Sanciones reales

Sanciones reales

Asistimos a un escenario deportivo permeado por una constante agresión que parece invisible.

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15 de febrero 2015 , 09:14 p.m.

Resulta sorprendente que en lo que va de esta Liga hemos sido testigos de circunstancias increíbles de agresión, de engaño y de impunidad. En Ibagué, una tribu rabiosa lanzó piedras sin piedad, como queriendo cobrar venganza a la fuerza por una derrota, y le rompieron la frente al héroe rival. En Barranquilla, el ‘Pecoso’, un técnico rabioso, arrojó una camilla a la cancha, pidiendo clemencia para un jugador convaleciente, pero transgrediendo toda norma. En Tunja, Bedoya, un futbolista con apodo de ‘general’, impuso su mando aumentando su récord mundial de expulsiones, 44. En Bogotá, una riña ya dejó 18 rabiosos ‘hinchas’ detenidos...

Asistimos a un escenario deportivo permeado por una constante agresión que parece invisible. Un escenario en el que los rabiosos hinchas se arman de piedra y los rabiosos técnicos, con camillas. Y todo pasa como si nada. Nadie se pronuncia. Las sanciones ejemplares solo ocurren en la imaginación.

El caso de Ibagué, a todas luces, es preocupante. No es la primera vez que en esa plaza los visitantes deben pagar escondederos, intimidados por una minoría que venga resultados con rocas. Esta vez le tocó a Vladimir Marín, el jugador del Medellín, quien con su golazo se llevó más de tres puntos.

El bus que iba desde el estadio al hotel fue prácticamente emboscado. Llevaba escolta adelante y atrás –dicen los testigos–, pero los agresores atacaron por los costados, con tal precisión que el único herido fue Marín. Cobraron su venganza. ¿Habrá que llegar a la exageración de llevar convoy militar para transportar a los equipos? En un país en el que los goles se hacen con la mano y quedan impunes, nada es extraño.

Pueda ser que la honorable comisión disciplinaria ejerza su control. Que Lazaga (el del gol con la mano) reciba su justa sanción; que se tomen medidas en Ibagué; que las autoridades deportivas si quiera se pronuncien (basta de ese silencio irritante); que se sancionen con rigor las acciones reprochables de técnicos y jugadores que en la cancha promueven la agresión.

En esta Liga de situaciones increíbles, lo mínimo es que las sanciones pasen al plano real, y que, ojalá, sean ejemplares.

90 minutos...

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO

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