Winston Churchill, 140 años de su nacimiento

Winston Churchill, 140 años de su nacimiento

Considerado el hombre más destacado e influyente del siglo XX. Aquí una reseña de su vida.

12 de febrero 2015 , 07:14 p.m.

Winston Leonard Spencer Churchill nació el 30 de noviembre de 1874 en medio de una fiesta en el palacio de Blenheim en Oxfordshire, propiedad de su abuelo, el duque de Marlborough. Fue el tercer hijo de lord Randolph Churchill y la norteamericana Jennie Jerome, bellísima, culta y sensible.

Inició sus estudios en un colegio de Ascot donde se mostró rebelde y poco estudioso. En 1888 entró en la academia de Harrow y allí fue catalogado como un joven difícil que sólo estudiaba lo que le gustaba. En dos oportunidades reprobó los exámenes para entrar en la academia de Sandhurst. Cuando pudo entrar en su tercer intento, sufrió un cambio radical disminuyendo su terquedad, aunque mantuvo su espíritu indomable. Estudió con empeño y se destacó entre sus compañeros.

Se incorporó en el Cuarto de Húsares, regimiento de caballería considerado uno de los mejores del ejército. Partió a Cuba y representó a la reina Victoria en sus festejos de emancipación. Gozó con la revista naval y adoptó la costumbre de fumar habanos. Siguió a la India y Sudán donde aprendió el arte de la guerra en los campos de batalla. En 1889, dejó la vida militar, se postuló a las elecciones por el partido conservador y fracasó. Viajó a Suráfrica como corresponsal del Morning Post para cubrir la guerra de los bóers, pero fue apresado y encerrado en Pretoria, de donde se evadió y llegó a Londres como un héroe nacional. Los periódicos resaltaron su valor y sangre fría para superar los peligros de la huida. Se postuló nuevamente al Parlamento y en las elecciones de 1900, inició su fulgurante carrera política a los 26 años.

Se hizo famoso por el buen humor de sus discursos. Su espíritu independiente y reacio a convencionalismos políticos, le granjearon enemigos aún entre sus copartidarios, por lo cual cambió varias veces de partido. Sus intervenciones eran esperadas y temidas por las polémicas que suscitaban. Poco a poco se fue convirtiendo en el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra.

Designado subsecretario de Colonias y luego ministro de Comercio, Churchill predijo con exactitud los acontecimientos que originaron la Primera Guerra Mundial y su curso inmediato. A partir de entonces, se convirtió en la voz de la conciencia de su país que sacudía los espíritus y los llenaba de grandes dosis de energía y valor. Su vida polifacética lo hizo único en la política y se destacó como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y buen bebedor de whisky. En labores modestas, destacó como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y aficionado a las carreras de caballos.

Nombrado Lord del Almirantazgo en 1911, reorganizó el ejército, decidió hacer de la armada la primera del Mundo, en los barcos sustituyó el carbón por el petróleo, y les instaló cañones de gran calibre. Para contrarrestar el poderío alemán, impulsó la creación de acorazados terrestres y diseñó el tanque bautizado Churchill.

Al sobrevenir la guerra el 3 de agosto de 1914, desplegó una gran actividad para apoyar a Francia y mantener la moral de su país. Para frenar los imperios centrales de Europa y dar salida a Rusia, emprendió la campaña de los Dardanelos en 1915 con consecuencias desastrosas. Tuvo que dimitir y quedó relegado de toda actividad política, pero al intuir el renacimiento de Alemania, impulsó la creación de refugios antiaéreos ante el temor de un eventual bombardeo sobre Londres.

En 1923 volvió a las filas conservadoras y fue nombrado ministro de Hacienda. La situación del país era un desastre en medio del descontento general, las huelgas y un notorio pacifismo. Su popularidad descendió a límites inimaginables. Entre 1928 y 1936, dejó la política y se dedicó a escribir con el pseudónimo Charles Morin y a pintar paisajes. Al respecto, Picasso comentó: “Si este hombre fuese pintor de oficio, podría ganarse muy bien la vida”.

Sin alguna influencia política y ante la creciente amenaza de Hitler, inició una lucha en solitario contra Alemania y su régimen en el Parlamento y en sus escritos. Angustiado por la precaria situación de Londres para enfrentar un bombardeo, buscó “el rayo de la muerte” y al no conseguirlo, logró que Robert Watson Watt, físico y director del Laboratorio de Investigación de Radio creara un detector de aviones enemigos, el radar.

