Historias salvajes

Historias salvajes

Los 'lobistas de la justicia', gratuitos, no existen en la historia. Siempre esperan algo a cambio.

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14 de febrero 2015 , 08:41 p.m.

A este escándalo de la exdirectora del DAS, politizado hasta los extremos de concluir que el gobierno Uribe quería “capar” al Poder Judicial para impedir los juicios de la ‘parapolítica’, le hace falta contar las historias salvajes que lo antecedieron. Es decir, revelar la verdad.

Se dice que, sintiéndose acorralado, el gobierno Uribe cayó en la tentación de convertirse en un Estado policía. (Ojalá que a este gobierno no le pase lo mismo, porque, con la complicidad de la Fiscalía, va por los mismos pasos). Y actuando como tal, vulneró a un órgano constitucional, la Corte Suprema de Justicia. Al que no solo espió y le grabó las sesiones de su Sala Penal, sino que se entrometió en la vida privada de sus magistrados, al punto de averiguar por sus finanzas. Abominable. ¿Qué pasaba en el entretanto, que provocara tan malsanas sospechas?

Descaradamente, se sucedían los atropellos políticamente inspirados del magistrado auxiliar Iván Velásquez, ‘el héroe de la parapolítica’, quien, además de emborrachar a sus testigos para cuadrar sus testimonios y meter anónimos en los expedientes, se llevaba estos para su casa dizque para trabajar más, aunque casualmente aparecían todos publicados en El Espectador. A eso sobrevino la historia salvaje, imperdonable (hubiera hecho lo que hizo) que montaron para embadurnarlo.

También cabalgaba sobre la Corte Suprema el ‘lobista de la justicia’, Ascencio Reyes. Colmaba a los magistrados de gratuitas invitaciones a almuerzos, homenajes para ellos y sus familias, incluyendo alojamiento y transporte pagos a otras ciudades del país. Semejante ‘mecenas de la justicia’ tenía dudosas conductas comerciales. Uno de sus socios terminó extraditado por narcotráfico. Pero qué carambas, si atendía tan bien...

Los ‘lobistas de la justicia’ gratuitos no existen. Siempre están esperando algo a cambio: un favor, una información, un documento, e incluso llaves para la complicidad con equipos de abogados. Como el que, a propósito, según El Espectador, se descubrió en el World Trade Center de Bogotá, aparentemente vinculado con Ascencio Reyes. Pero dicho periódico solo recibe filtraciones de la Fiscalía que publica, pero que no investiga...

A unos magistrados les dieron regalos como relojes Rolex. Y, según el mismo diario, existen videos de magistrados chapuceando familiarmente en una piscina del condominio El Peñón con los defraudadores de Cajanal (un millonario ‘tumbe’ al Estado). ¿Coincidencia o complicidad? Por favor: El Espectador solo recepciona.

Pero, según el mismo diario, el gobierno Uribe investigaba también si era cierto que magistrados mantenían relaciones secretas con guerrilleros como ‘Raúl Reyes’, o con la tenebrosa pareja de los esposos alemanes Werner y Michaela Mauss, negociadores de los secuestros y de los sobornos de la Mannessman al Eln.

Fue tan de malas la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia que cuando, de manera ignominiosa, el gobierno Uribe se dice que infiltró a “la señora de los tintos” con una grabadora ilegal, se vino a descubrir que en lugar de andar resolviendo los problemas jurídicos de los colombianos, muchos de sus magistrados se la pasaban horas, horas, conspirando contra Álvaro Uribe, el presidente de la República. No querían que se reeligiera. Pero, desde luego, conspirar no era su función.

La raya de las excepciones al Estado de derecho en materia de privacidad pública y privada solo ha sido corrida por motivos del terrorismo en Europa y EE. UU., y eso que aún está bajo una feroz discusión sobre el derecho a la intimidad. Aquí, esa raya no se ha borrado, y por lo tanto impera la Constitución. Que respeten a las cortes y a sus magistrados.

Pero también hay que denunciar la historia salvaje de que los más altos representantes de nuestra justicia están muy, pero muy corrompidos.

Entre tanto... Estamos tan agradecidos con las Farc, porque ahora solo se llevarán a los de 17 pa’ arriba.

María Isabel Rueda

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