Bolsa artística y el arte como acción

Bolsa artística y el arte como acción

Realidades crematísticas detrás de lo que se creía al margen del mercado

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13 de febrero 2015 , 02:03 p.m.

Warhol decía: “Hacer dinero es arte y trabajar es arte y un buen negocio es el mejor arte”. Y agregó: “ser bueno en los negocios es el más fascinante tipo de arte”. Con joyas de frases como estas, ¿cuántos seguidores tendría el twitter de Warhol? Vale la pena recordar que Warhol, el ‘padre del pop’, sigue siendo aún después de su muerte uno de los artistas más cotizados del siglo XX, y que empezó su carrera en diseño comercial y publicitario: sabía de la autopromoción y del negocio del arte. Y tanto su arte como sus dichos presentían nuestra obsesión hoy con los negocios, las marcas y las celebridades.

El arte pertenece a las mercancías de lujo más caras que hay, y el sistema que lo cataliza se ha transformado en una red compleja constituida por los artistas, los galeristas, los coleccionistas, las casas de subasta, las editoriales y los museos, sin olvidar los ineludibles consultores. El mercado mundial de arte y antigüedades sigue en auge, con un nuevo récord histórico de US$ 66 mil millones para 2014. EE. UU. sigue en la posición líder de ventas dominadas por el arte posguerra, seguida por China con 24 % del total, y el Reino Unido en tercer lugar. ¿Pero qué dicen estas cifras sobre el arte moderno y contemporáneo? ¿Es de mejor calidad el arte del siglo XX que las obras maestras del pasado?

¿Es mejor el arte chino que el latinoamericano? ¿Qué define la calidad de una obra?

'Jugadores de cartas'. Paul Cézanne. Foto: The Art Archive / Musée d'Orsay Paris / Alfredo Dagli Orti.

La calidad del arte es difícil de medir y de comparar. Lo único medible es el éxito económico de un artista, el cual es el resultado de un mercadeo profesional, de lo cual se encargan los galeristas con su visión personal. El primer paso en este proceso son las ferias internacionales, de las cuales ya hay 300 en el mundo. Para que un artista pueda competir con su producto en el mercado global, tiene que presentarse en estas ferias.

El nivel de la galería que lo expone define su posicionamiento, y luego se valoriza según el coleccionista que lo compra, el museo donde se exhibe y el crítico que reseña su obra. Si luego aparece en las casas de subasta entre otros grandes nombres del presente y del pasado, está ‘hecho’: a partir de allí su nombre aparece en los rankings y los índices, y esencialmente puede dedicarse a producir lo que se le da la gana. En otras palabras, la libertad artística se alcanza con la independencia económica del artista, y esto ya lo sabía Fernando Pessoa cuando creó la figura del ‘banquero anarquista’.

La obra de arte se ha convertido entonces en un objeto de especulación, en una mercancía. Si antes la calidad de una obra la determinaban críticos y curadores de museos, hoy la determina el máximo consumidor en la cadena de compras de arte, el coleccionista.

Este puede ofrecer su colección como préstamo a las instituciones públicas, las cuales ‘consagran’ las obras: los museos adornan las obras como ‘bien cultural aprobado’ y abren el camino para que los coleccionistas más influyentes puedan determinar tendencias y aumentar los precios de algunos artistas, a través de las subastas internacionales. El mejor postor gana y el arte se convierte en el trofeo tangible de su gusto, su poder adquisitivo, su prestigio y su nivel de incidencia en el mercado.

El mercado de arte ha cogido entonces aspectos de la bolsa de valores, donde rige el principio de buy-hold-sell, y allí el punto clave de referencia es la venta pública por la casa de subasta profesional. El precio final de una obra es la última instancia para corroborar su ‘calidad’.

Parece entonces que Warhol tenía razón con su observación. Pero si la obra de arte se ha convertido en un bien mercantil y el artista exitoso es la marca, ¿cómo incide esto en los trends y las escenas nacionales de arte? El arte asiático, por ejemplo, es uno de los fenómenos más vitales, diversos y emocionantes en la escena global de arte de nuestros días. Desde China y Vietnam hasta Turquía y Medio Oriente, la producción artística refleja la riqueza de sus múltiples culturas milenarias y su fuerza económica de los pasados 30 años. Resulta entonces que, independiente de su talento, un artista chino vale mucho más que un artista con nombre castellano –probablemente por un factor de 100.

Para incidir en esta tendencia y, por ejemplo, darle mayor protagonismo al talento y la producción artística en Colombia, no es suficiente crear una marca destacada de la talla de Botero o Salcedo, sino se requiere construir una más amplia visibilidad de la producción artística en el mercado global.

La subasta, en su forma actual un invento anglosajón, es preponderante en Inglaterra y EE. UU. Pero el mercado pujante chino ha dado lugar al establecimiento de cientos de casas de subasta en la República Popular: 11 de las 20 casas de mayor volumen de venta son chinas. Con las ventas en línea y plataformas generales las subastas nacionales de la ‘periferia’ empiezan a figurar en el horizonte del mercado global y sus poderosos compradores. La plataforma LiveAuctioneers tiene hoy más de 3 mil casas registradas, pero solo 6 de América Latina, así que queda mucho espacio por llenar.

Otra tendencia que cogerá fuerza en 2015 son los Startups virtuales con un enfoque en arte fino y bien curado: allí figura SaatchiArt, sitio para la compra y venta de pinturas originales, dibujos, fotografía, escultura y otras obras. Paddle8 es una casa de subastas virtual apoyada por los mismos inversionistas de Uber, Pinterest y Vimeo. Esta casa colabora con organizaciones sin ánimo de lucro y museos. Sothebys firmó hace pocos meses un acuerdo con eBay para ampliar su base de compradores.

Esperamos para 2015 que el arte latinoamericano se logre enganchar con estos movimientos globales y que la creatividad no toque los límites de las fronteras nacionales. Mientras tanto, si un joven colombiano quiere hacerse rico rápido, no falta más que bautizarse con un nombre chino.

Benjamin Creutzfeldt

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