Nueva Orleans: una ciudad encantada donde la fiesta nunca termina

Nueva Orleans: una ciudad encantada donde la fiesta nunca termina

Entretenida, diversa, cultural y díscola. Así es esta auténtica ciudad estadounidense.

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11 de febrero 2015 , 03:59 p.m.

Si Nueva Orleans fuera una mujer, es fácil imaginarla hedonista y libérrima, demasiado díscola para algunos, irresistible y retadora para otros. La ciudad de Estados Unidos que menos se parece a Estados Unidos. Llegas y el barrio francés te recuerda más a Madrid, quizás a alguna esquina de Cartagena o de La Habana, un poco de la frescura costeña, ciertos aires de bacanería y gozadera, donde parece que todo pasa y nada ocurre.

Esta ciudad es puro pecado pero también virtud. Siempre hay excusa para la fiesta, sobre todo en el Mardi Gras, su famoso carnaval, que se celebra todos los años por estas épocas.  Comienza siempre el día antes del Miércoles de Ceniza y en esta ocasión se realizará entre el 14 y el 17 de febrero. Las carrozas, las máscaras gigantes y la extravagancia son protagonistas. También los collares de colores que arrojan desde los balcones y que muchas mujeres exhiben con los pechos al aire.

Con algo de místico y sobrenatural, se percibe una fiesta que no termina y una atmósfera que invita –¿cómo no?– a perderse sin hacer preguntas. Claro que no es difícil dejarse llevar. Si uno visita esta ciudad, la más grande del estado de Luisiana, a orillas del río Misisipi, al sur del país, es posible sentirse seducido en el mismo instante en el que el avión aterriza una tarde cualquiera en el aeropuerto internacional Louis Armstrong.

Multicultural y desafiante, Nueva Orleans fue fundada por los franceses en 1718 y durante unos 40 años perteneció a la corona española antes de ser vendida a la naciente república de Estados Unidos. Europa, África y América confluyen en sus calles. En su cocina creole y cajún. En su música, el jazz, esa melodía triste, a veces juguetona, agónica y vital, nacida en las entrañas de esta ciudad, hija de esa mezcla de culturas, se deja sentir en cualquier esquina.

Uno ve a los músicos atacar la trompeta y el saxo, el bajo y la batería y piensa, sí, en Armstrong, que nació aquí, y en Charlie Parker y Miles Davis y Billie Holiday y tantos grandes.

Caminar por el Barrio Francés permite conocer la arquitectura y el patrimonio de la ciudad.

La propuesta turística de Nueva Orleans es tan amplia, que puede que uno dude a la hora de escoger uno de los tantos recorridos disponibles. Los hay de todo tipo. Un recorrido por la zona más afectada durante el paso del huracán Katrina, en el 2005. Aquella fue la tragedia natural más grande que ha enfrentado Estados Unidos. Los muertos se contaron por miles. Los diques que protegen la ciudad sucumbieron y el agua lo anegó todo.

Hay quien lo lleva a recorrer aquellos barrios y le cuenta cómo ha sido el proceso de resurrección: cómo fue que Brad Pitt lideró una campaña para reconstruir la ciudad y cómo otros actores, rendidos ante la magia de Nueva Orleans, decidieron echar una mano. También hay un tour por los cementerios (Lafayette, Metairie y St. Louis son los más famosos), y un paseo por la zona de las grandes plantaciones, haciendas enormes cuyas casas hoy son museos que recuerdan aquel episodio nefasto de la esclavitud.

Y está también el recorrido por el Garden District, la zona más rica de la ciudad, sede de enormes casas victorianas donde tienen propiedades varias luminarias del cine. En Garden District está aquella hermosa casa donde se rodó El extraño caso de Benjamin Button, un cuento de F. Scott Fitzgerald convertido en película bajo la dirección de David Fincher, protagonizado por Brad Pitt y Cate Blanchet y entrañable hasta las lágrimas.

La Jackson Square, con su imponente catedral y sus carrozas.

La nostalgia del Misisipi

Y el río. El Misisipi con sus descomunales barcos. Con los cruceros de un día o una tarde con cena y banda sonora a ritmo de jazz. Nueva Orleans es apetitosa. Si los días alcanzan, uno puede echarse a andar o embarcarse en todos los toures, pero hay uno obligatorio. El que le da el carácter a la ciudad, el que por ratos hace que uno piense qué bueno sería vivir aquí.

Ahí está la que debe ser la primera parada oficial: el barrio francés, un entramado perfecto de no más de 50 cuadras que es pura magia y encanto. Madrid, Cartagena, La Habana juntas en esa pequeña isla que hierve.

Los recorridos en los clásicos barcos de vapor están animados por bandas de 'jazz'. Una excursión imperdible.

 Balcones coloridos, librerías de ensueño, restaurantes exquisitos (y muy costosos), coquetas salas de té, cafés señoriales, bares de jazz, rythm & blues y rock. Antros de lujuria, mujeres que se exhiben en las aceras con el billete de dólar metido en el bikini, como en las películas. Todo se conjuga en el barrio francés. No hay fronteras. Todo cabe. Hay que recorrer Bourbon Street una noche cualquiera para presenciarlo.

Aquí, en este barrio, vivió William Faulkner; Hemingway se emborrachaba en sus bares y a un costado de la plaza de Jackson Square, alegre y bulliciosa, repleta de músicos, pintores y gente que le predice el futuro, se reunía la crema y nata literaria de los años 20: Sherwood Anderson, Somerset Maugham, Carl Sandburg y el mismísimo Faulkner.

Literatura, música, cine. Nueva Orleans es todo eso. Y también es misteriosa y paranormal. Hechicera. Ciudad de fantasmas que se mueven en las sombras y que (¿por qué no?) también van de fiesta. La tierra del vudú, de Marie Laveau, la reina del barrio, la más poderosa, una especie de sacerdotisa a la que todos temían.

Y la de madame Delphine LaLaurie, una supuesta asesina en serie que torturaba y despedazaba a sus esclavos en la casa que todavía sigue en pie en el barrio francés (ambas historias las narró en su tercera temporada la serie American Horror Story). No muy lejos de ahí está el lujoso hotel Bourbon, primero salón de baile para la élite de Nueva Orleans y después un convento de monjas de la orden de la Sagrada Familia. Uno de los atractivos del hotel son sus historias de fantasmas sin rumbo que aún recorren el edificio.

Están los niños perdidos del orfanato de las monjas, y el soldado, y la novicia que se suicidó. Si uno va, conviene evitar la habitación 644, en la que muchos huéspedes dicen haber visto a una misteriosa mujer aparecer al lado de la cama. Extraña mezcla de rumba y fantasmas, turismo y más allá. Literatura y jazz. Si Nueva Orleans fuera una mujer, sería díscola, libérrima e irresistible.

Si usted va...

Visa. Para viajar a Estados Unidos se necesita visa.
Vuelos. Delta Air Lines ofrece un vuelo diario entre Bogotá y Atlanta, donde se hace conexión con Nueva Orleans. Desde 900 dólares. www.delta.com
Dónde comer. Se recomiendan los restaurantes Muriel’s. (www.muriels.com) y Commander’s Palace (www.commanderspalace.com).
Dónde dormir. The Bourbon Orleans Hotel. www.bourbonorleans.com
Para ir de Rumba. Se recomienda Pat O'Brien's (Facebook.com/patobriens)

TATIANA ESCÁRRAGA
Enviada especial de EL TIEMPO
Invitación Delta Air Lines

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