Consuelo Luzardo, pese a los años, aún siente nervios en escena

Consuelo Luzardo, pese a los años, aún siente nervios en escena

Luego de 25 años, actúa de nuevo en la comedia 'Entretelones', que se presenta en La Castellana.

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12 de febrero 2015 , 03:35 p.m.

Aún hay nervios, todavía se “come las uñas” antes de la noche del estreno. Aún hay cosas que la sorprenden. Aún hay directores que la emocionan. Son más de 50 años de trabajo como actriz, pero Consuelo Luzardo parece conservar esa capacidad de asombro de los que apenas empiezan.

Y aún se le mide a empresas que ella misma define como “agobiantes”, a proyectos en los que en algún momento nace la pregunta: ¿sí vamos a lograr hacer esto?

Es el caso de Entretelones, una obra que Luzardo ya había hecho hace 25 años en el Teatro Libre, bajo la dirección de su hermano Julio, y que ahora vuelve a interpretar en una versión dirigida por Pedro Salazar, que se estrenó ayer en el Teatro Nacional La Castellana, de Bogotá.

La reconocida intérprete retoma su papel de Dotty, una actriz que hace parte del elenco de la obra ficticia Sin nada encima.

Durante los tres actos de la producción, que escribió el británico Michael Frayn, se va construyendo una especie de rompecabezas sobre el proceso de montaje, que termina siendo toda una pesadilla.
“Esto es como un número de circo; tiene ese tipo de exigencia en cuanto a la precisión, a que salga el truco y funcione el chiste”, argumenta la actriz.

Luzardo cuenta que el elenco, que complementan Antonio Sanint, Alejandro Riaño, Julio Escallón, Ricardo Leguízamo, Paula Estrada, Diana Alfonso, Christian Ballesteros y Carolina Cuervo, recibió el libreto en septiembre del 2014 y comenzó a ensayar el primero de noviembre pasado.

Desde ese día han venido elaborando la compleja coreografía de este juego de enredos, que alcanza su punto máximo de exigencia en el vertiginoso segundo acto, en el que los diálogos son pocos y la comedia se basa en los gestos y los movimientos acelerados de los actores.

“Yo sí les decía en los ensayos: ‘Me acuerdo que esta obra es dificilísima’. Sobre todo, el segundo acto es complicadísimo... Esto es un examen de precisión, de claridad. Casi que debería ser obligatoria para las escuelas de actores”, asegura la actriz.

Frayn, que estrenó la pieza original (Noises Off) en 1982, reúne en la historia algunos estereotipos del mundo del teatro: el director neurótico, el actor obsesivo, el talentoso pero encantado por el alcohol, la actriz de apariencia seductora pero con pocas propuestas, la voluntariosa que lucha por que todo salga bien.

Para Luzardo es un planteamiento que no deja de ser cruel. “Si uno se pone a pensar, parece que Michael Frayn odiara a los actores... Hay un profundo conocimiento de lo que pasa detrás de telones. No deja de ser una crítica; uno se divierte mucho, pero también podría sentirse que está como en ropa interior frente a la gente, porque salen unas cosas propias del oficio”, argumenta.

La carrera de Consuelo Luzardo está ligada íntimamente a los grandes nombres y sucesos del teatro colombiano.
Empezó estudiando en la Escuela Nacional de Arte Dramático, en 1959. Pasó, en la década de 1960, por la creación colectiva del Teatro La Candelaria; se arriesgó a la experimentación del Teatro La Mama de Kepa Amuchastegui, trabajó bajo la batuta recia de Ricardo Camacho en el Teatro Libre y en los últimos años se ha puesto a las órdenes de nuevas figuras de la escena nacional, como Víctor Quesada y Pedro Salazar.

Es un privilegio que la actriz asume con emoción, la misma que utiliza cuando conversa: imita las voces dependiendo de la anécdota; su voz se vuelve algo tenue, con un tono reflexivo, cuando la historia es seria, y gesticula con desparpajo cuando lo que cuenta es una broma.

Haciendo una retrospectiva, de cada director se quedó con algo especial. Del maestro Santiago García, líder de La Candelaria desde su fundación, dice que fue un privilegio haberlo acompañado en el trabajo y también en los almuerzos de los domingos, las tardes de cine o de exposiciones y las noches de fiestas.

“Uno lo estaba escuchando todo el tiempo, no solo sobre la cosa completamente teatral, del oficio, sino que se podía gozar esa cultura enorme de Santiago, ese sentido del humor”, recuerda.

De Ricardo Camacho, director del Libre, siempre le gustaron sus métodos exigentes. “Yo adoro a Camacho... Me gusta mucho su exigencia; hay otros que lo dejan a uno muy libre, que eso también es importante, para ver con qué propuesta sale uno. Pero a mí me gusta que me corrijan y me digan: ‘eso no sirve para nada, busque otra cosa’ ”.
Y Luzardo sigue buscando.

Funciones de la obra

Jueves y viernes, 8:30 p. m. Sábados, 5 y 8:30 p. m. Domingos, 6 p. m. Teatro Nacional La Castellana. Calle 95 n.° 47-15. Informes: 256-1399. Boletas: 30.000, 45.000 y 50.000 pesos

YHONATAN LOAIZA GRISALES
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
@YhoLoaiza

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