquiátricos, se consiguen en el mercado negro. “Hoy esas drogas son las favoritas de los delincuentes, incluso, por encima de sustancias como la escopolamina”.

CAROL MALAVER
EL TIEMPO
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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