Contar a los sintecho en Nueva York, una noche de 3.000 voluntarios

Contar a los sintecho en Nueva York, una noche de 3.000 voluntarios

En una de las noches más frías del año, jóvenes y turistas participaron en el programa social.

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11 de febrero 2015 , 01:41 a.m.

“Esta noche, ¿tiene algún lugar que considere su casa o un sitio donde vivir?” Esta es la pregunta que 3.000 voluntarios hicieron en la madrugada del martes a cualquiera que paseara por las calles de Nueva York, indigentes o no, para ayudar a la Alcaldía a identificar a los sintecho de la ciudad.

En una de las noches más frías del año, jóvenes, mayores, familias y turistas participaron en la edición anual un programa social que busca hacer realidad una de las promesas del alcalde Bill de Blasio: que 2015 sirva para acabar con los vagabundos crónicos.

Dos centenares de ellos beben café en un gimnasio público para vencer al sueño, mientras reciben instrucciones del Departamento de Servicios a los Sintecho de Nueva York para asistir a las personas que viven en las calles de algunos barrios de Manhattan y que rechazan los albergues que ofrece la alcaldía.

"Lo que van a hacer hoy va a salvar la vida de alguien. Tenemos una oportunidad para hacer algo diferente para los que más lo necesitan", les dijo el comisario de este departamento, Gilbert Taylor, entre aplausos.

Es la décima edición de un recuento que se realiza cada año a finales de enero, pero que este 2015 se atrasó por una tormenta de nieve que tuvo lugar hace dos semanas en el noreste de EE. UU.

Aunque la nieve y las temperaturas bajo cero podrían desanimar a los voluntarios, los organizadores aseguran que el frío es un requisito indispensable para que la estimación sea lo más aproximada posible.

“No me importa el frío, es necesario para hacer bien este trabajo”, afirmó la joven Nefertari Kirkman-Beg, que cuando se enteró de que aplazaron la edición de este año del programa por la tormenta de nieve, ya estaba a punto de salir de casa con muchas capas de abrigo.

“¿Qué más da si yo lo paso mal unas horas, cuando esta gente lo pasa mal todo el año?", consideró.
Kirkman-Beg forma parte de un grupo de cinco voluntarios que peinaron dos manzanas del este de Manhattan y una estación de metro.

Son jóvenes que rondan la treintena y cuyas carreras profesionales están enfocadas a la asistencia social, por lo que esa noche para ellos fue una parte más de su día a día.

Armados con un mapa y un formulario de preguntas que entregaron al final de la noche a los responsables de la administración, los cinco jóvenes son tan serios en su trabajo que incluso una mujer negra con expresión triste que está sentada desde hace rato en la parada de metro es motivo de discusión en el grupo.

"Solo creen que no tiene casa porque ha hablado con un acento caribeño. Si ha contestado poco a poco es porque aún siente la sospecha sobre ella porque, quizás, hace poco era indocumentada", les dijo al resto de sus compañeros Mandy Clarke, después de que la mujer afirmara que sí que tenía una casa.

Los voluntarios debieron contar a los vagabundos, señalar la esquina donde se sitúan y describir cualquier modo posible de identificarles, como ropa o tatuajes. Entre los dos centenares de voluntarios que recibieron instrucciones en el gimnasio había familias enteras e incluso un divertido grupo de turistas japoneses, pero también veteranos de guerra determinados a ayudar a sus compañeros, que representan casi el 10 % de los vagabundos de la que era la ciudad de las oportunidades.

"Aquí en Nueva York, este año vamos a acabar con los sintecho crónicos. Tuvimos la oportunidad de saber dónde están y qué tipo de ayuda necesitan para enviarles el equipo correcto", prometió la comisaria del Departamento de Veteranos, Loree Sutton.

El grupo, variopinto y muy preparado, no dejó ningún rincón sin controlar y preguntar a cualquier persona que pasara por su calle, aunque no tuvieran apariencia de dormir en ella, porque "no se pueden tener prejuicios".

En los diez años que lleva celebrándose esta iniciativa no ha ocurrido ningún episodio de violencia contra los voluntarios, que tienen órdenes de despertar solamente a las personas que crean que no están lo suficientemente abrigadas.

Cuando son las tres de la mañana y el grupo de jóvenes ya ha vigilado atentamente la parada de metro y las dos manzanas que les habían adjudicado, no encontraron más vagabundos durmiendo en la zona.

En la edición de 2014, los 3.000 voluntarios contaron un total de 3.357 vagabundos que rechazaban los albergues sociales, lo que representa un 24 % menos que en 2005.

EFE

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