El manotazo

El manotazo

La discusión pertinente es si el mundo o el país mejoran o empeoran, y qué lo juzga.

notitle
13 de febrero 2015 , 06:07 p.m.

Michael Elliott sostiene, en Time, que, a pesar de todo, “el mundo está mejor que nunca”. El autor se queda incluso corto al enumerar logros en bienestar de la civilización.

En varias asignaturas se está a distancia abismal de lo que generaciones precedentes hubieran imaginado, la comparación de antes y ahora, favorable para Elliott, sobre todo en avances frente a “penuria y enfermedad”. Innegable lo conseguido, discutible lo previsible, donde la noción de progreso es ambigua, entendido no estrictamente como dominio de la naturaleza en función de subsistencia y disfrute, sino cuando se examinan tendencias de la cultura, o la repartición del bienestar, o si este se limitará a acopio material, o qué sucederá con factores intangibles de calidad de vida. La ventaja trae desventaja, capacidad de construir, también de destruir, y no es comparable el potencial de antes con el de ahora.

El veredicto al respecto depende del criterio, siendo dominante el positivista, en sus vertientes biologista o economicista; los de otras ciencias sociales, poco escuchados y menos atendidos; los humanísticos, reducidos mucho a retórica. La modernidad ha compartido la confianza en la capacidad ilimitada de la ciencia con la desconfianza en la degeneración cultural por causa del distanciamiento entre cultura y naturaleza. La incertidumbre al respecto explica las utopías, cuando está en extinción la de una sociedad sin necesidad de Estado. En abstracto la discusión la dirimiría el aclarar si se va hacia bondad o maldad, veredicto correspondiente más a la política que al excluyente usual de la riqueza de las naciones o del consumo, solo ocasionalmente cuestionado por protesta aquí o allá, o índices de desigualdad o daño ambiental. Una voz autorizada habló del malestar de la cultura expresado en perturbaciones del comportamiento. Un ensayista recuerda que el siglo XIX desató el optimismo gracias a una euforia científica asombrosa, no obstante aplastado por lo que él mismo llamó “el manotazo” de la primera guerra, cuando se impuso la brutalidad atribuible a estupidez política, que lo que vino después acentuó al grado máximo; Hiroshima, Auschwitz o el gulag pusieron fin a la prepotencia humana de la modernidad, constatadas fuerzas culturales deletéreas incontroladas. La memorable Hora 25 fue sobre una hora “demasiado tarde”.

El juego sigue abierto: en muchos aspectos se ve al sapiens resistiendo al rapaz, mientras la misma ciencia, utilizada para daños, ofrece esperanza en valores benéficos. No son de excluir correctivos de la politiquería reinante, desinteresada ante la transformación social consiguiente con el desarrollo material, siendo su premodernidad impotente ante la modernización socioeconómica descontrolada. En Colombia, por ejemplo, al tiempo con el asesinato indecible de cuatro inocentes, parece posible la tendencia hacia una salida distinta a la bélica autoritaria.


Jorge Restrepo

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.