Mi padre y nuestra música / Conexión sonora

Mi padre y nuestra música / Conexión sonora

Le gustaba que sus discos sonaran bien en medio de su obsesión por el sonido estéreo.

13 de febrero 2015 , 05:33 p.m.

A sus 81 años, Luis Eduardo Casas, mi viejo, se fue el pasado miércoles 11 de febrero. Hoy celebro con amor su condición de esposo, padre y maravilloso ser humano. Y si llegué a ser melómano, fue gracias a su interés por escuchar música.

Tenía una apreciable colección de discos, música que en casa, de niño y preadolescente, yo escuchaba los fines de semana, y que mi viejo colocaba en su sofisticado tocadiscos Garrard.

Su sonido se potenciaba con un pequeño amplificador de tubos y se escuchaba por un par de bafles que él mismo construyó, con medidas precisas, diseño que copió de alguna revista o no sé de dónde. Le gustaba que sus discos sonaran bien en medio de su obsesión por el sonido estéreo.

Total, yo que terminé entonces aficionado al rock y el pop (a Santana, los Bee Gees, Van Halen, Pink Floyd, Cat Stevens ó Lucio Battisti, entre tantos), antes escuchaba a una serie de artistas de música orquestada o estilizada, como le decían en aquellos días, con nombres que hoy deben resultar intrascendentes como Mantovani, el pianista Ronnie Aldrich, el saxo de Fausto Pappetti y las orquestas de Stanley Black, Edmundo Ros, Frank Chaksfield ó Will Glahe, entre muchos.
Y si bien escuchaba artistas colombianos como el trío Los Isleños o Matilde Díaz, y sonidos latinos como el de Los Machucambos, también pasaron por su tocadiscos muchas obras de música clásica y de compositores como Wagner, Bach, Telemann, Beethoven, Vivaldi, Suppé o de contemporáneos como Ravel, gran parte de ellas con interpretaciones magistrales de orquestas como las filarmónicas de Londres o Viena.

En medio de ese eclecticismo descubrí entre sus discos cercanías a la música que luego marcaría mi vida: Tom Jones, su émulo Engelbert Humperdinck, algo de Ten Years After, un disco terrible de twist con Chubby Checker y Bobby Rydell, y el que más disfruté en mi infancia con el grupo colombiano de pop rock llamado Los Daro Jet.

Con el tiempo, mis discos y la tecnología desplazaron la parafernalia de mi padre. Hoy recuerdo sus enseñanzas para manipular los Long Plays, sus consejos para manejar el sonido, escuchar mejor la música y su maravilloso respeto por todo lo que desde entonces con “mi música” copó los espacios de mi casa. Sin querer y sin darse cuenta, mi viejo fue fundamental en lo que llegué a ser.
¡Gracias papá!

DANIEL CASAS
PERIODISTA MUSICAL

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.