Dolcey Gutiérrez le sigue cantando al Carnaval y a Dios

Dolcey Gutiérrez le sigue cantando al Carnaval y a Dios

'El especialista de la música picante' alaba a El Señor, luego de un milagro.

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15 de febrero 2015 , 05:54 p.m.

Es imposible adentrarse en el Adn del Carnaval y no encontrarse de frente con canciones como Cantinero, sirva un trago, Curucuchando o Ron pa' todo el mundo, esas que hacen parte del vasto repertorio de Dolcey Gutierrez, mejor conocido como ‘El especialista de la música picante’.

Desde noviembre, esos éxitos, entre otros, así como los nuevos del ‘Hombre del sombrero’, retumban en las emisoras con naturalidad para las audiencias, mientras su ejecutor recorre de cabo a rabo tanto el Caribe como otras regiones del país, llevando lo que él mismo define como un mensaje de paz y alegría, que lejos de lo que muchos piensan, pretende ser plebe o vulgar.

Por tanta familiaridad de Gutiérrez con el Carnaval, se podría pensar que la repisa de su sala está repleta de Congos de Oro, ganados en el Festival de Orquestas en los que ha participado en su carrera, pero lo cierto es que solo uno la engalana. Es ese que obtuvo en 1985, cuando se presentó, todavía en el Coliseo Cubierto Humberto Perea, con la canción Ron pa' todo el mundo, pegada en ese entonces a nivel nacional.

Sin embargo, mientras observa el trofeo a lo lejos, Gutiérrez, de 73 años, recuerda que en las cuatro ocasiones que hizo parte del importante evento del Carnaval, en 1987, dos años después de su exitoso debut, se lo volvió a ganar a pesar de que nunca le entregaron formalmente el galardón.

“Estaba hecho para Juan Piña, pero al notar el apoyo del público hacia mi música, en ese entonces con canciones como Huesera en televisión y Micaela, el jurado no tuvo más camino que darme como ganador. Me tomé la foto para los medios y lo devolví para que le pusieran mi nombre, pero fui una vez a las oficinas de Carnaval y no lo tenían listo y más nunca volví. Así que tengo un Congo de Oro por ahí perdido”, refirió.

Para este exponente de los ritmos carnavaleros como la guaracha, las cumbias y porros, o ‘un sambapalo musical’, como describe las fusiones tropicales que se atreve a presentar álbum tras otro, sus presentaciones en el Festival de Orquestas han sido tan pocas en vista de que los organizadores nunca supieron acomodarle una categoría en la que pudiera competir.

“Me ponían a competir con los vallenatos por el acordeón y con los tropicales por el resto de sonidos que tiene mi música y por eso siempre fue complicado”, explicó.

También ha desistido de aparecer en el prestigioso evento que mañana se realiza (su última vez fue en 1998), pues a su juicio ya no es lo que era antes y los artistas que vienen a la fiesta de la ciudad no cumplen con entregar una presentación gratuita en el Festival de Orquestas.

“Si lo hago solo será fuera de concurso, apenas con el ánimo de divertir a mi gente”, dijo.

Vigente todo el año

Oriundo de Nervití, caserío del corregimiento de El Guamo (Bolívar), Gutiérrez sigue siendo el ‘Hijo del Carnaval’, y prueba de esto es que para poder cumplir con las presentaciones a lo largo y ancho del Atlántico y otros departamentos del Caribe, le va a tocar crear un clon de Dolcey', como' entre risas, él mismo lo propuso.

Hay días del Carnaval que se presentará hasta en cinco lugares. Y eso que pera este Carnaval el tema La chikunguña, de su trabajo musical número 103, que vio la luz en diciembre del año pasado, no ha tenido tanta difusión como lo hubiera querido.

La buena racha de contratos Dolcey, padre de 10 hijos –entre ellos Dolcey Miguel Junior, quien acompaña en el acordeón a Rafael de Jesús Diaz, hijo de Diomedes Díaz–, se la atribuye al afianzamiento de la relación con Dios en 2014, a raíz de una situación que le cambió la vida.

Mucha gente no sabe que este carnavalero a morir, de nariz grande, que le gustan las camisas de flores y que es capaz de hacer bailar a multitudinarias audiencias, pensó que la muerte le acechaba a la vuelta de la esquina por cuenta de un tumor maligno que le crecía rápidamente en el riñón izquierdo.

Una cirugía para extirparle el tumor estaba programada para el pasado 23 de mayo. Dos días antes, aislado en el estudio de su vivienda en el barrio Ciudad Jardín, en el norte de Barranquilla, Gutiérrez se retorcía del dolor, pero se levantó del sofá y en términos sencillos, como un hijo le pide al padre, le habló a un Cristo que tiene junto a fotos familiares.

Le sugirió de manera respetuosa que todavía no se lo llevara para el cielo, que todavía tenía muchas cosas por hacer con hijas que todavía dependían de él. Oraba y oraba hasta que pasó lo inesperado.

“Sentí un frío que me bajó desde la cabeza hasta la zona en la que tenía el dolor que de inmediato se me quitó. Llamé a mi esposa y le dije estoy curado”, refirió.

Y efectivamente se había curado como lo corroboraron múltiples exámenes que al día siguiente le practicaron para estar seguros de que, sin dudarlo, se trató de “un milagro, una bendición recibida”, dice.

Esta experiencia, llevaría al compositor de La chupa y Las gotas de Quenal, a entregar los siguientes meses del 2014 a la grabación de un disco compacto con canciones cristianas, dos en su voz, que no dejan de lado el ritmo carnavalero que lo ha hecho famoso. También optó por hacer en todos sus conciertos convencionales un alto para dedicárselo a Dios.

Sobre su estilo, asegura que luego de meditar sobre el contenido de sus canciones y pedir consejos a sacerdotes y pastores, llegó a la conclusión de que tenía que continuar adelante con lo de siempre, porque “no le hago daño a nadie: es música que divierte que entretiene en los lugares más recónditos, yo las hago de una forma y la gente entiende lo que quiere”, asegura.

Por lo pronto, Dolcey solo agradece al de arriba por lo concedido, al tiempo que sigue a la caza de anécdotas de la vida real para crear canciones que le sigan manteniendo larga vida en el Carnaval.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla.

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