Messi, Neymar y Suárez: los tres compadres

Messi, Neymar y Suárez: los tres compadres

Los suramericanos sacaron de las críticas, denuncias y decisiones desafortunadas a Barcelona.

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14 de febrero 2015 , 12:01 a.m.

“Messi para Neymar, la baja como los dioses, arranca por izquierda, frena, engancha, toca para Suárez, media vuelta del uruguayo, entra al área, mira el arco, prefiere pasarla para Messi, que viene a la carrera, zurdazo seco de ‘Leo’ y gooooooooollllllll de Barcelona, gooooooooollllllll, uno más del tridente suramericano...”. (Lea también: Messi brilló y Barcelona goleó 5-0 a Levante).

El discurso de los narradores, con variantes en la acción y en los finalizadores, comienza a repetirse en España y en las cadenas de televisión internacionales.

Messi-Neymar y Suárez: ¿cuánto vale este trío de compadres? ¿Cuántas veces se juntó a tres cracs de este porte en un solo equipo? Y aquí no hay marketing, esto es fútbol sin cuento. Después del célebre tridente Xavi-Messi-Iniesta, que deslumbró al mundo durante al menos cinco años en la era Guardiola, devino el inevitable ocaso por la veteranía del excepcional capitán (sin duda, el más grande mediocampista español que hayamos visto) y por la declinación física de Iniesta, ha desaparecido la chispa de su juego, pero sobre todo la fortaleza para respaldarlo. El genial tocador se ha ido retrasando en el campo y perdió gravitación.

Después de aquella iluminación que fue el ciclo de ‘Pep’ llegaron el crepúsculo, la noche, la caída... Y cuando Barcelona parecía implosionar, envuelto en críticas, denuncias, decisiones desafortunadas y gastos estratosféricos, apareció otra luz, que vino del campo, también en forma de tridente: el conjunto Messi, Neymar y Suárez. En septiembre pasado titulamos una columna ‘Messi-Neymar: nace una dupla de oro’. Aún no debutaba el uruguayo por la sanción del Mundial, pero ya se advertía que podía acontecer algo grande entre los otros dos guitarristas. Sucedió un hecho infrecuente entre dos estrellas: se quieren.

Tienen una empatía notable y se notó desde el primer día. Lo delata la celebración de cada gol: son los dos primeros que se buscan para abrazarse, son los dos últimos que vuelven al medio para reanudar el juego, siempre a las risas, abrazados, comentándose algo. Cuando se da esa química entre dos cracs, las jugadas fluyen, el gol aparece.

Como decía Di Stéfano: “El fútbol no es solo juntarse en el vestuario y salir al campo; hay que ser amigos, para que se dé un gran equipo tiene que existir la amistad”. Empieza a manifestarse en el Barça. Y en esto el mérito mayor es de ‘Ney’, que desde el primer día aceptó con humildad absoluta el liderazgo de Messi y su fuerte carácter. Son diferentes: ‘Ney’ es expansivo, gracioso, inquieto, hablador... Leo es más cerrado, serio, sereno y silencioso. Quizá por ello mismo se complementan.

El brasileño le arranca al argentino sus mejores sonrisas. Que Messi le haya dejado un penal a Neymar habla del afecto que le profesa. Era una mala noche del ‘11’ frente a Villarreal en la Copa del Rey, llevaba errado mucho en el juego, sobre todo pases. Y Messi le dejó el tiro para que se rehabilitara. Lastimosamente, el portero le ahogó el grito.

La fiscalía que investiga el pase de Neymar ha valuado la transferencia en 96,4 millones de euros, un dineral; pero en fútbol, si la compra sale buena, el dinero no interesa. Menos en estos clubes elefantísticos.

En octubre debutó, por fin, Luis Suárez. Volvió de las sombras, del oprobio de la sanción. Le costó horrores; no adaptarse al club o al plantel, sino al juego. El Barça es un club de estilo muy definido, la posesión y el toque son sagrados. El que viene de fuera debe someterse a ese dogma. El ‘charrúa’ llegaba de un fútbol lineal, frontal, como el inglés, de pases largos, corridas y centros o remates al arco.

Neymar, Messi y Suárez celebrando el gol del argentino contra Villareal, en la ida de la semifinal de Copa del Rey. Reuters

En Cataluña hay que llegar tocando, armando, tejiendo. Y le costó. Incluso por sus propias características. Suárez es más a la uruguaya, de fuerza y entrega, de no aflojar nunca, aunque se trata de un grande del fútbol, y para alcanzar tal dimensión se precisa siempre una dosis importante de técnica, de movimientos armónicos. Los tiene. Además, Suárez, en Liverpool, era el ‘Llanero Solitario’. En el Barça se avanza en bloque, persuadiendo.

Después de ser goleador europeo de la anterior temporada, se le ha negado el gol en esta. Ha anotado siete tantos, lejos de los 23 de Neymar y de los 34 de Messi.

Pero, fiel a su estirpe, no ha bajado la guardia, y de última se está destacando por su voluntad, por abrir brechas y por sus asistencias: 12, bastante más que las cuatro de Neymar, y no tan abajo de las 18 de Messi. Pero, además, la presencia de Suárez generó un problema en todos los técnicos rivales: si Messi necesita dos custodios y Neymar y Suárez uno y medio cada uno, ¿cuántos defensas deben poner...?

El uruguayo es un peligro siempre. Tomó la decisión de su vida al dejar un club donde lo amaban (Liverpool) para irse a España. Cuando esta historia del trío termine de escribirse, los 81 millones de su pase tal vez sean una anécdota. También tiene buena onda con Messi. Toman mate juntos en el camerino, se pasan la pelota, tienen los códigos rioplatenses... Es una sociedad más incipiente, pues recién lleva unos meses. Con Neymar hay un año más de trato y conocimiento.

La derrota en San Sebastián contra Real Sociedad, el 4 de enero, llevó la crisis deportiva. El DT, Luis Enrique, dejó esa tarde en el banco a Messi y Neymar y casi se cava la tumba. Nadie deja a Messi de suplente en Barcelona sin el consentimiento del ‘10’.

Ambos tuvieron luego un serio altercado y ‘Leo’ decidió asumir un liderazgo. Su idea es más o menos esta: “Ganemos partidos, estamos a tiempo de salvar la temporada consiguiendo títulos, dejémonos de tonterías”.

Para demostrarlo, se ha puesto a la cabeza del proyecto. Y es quien tira del carro. ‘Leo’ hace la mejor temporada de su carrera por regularidad, por goles y por asistencias, pero sobre todo por juego. Desde agosto viene en un nivel como jamás le hemos visto a un futbolista.

Se retrasó en el campo y ahora arma el juego del equipo, define los circuitos de ataque, hace unas paredes y unos pases magistrales y asiste con maestría de oráculo. Es el jugador total, el gran titiritero. Aquella derrota en el País Vasco fue el punto de partida para una reacción general. El equipo no ha parado de ganar. Y el trío, de crecer. Messi le ganó el pulso al técnico con demostraciones de fútbol sublimes. Y dando todo.

Suárez es ambición, potencia, agresividad, dinámica, movimientos de distracción, remate fuerte de derecha y gol; ‘Ney’ es magia pura, fantasía, velocidad, un control deslumbrante de balón, el remate bajo y preciso al segundo palo que casi siempre es gol (le falta mejorar el pase, su gran defecto); Messi es Messi, una definición en sí mismo; lo máximo que se le puede exigir a un jugador.

Un trío suramericano que nos enorgullece y que apenas comienza a desgranar los primeros capítulos de su historia. Si será dorada, lo dirán los títulos.

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO

 

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