Taipéi, la capital segura sin policías en las calles

Taipéi, la capital segura sin policías en las calles

Aunque su cuerpo de seguridad está integrado por 7.500 uniformados, rara vez se encuentra alguno.

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17 de febrero 2015 , 06:27 p.m.

A más de 18 horas de vuelo desde Colombia, la capital taiwanesa, Taipéi, es una ciudad sin policías en las calles.

No es que no existan. Sino que no es necesario que los uniformados garanticen la seguridad de sus más de 3 millones de habitantes ni de los cerca de diez millones de turistas que visitan la isla anualmente.

Mientras en las ciudades latinoamericanas es normal ver decenas de policías ‘cazando’ infractores en las vías a o haciendo patrullajes por los vecindarios para controlar riñas y prevenir atracos, en Taipéi las protagonistas de la seguridad son las 14.000 cámaras, monitoreadas desde 94 sofisticadas estaciones.

Allí no es común ver a uno de los 7.500 uniformados que integran su cuerpo de seguridad obligado a permanecer a la intemperie para evitar confrontaciones en las calles, producto de la ingesta desmedida de licor o de los problemas intrafamiliares. Son los propios ciudadanos quienes vigilan que se cumpla con las normas, simplemente porque ese ya se ha convertido en su estilo de vida.

“En la República de China todos somos policías”, resume con orgullo Valentino Tang, representante diplomático y comercial de Taiwán en Colombia.

Los indicadores mundiales así lo confirman. Según el más reciente estudio de la revista 'The Economist', Taipéi es la séptima ciudad más segura de la región y ocupa la 13.ª posición en el mundo, superando a Londres (Inglaterra), situada en el puesto 18, y a Fráncfort (Alemania), que se encuentra en el 20.° puesto.

Y hay más. Si bien otras regiones de la isla continúan con el modelo tradicional, en el que los policías deben permanecer atentos en las calles, los resultados en materia de seguridad en el resto de la isla tampoco son despreciables. Mientras hace 15 años en Taiwán la tasa anual de homicidios era de 5,1 por cada 100.000 habitantes (1.132 casos), en el 2014 se ubicó en 2,04, con un total de 469 asesinatos en los 12 meses, lo que representa una reducción cercana al 50 por cierto en ese delito de alto impacto en menos de una década.

“Normalmente no vivimos problemas serios con la seguridad. No oímos sobre muertes, violencia o caos; esas noticias son raras para nosotros. Tratamos de que las calles se vean bien y seguras”, comenta Shirley, en un moderno establecimiento de Taipéi.

La educación es la base

Si bien delitos como el narcotráfico son castigados con la pena de muerte, otros, como un robo menor, con cárcel, y la venta ilegal de medicamentos, con multas que alcanzan los 22 millones de pesos colombianos, la educación ha sido fundamental para que los taiwaneses vean a su país con otros ojos.

Desde muy pequeños, los niños reciben clases de educación cívica. Les enseñan cómo comportarse dentro y fuera de su casa, y cómo proteger a su ciudad del desorden, la suciedad y los malos hábitos culturales.

Los resultados de esta pedagogía saltan a la vista: andenes sin basuras, incluso frente a los restaurantes y en las afueras de los mercados nocturnos, donde venden comidas típicas y una gran variedad de mercancías; paredes libres de marcas de aerosol, peatones que cruzan las calles sin el temor de ser arrollados y más de un millón de motociclistas que se mantienen a la derecha. Rara vez se ve un carro mal parqueado, a pesar de que, según el registro más reciente, en la ciudad hay 768.100 vehículos. Resultados de un trabajo que les tomó al menos 30 años.

A esto se suman las campañas en los medios de comunicación. En la sociedad taiwanesa, son los mensajes los que terminan por construir respeto. “Parte del presupuesto anual se destina a este tipo de acciones”, explicó un funcionario de la Oficina Comercial de Taipéi.

Sumado a ello, no es gratuito que el mismo estudio de 'The Economist', además de ubicar a Taipéi como una de las ciudades más seguras del mundo, la sitúe como la número 21 de las mejores para vivir.

Su sistema de transporte público es otro ejemplo de la calidad de vida de sus habitantes. Para comenzar, en la capital de la isla de Formosa, como también se conoce a Taiwán, hay metro. Y no cualquiera, sino uno económico, con amplia cobertura y sin ventas ambulantes.

