Editorial: Que sientan el rigor de la ley

Editorial: Que sientan el rigor de la ley

"En el caso de asesinato de niños, para los capturados el castigo debe ser proporcional al delito".

16 de febrero 2015 , 07:52 p.m.

Para la sociedad, dolida y escandalizada aún, será muy difícil pasar el trago amargo que significó la despiadada muerte de cuatro niños en cercanías de Florencia (Caquetá), el pasado 4 de febrero. Sin embargo, alivia saber que cinco de los presuntos autores del crimen, Edilson Vega, Énderson Carrillo, Cristopher Chávez, Alesair Vega y Luzmila Artunduaga, hayan sido capturados en las últimas horas.

Las preciosas vidas de unas criaturas inocentes –sacrificadas, al parecer, por la avaricia y la vileza de quienes querían adueñarse de un lote de terreno– no se pueden recuperar. Mas es ahí cuando la justicia debe obrar pronta y severamente, para que delitos tan aberrantes no queden impunes y los autores de un acto tan inhumano paguen ante las leyes.

Lo justo y lógico es que sea un castigo proporcional al delito. Y cualquier condena, si se ha obrado con tanta saña y premeditación, como se desprende de las pesquisas, parece corta. Por eso, el general Rodolfo Palomino, director de la Policía Nacional, quien ha estado al frente de la investigación, lanzó la idea de que se debata en el país la creación de la cadena perpetua para crímenes atroces.

La discusión queda sobre la mesa. Por ahora, lo justo es que los criminales paguen al menos las condenas correspondientes a estas conductas. Y que la ley no sea burlada, pues Cristopher Chávez, el presunto gatillero, había sido condenado a 27 años por violación, asesinato y desaparición de una joven.

Sin embargo, para más burla, no alcanzó a pagar diez y logró la suspensión de la pena por trabajo o estudio, incluidos días festivos, prohibidos por el Inpec para estos efectos. Así que andaba orondo, dispuesto a matar niños por un millón de pesos. Hay que elogiar, así haya sido por orden imperativa del Presidente, la labor de inteligencia policial para dar con los delincuentes. Y se espera que en otros casos se obre con igual diligencia.

No obstante, la justicia tiene la responsabilidad de que los criminales no se les rían en la cara a sus víctimas, que es lo que ocurre cuando no se aplica con rigor la ley. O cuando las prisiones se abren con suma facilidad.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com
@OpinionET

 

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