Algo falta

Algo falta

Hay gente que cuida el cuerpo pero se mata a punta de televisión en la franja prime.

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13 de febrero 2015 , 06:18 p.m.

Compré una pesa y estoy obsesionado. Me peso a todas horas, en especial por la mañana, a ver cuánto bajé mientras dormía. Me peso con ropa, luego me la quito y me vuelvo a pesar. Tomo agua hasta reventar y me peso; orino y me peso otra vez.

He bajado cinco kilos en cuatro semanas a punta de pesarme, no tomar gaseosa y reducir las porciones, pero la obsesión me está matando. La gente no es gorda porque tenga hambre, sino porque está repleta de carencias. Yo no recuerdo la última vez que disfruté un plato de comida. No mastico los alimentos, me los paso enteros como si me los fueran a quitar; y no como chocolate, lo devoro para rellenar el vacío. Pero ya ven, el problema con la comida es que engorda, pero no llena.

Pero es que eso de alimentarse se ha vuelto complejo, por eso resulta tan difícil guardar la línea. Antes era sencillo: si comías, engordabas; si cerrabas la boca, perdías unos kilos. Ahora hay todo un manual y hasta aquello que ni sospechas te infla. Hace poco leí en un medio serio que engordaban cosas como comer en un restaurante donde sonara música clásica, dormirse con la televisión prendida, comer solo y hasta tener amigos gordos. En mis tiempos, la amistad se basaba en la confianza y el aprecio; ahora lo que nos une son los carbohidratos y las grasas saturadas.


El otro día, un mesero me dijo que los platos del restaurante no contenían gluten y me deprimí, no solo porque no sabía de lo que hablaba, sino por ver en lo que nos hemos convertido. Tan bonito que era ir de niño a la tienda de la esquina a comprar el pan y la leche sin importar si tenían o no gluten, sea lo que sea esa sustancia. Y tan enfermos como los que comemos compulsivamente son los adictos al ejercicio.


Estamos en esquinas diferentes, pero las grietas son las mismas. Los que hacen fitness no se sacian, nunca ningún músculo está lo suficientemente marcado. No solo están tan enfermos como los que comemos chocolate sin tregua, sino que exhiben su demencia en redes sociales.


Yo escogí la comida como modo de encontrarme porque las otras opciones me parecían menos placenteras. Extremista como soy, yo no sería un drogadicto social, sino que me esnifaría todas las rayas del mundo. Y no es que engordar sea lo ideal, pero no es tan mal visto. Comer es mejor que meter: ganas kilos y se aumenta el colesterol, pero no te consume. Te puede terminar matando de un paro, pero no te ves como un desahuciado.

Otra opción para llenar las carencias era fumar, pero la deseché. Lo que más me llamó la atención de los fumadores es que no se sacian con uno o dos, tienen que bajarse una caja entera al día, y a veces ni así. Es como si el cigarrillo se los estuviera consumiendo a ellos. Encima, cuando tratan de dejarlo se deprimen, se vuelven irritables y suben de peso. Para esa gracia, mejor coger el camino corto y dedicarse a la comida de una vez.


Aunque lo más increíble es que algunas personas no se hayan decantado por comer en exceso, fumar o beber, sino por consumir otro tipo de basura. Consulta uno las páginas de internet de los medios para descubrir que las noticias más leídas son las más absurdas y violentas. De eso nos llenamos también.


Hay gente que cuida el cuerpo pero se mata a punta de televisión en la franja prime: noticiero, reality y dos novelas, como si se lo hubiera recetado el doctor. Mi sicóloga me aconsejó que dejara de consumir información y ahora no veo noticieros. Sé que mataron a cuatro niños en el Caquetá porque todos hablan de ello, pero no he consultado la primera noticia al respecto. Cuando alguien toca el tema, me retiro; no por indiferencia, sino por paz mental.


Sigo con mi dieta porque espero bajar tres kilos más. También continúo buscando la manera de llenar mis vacíos sin matarme. Lo he considerado todo, menos rezar. Algo me falta, pero no creo que sea Dios. 

 

Adolfo Zableh Durán

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