'A mí su barriga y su quietud me matan': entrevista con la espalda

'A mí su barriga y su quietud me matan': entrevista con la espalda

Esta parte del cuerpo cuenta que el sobrepeso le impone sobrecargas que la hacen sufrir.

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17 de febrero 2015 , 04:58 p.m.

Cansada de sufrir en silencio y de que la gente solo se acuerde de ella cuando el dolor acosa, la espalda ruega a la gente, en entrevista con EL TIEMPO, que no la pongan a cargar más peso del que puede soportar: “Los kilos de más y las barrigas prominentes me imponen sobrecargas que a duras penas puedo manejar”, se queja.

¿Es cierto que usted está mal diseñada?

Decir eso es superinjusto, sobre todo si se tiene en cuenta que a mí me toca cargar con las consecuencias de que ustedes puedan caminar en dos pies. No se haga el olvidadizo: sus antepasados caminaban en cuatro patas y en esa posición todos los órganos estaban colgados por delante. Al erguirse todo quedó colgado de un solo lado, que es la parte anterior del cuerpo; para compensar eso tuvieron que desarrollarse músculos muy fuertes por detrás, capaces de levantar a la humanidad y de sostenerla derechita.

¿Y eso es un problema?

Si la gente fuera juiciosa, pues no, pero resulta que además de todos los órganos y las estructuras que tengo por delante, debo compensar la barriga que echan los señores y las señoras, lo cual aumenta el peso. Pues claro que ayudaría mucho que la gente fortaleciera sus músculos abdominales para equilibrar, pero no. Para muchos son un asunto estético; es más, en lugar de ejercitarlos se los marcan artificialmente, para cumplir con la moda de tener ‘chocolatina’. Esas estructuras pueden darme, más bien, una mano para no sobrecargarme y sufrir.

No entiendo, explíqueme eso

Mire, el sobrepeso en la barriga echa el centro de gravedad hacia adelante y tiende a hacerlo caer de cara; para que eso no suceda yo tengo que jalarlo hacia atrás con mucha fuerza. Eso hace que la columna se doble, que los músculos que me forman tengan que mantenerse contraídos y eso tiene unas repercusiones serias.

¿Como cuáles?

Pues cuando eso pasa, las vértebras pierdan orientación y tratan de juntarse; a veces ocurre que los discos que están entre ellas (que son como almohadillas con un relleno) se toteen, se rompan y ese relleno pase a la médula espinal y a los nervios que están dentro de las vértebras; eso se llama hernia de disco. También pasa que cuando los músculos están tensos siempre, entren en espasmos que con un mínimo movimiento, así sea para agacharse y amarrarse los zapatos, produzca un dolor intenso.

¿Y eso pasa en toda la columna? Hay gente que se queja de dolores más abajo o más arriba...

Esa sí que es una buena pregunta. Ya es hora de que la gente deje de hablar de la espalda como si fuera solo la cintura. Nada de eso: la columna va desde la nuca hasta donde usted se sienta. Lo que pasa arriba puede pasar abajo, porque es una sola unidad.

Lo más seguro es que si tiene dolor arriba luego va a tener abajo, y a la inversa. Cuando usted siente dolor, ¿qué es lo que en realidad duele?

La espalda está compuesta por músculos, vértebras, ligamentos, tendones, articulaciones, nervios y estructuras nerviosas que, de manera individual o en grupo, pueden doler por muchas causas. Esto sin contar con que algunos órganos pueden reflejar su dolor sobre mí (la espalda), como los riñones o el páncreas. Pero aclaro: los músculos que me forman son responsables de casi el 80 por ciento de los dolores que siento.

¿Cómo saber cuándo el dolor es por una cosa u otra?

En realidad, todo está conectado, pero el dolor después de una fuerza o el que se ubica en un punto específico que bloquea la columna, y que se incrementa con el movimiento de la espalda tiene una altísima probabilidad de ser muscular. Si se presenta como un corrientazo proyectado a las piernas que no es permanente, puede ser de origen nervioso; si además se acompaña de fiebre, de malestar general o de otros síntomas articulares, hay que descartar compromisos articulares, infecciosos o en otros órganos.

¿Cómo se maneja el dolor?

Más que enfrentarlo, el dolor debería prevenirse, lo cual se logra con dos cosas. Primero, manteniendo el peso adecuado; segundo, recordando que tanto mis músculos como los abdominales hay que mantenerlos en buena forma (con ejercicio permanente), y tres: ante el primer síntoma o molestia, por mínima que sea, consultar. La gente debe entender que la inactividad y el mal manejo inicial de un dolor pueden llevar a complicaciones graves, que hasta llegan a incapacitar a una persona de por vida.

¿Y cuándo ya hay dolor?

Lo primero que se necesita es un diagnóstico real y específico que permita saber qué parte mía es la que duele; en ocasiones eso exige ciertos exámenes para confirmar. Con esos resultados se puede prescribir el tratamiento adecuado. No todo sirve para todo.

‘Cuídenme así’
Cuatro claves para consentirme

Ejercítenme. Haga estiramientos diarios no solo de mis músculos sino de los que flexionan la cadera y la rodilla; fortalezca cada día, con ejercicio, los abdominales. Eso mantiene las cosas en su sitio y me evita sobrecargas.

Alivie cargas. Nada de barriga, por Dios. Si se mantiene en el peso, la evita. Los kilos de más son una tortura.

Aprenda a moverse. Cuando levante cargas eviten doblarme... Doble la rodilla, pegue las cargas a su cuerpo y mida su capacidad. No se exceda.

Consulte. Ante el dolor no use fármacos por su cuenta. Si el dolor dura más de tres días, consulte.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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