El pasaje cuesta el equivalente a entre 350 y 700 pesos colombianos, según la distancia por recorrer; no se puede mascar chicle y no hay colados.

Lo único que se permite es que dentro de las estaciones haya establecimientos propios para el comercio, donde los turistas aprovechan para comprar una que otra prenda de recuerdo. A diferencia de Bogotá, por ejemplo, no cobran el servicio de baño.

En resumen: contra lo que pasa en la capital colombiana con TransMilenio –por la complejidad de sus características– o en Ciudad de México, donde a pesar de ser organizado hay gran cantidad de vendedores informales, el metro de Taipéi es limpio, ordenado, muy económico y respetuoso con el usuario.

“Si comes dentro del metro –explicó una joven de esa región–, se te impondrá una multa de 1.500 a 7.500 dólares taiwaneses (entre 114.000 y 500.000 pesos colombianos)”.

Si viaja a Taiwán...

Visite el Taipei 101

Es un rascacielos de paso obligado. Son 508 metros de altura, con una vista espectacular de la ciudad. Su construcción total tardó 5 años.

Conozca templos

Son mágicos. Desde que ingresa hasta que sale, vivirá de lleno un encuentro con la cultura oriental.
El templo budista de Tainán, así como el templo de Confucio no pueden dejar de visitarse.

Pásese por un ‘spa’

Pocos turistas visitan los ‘spa’, pero allí tendrá una grata experiencia. Luego de un masaje relajante, se siente como un príncipe, a un precio económico.

Vaya a mercados

Son varios los mercados nocturnos disponibles en Taipéi; consigue accesorios y vestuario económico, que puede mezclar con una buena comida típica.

En metro y en tren

No puede perderse un viaje por el sistema de transporte local y un recorrido en el tren bala, que alcanza los 345 kilómetros por hora.

Taiwán es la República de China

Taiwán, antigua isla de Formosa, proclamada como República de China, está en el Pacífico occidental, entre Japón y Filipinas. Su nombre se presta a confusión, pero no es la República Popular China, que es la denominación de China continental. Luego de su derrota en la guerra civil china de 1949, Taiwán se estableció como nación aparte en la isla, con el nombre de República de China, independiente del régimen comunista de Pekín. Es un Estado aún no reconocido por todas las naciones.
Con Colombia sus relaciones son comerciales.

Moderar el uso de energía y reciclar, otros logros

Teniendo en cuenta que la isla es sensible a los desastres naturales, la República de China se ha enfocado en proteger sus recursos –parte de su economía se basa en la agricultura– y en disminuir las emisiones de dióxido de carbono y el consumo de energía. “Buscamos una sociedad sostenible, que recicle todos sus recursos y no genere residuos”, precisó un taiwanés experto en materia ambiental, durante una conferencia sobre el cambio climático en la ciudad de Tainán, la cuarta más poblada de la isla.
Parques nacionales, reservas naturales, refugios de vida silvestre y áreas paisajísticas constituyen el 20 por ciento del área terrestre de Taiwán, según reportes oficiales.

Para resguardarlos les fue necesario poner en marcha diversos proyectos y fijarse metas a corto, mediano y largo plazos. Quizás el objetivo más importante en la actualidad es, para el 2025, reducir los niveles de dióxido de carbono al punto en el que estaban en el 2000.

Este esfuerzo lo emprendió la República de China a pesar de que varios organismos internacionales no la han reconocido como una nación independiente (hay quienes aún la confunden con China continental).

Asimismo, los taiwaneses reciclan juiciosamente. Las empresas comenzaron a instalar turbinas de viento en las áreas costeras para desarrollar recursos energéticos renovables, y se diseñaron paneles solares en algunas zonas para ahorrar energía. Incluso, en la isla se restringe el uso de algunos materiales no biodegradables.

Y sus proyectos no se han concentrado exclusivamente en el plano nacional; Taiwán ha traspasado las fronteras para convertirse en el gestor de proyectos ambientales en compañía de países de los diferentes continentes, no solo con el ánimo de entregar conocimiento, sino, además, de absorber nuevas ideas que contribuyan a continuar bajando los niveles de contaminación y convertir a su país en un lugar autosostenible.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO
Invitación de la Oficina Comercial de Taipéi

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