¿Dónde estás, Señor?

¿Dónde estás, Señor?

Las mayores víctimas del Islam radical son los mismos musulmanes. Hombres mujeres y niños.

10 de febrero 2015 , 06:32 p.m.

No puede uno dejar de hacerse la típica pregunta, primitiva e infantil, de dónde está la grandeza de Dios ante tanto dolor y tanta brutalidad religiosa que vive el mundo, especialmente Oriente. El ataque al semanario Charlie Hebdo estremeció a todos, aunque en los países musulmanes fue sorpresa para pocos, lo que significa que tácitamente aceptan la masacre como una respuesta justa al insulto de dibujar a Mahoma. Lo que más aterra al mundo es la facilidad y el gozo con que se asesina sistemáticamente a sus propios hermanos.

El nombre de Dios ha sido evocado por todas las religiones para justificar sus excesos. En las cruzadas lo usaron tanto cristianos como musulmanes para arrasar con todo ser viviente y hacerse con el dominio de Jerusalén, que además quiere decir “tierra de paz”. Ningún otro lugar del mundo ha visto correr tanta sangre “porque así Dios lo quiere”.

Ahora estamos en una encrucijada francamente infernal. Las masacres de cristianos a manos de musulmanes son de todos los días, desde Siria hasta la India, y en el sur hasta Nigeria. Pero por casualidad las mayores víctimas del Islam radical son los mismos musulmanes (o sea, seguidores del Islam). Los fanáticos persiguen a los moderados, y sin perder tiempo en trivialidades como hablar o conciliar, fusilan por igual a hombres, mujeres y niños, en sus descarnadas razias. Asombra la deshumanización, la falta de piedad, de compasión humana. Los yihadistas, ebrios de júbilo luego de las matanzas, se enfilan al siguiente caserío, incendiando todo a su paso.

En Nigeria, Boko Haram prácticamente ya se tomó el país, y va de escuela en escuela matando los estudiantes. Hace unos días mató a 2.000 personas en el pueblo de Baga y sus aldeas cercanas, destruyendo las escuelas y las iglesias católicas. Por otro lado, hordas del feroz Estado Islámico avanzan imparables, dejando ríos de sangre a su paso en su pretensión por dominar el mundo, comenzando por Iraq y Siria. Increíblemente, centenares de nuevos adeptos les llegan de todas partes. Al Qaeda acaba de hacer un llamado a sus seguidores para que atenten contra civiles en Europa y Estados Unidos.

Una de las mayores tragedias de la humanidad —algunos dicen que mayor “a morir”— es el viacrucis que viven millones de personas por el desplazamiento, con hambre y frío, arrastrando a sus hijos enfermos, huyendo de la violencia. Las imágenes disponibles son de indescriptible dolor y llanto. Como siempre, las mujeres y las niñas cargan el mayor peso de la desdicha por su condición de víctimas sexuales, siendo ultrajadas todas para enervar la moral de la población sentenciada.

Y ahora toda esta barbarie se vuelca a Europa, que tiene ya una población de 14 millones de musulmanes, de los que miles, aún nacidos y educados en ese continente, están listos para entregar sus vidas por el Islam. La policía europea (Europol) afirma en Londres que entre 3.000 y 5.000 ciudadanos ya han regresado a sus hogares en Europa después de viajar a países en conflicto para recibir adiestramiento. Hoy componen al menos 180 células militares organizadas y llenas de combustible: odio ciego. Solo esperan el llamado de Mahoma para desatar las matanzas a los infieles a la máxima gloria de Alá. Como un botón de muestra, la mitad de la colonia musulmana holandesa se declara pública y abiertamente “antioccidental”. Dicen al país que los acoge: “¡El infierno se os abrirá! ¡Lo que necesitáis es un buen bombazo!”

¿Qué tan alto estará Dios que no ve lo que pasa en este valle de lágrimas? ¡Líbranos Señor del horror que a la distancia se vislumbra! Tanta inteligencia humana y tan poca sensatez…

 

Rafael Fonnegra Gerlein
*Profesor de historia

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