Los 40.000 puestos / Opinión

Los 40.000 puestos / Opinión

"Este plan no soluciona problemas estructurales de caída de la productividad laboral en el país".

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11 de febrero 2015 , 08:06 p.m.

En días pasados el presidente Santos, durante la posesión del nuevo viceministro de Pensiones, anunció el lanzamiento de una nueva iniciativa denominada ‘40.000 primeros empleos’, mediante la cual se invertirán 300.000 millones de pesos con el fin de subsidiar la adquisición de experiencia laboral en los jóvenes bachilleres beneficiarios del programa.

Como muchas otras iniciativas, esta parece estar bien intencionada. No sobra, sin embargo, recordar que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Existen múltiples indicadores y análisis que refuerzan el enorme divorcio entre la educación y el mundo del trabajo.

Enumerarlos supera en mucho el tamaño de esta nota. No obstante, los criterios fundamentales son calidad y pertinencia. Es posible que esta iniciativa del Gobierno rompa el nudo gordiano del desempleo juvenil: “no consigue empleo porque no tiene experiencia y no tiene experiencia porque no consigue empleo”, pero lo hace sin una mirada de mediano plazo y con un enfoque paternalista que no soluciona los problemas estructurales de estancamiento o caída de la productividad laboral en Colombia, y que podrían hacer que en el largo plazo los jóvenes se inserten más adecuadamente al mercado laboral.

En esta nueva medida, los incentivos perversos benefician en el corto plazo a varias partes involucradas: el Gobierno, los empresarios y los jóvenes beneficiados. No obstante, al no contar con medidas que afecten la pertinencia y calidad del sistema educativo y la formación para el trabajo, los beneficios a largo plazo no superan los costos. No es esta una decisión óptima desde la perspectiva de la política pública.

En repetidas ocasiones he enfatizado la preocupante perspectiva del empleo asalariado, víctima del síndrome del árbol de Navidad: le cuelgan de todo. Aporta para el Fondo de Solidaridad Pensional, para el Fondo de Solidaridad y Garantía (Fosyga) y contribuye ahora a la financiación de los parafiscales. A falta de mayor información, supongo que gran parte del recaudo se destinará a financiar esta iniciativa.

Si bien se reconoce la relativa mejora en la contribución del empleo asalariado al crecimiento del empleo total, cabe preguntarse si toda esta recarga contributiva y de destinación de recursos no estará generando una peligrosa anemia a mediano y largo plazo: no es suficientemente fuerte para sostenerse a sí mismo. ¿Podrá seguirse utilizando para sostener otros componentes del mercado laboral y la política social? Mal podrá contribuir a la mejora del mercado laboral si se utiliza como mero transmisor de iniciativas populistas.

Sin embargo, al analizar estas iniciativas a la luz de otras tantas adaptadas, por ejemplo, en la Administración capitalina, con connotaciones laborales pero que no traen mejoras significativas para la Nación como un todo, hay que recordar: los beneficiarios del populismo votan.

JUAN CARLOS GUATAQUÍ
Investigador de la Universidad del Rosario

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