Óscar Collazos: de la forma que más te plazca

Óscar Collazos: de la forma que más te plazca

La vida tiene decorosas y extrañas formas de mostrarnos cómo ejerce su trabajo sobre nosotros.

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13 de febrero 2015 , 06:01 p.m.

Óscar, desde mis primeras columnas en el periódico, me diste la bienvenida, me hiciste sentir cómodo y yo tampoco me cambiaba por nadie al saber que alguien con tan larga trayectoria me tenía presente en sus lecturas; luego, poco a poco, surgió una amistad en la distancia como la que –asimismo- ha surgido con algunos colegas que la vida, gratamente, se encargó de ponerlos en un plano afectuoso, de cordialidad y amistad, pero con mucho respeto por la palabra y sobre todo, ¡por la opinión! Recuerdo también aquella vez me preguntaste “cómo iba todo en el invierno parisino” mientras alardeabas –en el buen sentido de la palabra– del inclemente sol de tu adorada Cartagena y de esa pregunta surgió una columna para responderte ‘cómo iba el París de aquellos días’. Te confieso, además, que el año pasado estaba muy contento de solo imaginar que por fin te conocería personalmente en la Fiesta del Libro de Medellín, pero una gran cantidad de vicisitudes en la publicación de mi última novela, más las “decorosas advertencias” que me enviaron aquellos que hoy juegan a la “paz” en Cuba, hicieron que todo nuevamente quedara –como siempre– en un insustancial limbo de incertidumbre personal.

El jueves pasado corregía parciales y mascullaba mi ira por la falta de claridad en las respuestas de algunos alumnos mientras esperaba la actualización de la página editorial del periódico; después, cuando te leí, comprendí muy bien de qué se trataba todo cuando, días antes, me habías hecho saber que cuidabas tu salud de una “desagradable sorpresa” y al final agregaste, “pero resisto”.

Pues bien, Óscar, de sobra sabes que no tengo los conocimientos del Doctor Llinás y la partitura genética de mi enajenada parentela tampoco ha dado frutos como para tanta sapiencia y genialidad científica; sin embargo, hoy, de manera muy atrevida, corriendo el riesgo de equivocarme y lastimarte, intentaré organizar algunas palabras para tu ejemplar “resisto”.


Sabes, Óscar, creo que la vida tiene decorosas y extrañas formas de mostrarnos cómo ejerce su trabajo sobre nosotros mientras inútilmente nos angustiamos buscando verdades o escarbando respuestas ante aquellos que están en nuestro mismo rol, ¡vivir! Y, luego, cuando nos damos cuenta de la igualdad de condiciones, entonces levantamos la cabeza y exigimos también que alguna justicia nos advierta o nos explique un mejor camino para alimentar –quizás– de más tiempo nuestro humano “resistir”; mas, –creo– por innata terquedad, siempre caminamos con desconfianza y resistiéndonos ante las incertidumbres. A esta altura espero no estar ofendiéndote con tan desmesurado desorden de ideas y ofensivas palabras en mi cabeza, Óscar; pero… ¡¿acaso no es eso lo más interesante de la vida desde el primer nanosegundo: una larga y esplendorosa incertidumbre poblada de coloridas posibilidades, de mortificadores verdugos y que al final apreciamos que nunca fueron tan malos momentos como lo creímos?!

En tu carta al Doctor Llinás has hecho referencia a “una dimensión desconocida del amor…”. El amor, Óscar –por mi parte-, y muy semejante a las palabras: incalculable e indomable sentimiento de la condición humana que tiene la virtud de descubrir nuestros valores más sublimes y es también capaz de desenterrar nuestros defectos más oscuros e infames y todos ellos –bien o mal–, los hemos justificado a lo largo de nuestra existencia “¡por amor!” Pero hoy la vida –considero– te brinda la oportunidad de sentirlo de una manera que muy pocos tienen ocasión de explorar: el ajusticiado amor propio que se despierta acompañado del enorme desafío de perdonarnos a nosotros mismos y que se manifiesta caprichosamente como “una forma de espiritualidad”.

Óscar, para terminar, en tu carta también mencionaste a Stephen Hawking, un hombre al cual, más allá de su enfermedad, me ha costado mucho trabajo comprenderlo en sus bandazos teológicos y en algunas de sus opiniones; sin embargo, quiero compartirte este fragmento de su biografía personal para que tú, Óscar Collazos, “resistas” de la forma que más te plazca.

“Mis sueños en esa época eran bastante perturbados –recuerda él-. Antes de que se me diagnosticara la enfermedad, la vida me había aburrido mucho. No parecía haber nada que valiera la pena. Pero poco después de salir del hospital soñé que iba a ser ejecutado, de repente, me di cuenta de que había muchas cosas que valía la pena hacer si me indultaban”.

P.S.: Felicitaciones para Esteban Constaín por su premio Biblioteca de Narrativa Colombiana e igualmente para Ricardo Silva por estar también entre los tres finalistas.

Andrés Candela
@Andrescandla

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