Editorial: En nombre de la Radio Nacional

Editorial: En nombre de la Radio Nacional

El sistema de medios públicos ha recobrado una enorme vitalidad propia de la juventud.

10 de febrero 2015 , 08:15 p.m.

Este martes, mientras las noticias políticas enrarecían una vez más el ambiente, el presidente Santos encabezaba, con innegable entusiasmo, la celebración de los 75 años de la Radio Nacional de Colombia. No solo manifestaba su amor por el medio, al que declaró “una pasión que llevo en la sangre”, sino que reconocía el talento que ha hecho posible que a pesar de tantos momentos difíciles nuestra radio siga contando nuestra historia. De paso, le pidió al Ministro de las TIC que recobre para la cadena radial el nombre original –en los últimos años ha llevado el de Señal Radio Colombia– “porque cada vez que viene un experto en marketing dice ‘cambiémosle el nombre’, y esto es realmente una tradición”.

Fue en febrero de 1940 cuando, bajo el gobierno liberal del presidente Eduardo Santos, comenzaron las transmisiones por onda corta de la llamada Radiodifusora Nacional de Colombia. En ese entonces, el sistema, transmitido desde las estaciones de El Rosal (en Cundinamarca) y El Barne (en Antioquia), pretendía servir como agente educativo, como plaza para el debate público y como noticiero para los oyentes en el extranjero. Luego, como recordó en las páginas de EL TIEMPO el actual coordinador de la fonoteca de la Radio, fue transformándose en una emisora musical, consciente de su responsabilidad como promotora de la cultura.

Más allá de las consideraciones sobre su nombre –que, sin duda, a causa de su inmensa recordación, tendría que ser conservado–, habría que reconocer que en estos últimos años el llamado sistema de medios públicos –compuesto hoy, además, por Señal Radiónica, Señal Colombia, Señal Institucional, Señal Memoria– ha recobrado una enorme vitalidad propia de la juventud, pese a las dificultades que parecen inevitables en el interior de las paquidérmicas empresas estatales. Seguir por esa poderosa senda, convirtiéndose oyente por oyente en alternativa a los medios comerciales, y cumpliendo con el propósito de educar e informar independientemente de las agendas de los gobiernos de turno, es la mejor de las celebraciones.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com
@OpinionET

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