Los misterios y debilidades del mítico Leonard Cohen en un solo libro

Los misterios y debilidades del mítico Leonard Cohen en un solo libro

La biógrafa Sylvie Simmons habla del cantautor y poeta, en su libro 'Soy tu hombre'.

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16 de febrero 2015 , 04:17 p.m.

En medio de la escena pop de Nueva York a mediados de los años 60, aceitada por el incontenible Andy Warhol, potenciada por los beatniks y musicalizada por la vanguardista 'The Velvet Underground', ahí, en el fogón de esa locura en el club The Dom, quién lo creyera, Leonard Cohen era el tipo raro.

Su única razón para sentarse en la misma mesa con los que llamaba “los grandes espíritus de la época” (incluyendo a Lou Reed) era que estaba prendado de la exótica modelo y cantante Nico, quien sostuvo romances con casi todos los íconos de la escena del rock de la época, pero a Cohen solo lo quería como amigo y al menor intento de un beso robado le estampilló una cachetada inolvidable. Ella fue una de sus grandes musas en la vida, ademas de Marianne y de Suzanne.

Esas y muchas más confesiones se las entregó el cantautor, escritor y poeta, premio Príncipe de Asturias 2011, a la periodista de rock Sylvie Simmons, quien las consignó en el libro 'Soy tu hombre: la vida de Leonard Cohen', que se convirtió en gran éxito editorial.

Un punto de partida en el extenso relato reconstruido por Simmons –quien estuvo como invitada en el pasado Hay Festival de Cartagena– surgió de haber encontrado en los archivos personales de Cohen un libro que el cantante devoró cuando era niño. Y no era exactamente literatura.

“Se trataba de Cómo convertirse en un hipnotista; lo leí y descubrí que él había hecho todo el curso, había empezado por hipnotizar a su perro y luego a algunos familiares. Ese mismo libro habla de ‘cómo hipnotizar un cuarto lleno de personas’, y eso es lo que uno descubre en su trabajo, es decir, claramente es un escritor serio y profundo, y su música tiene este espacio emocional que parece ser una catedral, por ejemplo cuando canta Suzanne, pero también tiene su método muy hipnótico. Cuando canta tan suavemente, sientes que te atrae a él cada vez más cerca”, sostiene la periodista.

El episodio Nico fue totalmente inusual –tal vez su rechazo fue aquello que le encantó de la alemana– para un Cohen que siempre ha irradiado un magnetismo único con las mujeres: “Cuando escribía el libro, sentí esta similitud entre Leonard y Sergei Gainsbourg muy fuerte. Ambos eran un deleite para las mujeres. Las conocían no solo ‘horizontalmente’ sino también verticalmente y en todos los ángulos posibles. Escribían para las mujeres, pero no para acostarse con nosotras: las mujeres cantábamos sus canciones”, cuenta Simmons, quien precisamente ha escrito también una biografía del famoso cantante canadiense.

Para la autora, es claro que Cohen encontró su verdadera personalidad como vocalista mucho después de la poesía: “En sus primeros álbumes, seguía buscando una voz musical, pero en 1988 la encontró entre los sintetizadores, en (el álbum) 'I’m Your Man'. Empezó a sonar como un sabio viejo, pero a la vez divertido y también oscuro”.

De hecho, Simmons recuerda que cuando pudo hablar con el rabino que lo acompañó en su juventud, este le dijo sorprendido: “¡¿Leonard canta?!”: “En la sinagoga solo lo dejaban leer, no sabía cantar”.

Fue un encuentro con un guitarrista español que le dio lecciones de guitarra lo que encendió su curiosidad sonora.

A lo largo de 'Soy tu hombre', Cohen va describiendo las fuentes esenciales de canciones como 'Suzanne', 'Chelsea Hotel', 'Dance Me to The End of Love' o su muy recordada 'Hallelujah', que para las muy nuevas generaciones se reactivó recientemente con la banda sonora de la cinta 'The Watchmen'.

“Leonard tardó cinco años en escribir Hallelujah”, en un cuaderno que compiló más de 80 versos y tuvo dos finales, uno pesimista y otro ‘envalentonado’, que fue la que Bob Dylan le recomendó conservar, cuenta Simmons.

Precisamente, uno de los poderes de Cohen es que ha logrado encontrar siempre una forma de regresar a cautivar al público, sea la década que sea. Ocurrió en los años 90, cuando sus canciones hicieron parte de la película 'Asesinos por naturaleza' ('Waiting for the miracle' y 'The Future' fueron incluidas en la banda sonora), y entonces se volvió un ícono para ese momento.

“Eso es lo más maravilloso que le pasa a un artista. Algo muy interesante pude ver cuando Cohen hizo su gira de retorno; primero cantó en Oakland, en un gran escenario con boletas muy costosas, y el público era gente con mucho dinero o fanáticos de los años 60 que estaban dispuestos a gastar un dineral –recuerda la autora Simmons–. Pero luego, una semana después lo vi en el festival de Coachella; allí no ves a ese mismo público, toda la audiencia era gente joven. Cuando cantó Hallelujah, la gente entendió que era su canción, esa que habían escuchado la noche anterior en American Idol, y en ese momento hipnotizó a todos los hipsters”.

CARLOS SOLANO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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