Desesperado por la provocación de Hitler, impulsó la Conferencia de Munich de septiembre de 1938, en donde Gran Bretaña y Francia entregaron los Sudetes de Checoeslovaquia a Hitler para detener la guerra. Al llegar a Londres, Churchill increpó a Chamberlain: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”. En medio de la desesperanza, la gente entendió que Churchill tenía razón.

El 1° de septiembre de 1939, Hitler anexó a Danzig y entró en Polonia. Francia e Inglaterra le declararon la guerra a Alemania, y el 3 por la noche, Churchill fue nombrado otra vez, Lord del Almirantazgo. Todas las unidades de la flota recibieron el mensaje: "Winston ha vuelto con nosotros". Fue aclamado cuando entró en el Parlamento, pero Gran Bretaña estaba muy mal preparada para enfrentar a Hitler. Nombrado Primer Ministro el 10 de mayo de 1940, pronunció sus conmovedoras palabras: “Sólo tengo para ofrecer, sangre, sudor y lágrimas”. El pueblo aceptó el reto y lo tomó como lema de guerra.

Churchill por su parte, mantuvo la moral, ejerciendo una fuerza hipnótica sobre sus conciudadanos. Creó el ministerio de Defensa para dirigir la guerra, y cuando Rusia firmó con Alemania un pacto de no agresión y Estados Unidos decidió mantenerse neutral, convocó el Gabinete y con su buen humor manifestó: “Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante”.

Sin embargo, intentó por todos los medios que las dos potencias entraran en la guerra. Frenéticamente, trabajaba en jornadas de 16 y 18 horas diarias, para transmitir su vigor, energía y optimismo. A finales de abril de 1940, al enterarse de la existencia y poderío del acorazado Bismarck, no tuvo paz hasta verlo hundido, el 27 de mayo siguiente.

Lograda la victoria aliada en abril de 1945, se dirigió al Parlamento y al entrar, fue objeto de la mayor ovación que registra la historia de la institución. Los diputados se subieron a los escaños, gritando y sacudiendo periódicos. Churchill se mantuvo de pie en el banco ministerial, mientras las lágrimas surcaban sus mejillas y sus manos temblorosas, aferraban su sombrero.

Depuesto de su cargo dos meses después, siguió en el Parlamento como jefe de la oposición. En 1946, pronunció un discurso para alertar el peligro de la Unión Soviética y acuñó el término “telón de acero” que devino en “cortina de hierro”, para designar los satélites rusos. Unos meses después, propuso crear la Unión de los Estados de Europa. En 1951 volvió a ser primer Ministro y en 1953, recibió el premio Nobel de Literatura por sus 'Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial'. En 1955, fue nombrado Caballero de la Orden de la Jarretera por la reina Isabel II y rechazó su escaño en la Cámara de los Lores. Reelegido en 1959, no se postuló para las elecciones de 1964, pero su figura y sus consejos siguieron orientando los destinos del Reino Unido.

El pueblo británico confirmó su extraordinaria habilidad para predecir acontecimientos políticos futuros, y vio en él, la personificación de la nobleza de su historia y las mejores cualidades de su raza. Por esta razón, lo siguió aclamando hasta cuando murió, el 24 de enero de 1965.

Recibió un funeral de Estado en la catedral de San Pablo con asistencia de un gran número de jefes de Estado. Cuando su féretro era transportado por el Támesis, las grúas se inclinaron en señal de saludo, mientras la artillería hacía 19 disparos en su honor, y 16 aviones de la RAF sobrevolaban Londres. Enterrado en la capilla de San Martin en Blandon, su tumba debe cerrarse cada cierto tiempo para reparar los daños que ocasionan los miles de visitantes nacionales y extranjeros.

Winston Churchill es considerado el hombre más destacado e influyente del siglo XX. En su país, fue ministro de todas las carteras y repitió como Lord del Almirantazgo. Recibió de Kennedy, la ciudadanía norteamericana honoraria y de Stalin, la medalla Lenin de la paz. Fue galardonado con el premio Carlomagno de Aquisgrán por su contribución a la paz de Europa, recibió el título Padre de la Casa por su larga y continua permanencia en el Parlamento, lo mismo que el título de Duque de Londres. Durante todos los días de sus 90 años de vida, algún periódico del mundo, mencionó su nombre.

MARÍA CRISTINA VEGA DE CICERI

 

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