Editorial: Chequeo a las ciudades

Editorial: Chequeo a las ciudades

El estudio de la red Cómo vamos señala una ruta clara que deben seguir nuestras urbes.

11 de febrero 2015 , 08:39 p.m.

Setenta y seis por ciento de nuestra población vive en ciudades. Cifra que va en aumento, pues es irreversible la tendencia de los colombianos a trasladarse a los centros urbanos, atraídos por la posibilidad de garantizarles a sus hijos una vida mejor que la que ellos han tenido.

Por lo anterior, el ejercicio de la red de Ciudades Cómo Vamos –que por primera vez contrasta un muy completo conjunto de indicadores provenientes de diferentes fuentes que dan cuenta de la calidad de vida en 14 urbes que albergan el 37,4 por ciento del total de la población del país– es un insumo clave en la formulación de políticas públicas para los próximos años.

La lista de desafíos es larga. La encabeza la necesaria tarea de reducir las tasas de homicidios por cada 100.000 habitantes.

Pese a los logros en los últimos años de ciudades como Bogotá y Medellín, debe preocupar que ninguna se ajuste al estándar que fija la Organización Mundial de la Salud de 10 por cada 100.000 habitantes. Se apunta también a la importancia de que aumente la denuncia ciudadana, que viene de la mano con un mayor grado de confianza en las autoridades y en la justicia. Hoy, es claro, muchas víctimas prefieren, como dice el dicho, “dejar así”.

En la movilidad, sale a flote el problema ya expuesto en estos renglones que representa el aumento de los vehículos particulares –automóviles y motos– en detrimento del transporte público, opción que solo muestra tendencia al alza en su uso en Bogotá y Medellín. Un cuadro que va ligado con otro aspecto muy problemático, como lo es el de los accidentes que involucran a motocicletas.

No puede pasarse por alto tampoco el que los niveles de contaminación del aire estén todos por encima de los estándares internacionales. Otro asunto clave que pasa de agache, por aquello de ocuparnos de lo urgente y no de lo importante, es el de garantizar que las ciudades no consuman más agua de la que están en capacidad de proveer. Estas están obligadas a tener muy claro cuánta tienen y cuánta van a necesitar en el futuro.

El listado de tareas pendientes lo complementan reducir las altas tasas de informalidad laboral, ampliar la cobertura en educación media, disminuir el embarazo adolescente (sobre todo en las ciudades de la región caribe), pensar en impuestos que ayuden a reducir la inequidad y que el urbanismo de los nuevos complejos de vivienda facilite la construcción de comunidad, algo que no ocurre ahora. Tiene que ver con esto el vergonzoso déficit de espacio público, algo clave para que exista capital social, el cual, a su vez, es decisivo para que no florezca el crimen.

Por último, al ensamblar las diferentes recomendaciones, surge un modelo de ciudad que debe ser el referente. Esta es más densa que extendida, con un uso mixto de suelos, que permita múltiples nodos en los que los ciudadanos encuentren los servicios y productos que necesitan. La apuesta en movilidad debe ser por el transporte público intermodal: tren, bus y bicicleta. Optar por esta vía no solo traerá mejor calidad de vida, sino que elevará la productividad y llevará a que se fortalezca el tejido social, aspecto que no se puede descuidar. Sobre todo porque expertos coinciden en que es en el ámbito urbano donde se va a jugar gran parte del éxito de un eventual posconflicto.


EDITORIAL
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