San Martín: una isla con sabor a dos culturas

San Martín: una isla con sabor a dos culturas

Este paraíso caribeño, ideal para descansar, cautiva con sus tradiciones holandesas y francesas.

notitle
09 de febrero 2015 , 02:18 p.m.

Cuenta la leyenda que para dividirse la isla caribeña de San Martín los franceses y holandeses decidieron, luego de una alegre velada, que al día siguiente dos de los lugareños saldrían trotando desde un mismo punto en direcciones opuestas por el borde de la isla hasta volverse a encontrar. Allí se marcaría la línea divisoria.

Al parecer, los franceses se lucieron esa noche ofreciéndoles a sus coterráneos holandeses generosas dosis de vino, cuyas consecuencias surtieron efecto al día siguiente. De allí que Holanda no hubiera salido muy favorecida en la repartición. Sin embargo, cuentan los historiadores que el reparto oficial de los territorios se dio más por motivos de interés económico y con tratados oficiales.

Saint-Martin –en Francés– o Sint Maarten –en neerlandés– es una de las últimas islas de la parte nororiental del llamado cordón de las Antillas menores, distante a unos 240 kilómetros de la isla de Puerto Rico.

St. Marteen

 

Para los viajeros habituales de cruceros, este destino puede resultarles familiar, por ser una de las paradas obligadas del Caribe, en el puerto libre de Philipsburg, la capital de la parte holandesa, famosa por sus almacenes de piedras preciosas, relojes, licores y marcas reconocidas de ropa, entre otros artículos.

No obstante, este destino también ha comenzado a llamar la atención de los colombianos y de los suramericanos, gracias a la oferta de vuelos que parten desde la ciudad de Panamá, distante a dos horas y media vía aérea de la isla caribeña.

Precisamente, una de las atracciones principales de la parte holandesa es la famosa playa de Maho, que antecede la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional Princesa Juliana, en donde decenas de turistas se dan cita todos los días para fotografiar la llegada de los aviones, que pasan a tan solo unos metros de altura de sus cabezas.

La pista de aterrizaje está separada con dos cercas de metal y tiene una larga cuerda de la que la gente se puede coger para sentir también la potencia del aire que arrojan las turbinas de las aeronaves al momento del despegue.
Otra de las curiosidades del aeropuerto es su amplia zona VIP, en donde se aprecian los jets privados de celebridades y ejecutivos del mundo. De hecho, el 85 por ciento de los ingresos de la isla provienen del turismo.

Por eso, uno de los alojamientos ideales en este lado de la isla, es el Sonesta Maho Beach Resort, que además de ofrecer el plan de todo incluido, se encuentra a dos minutos a pie de esta playa.

Además, a un cuarto de hora de allí, por entre un parque, que antes fuera una de la canchas de golf más reconocidas de la isla, destruida con el paso del huracán Luis en 1995, se puede pasar el día en la playa de Mullet Bay, cuyas calmadas aguas cristalinas y tornasoladas, de visos azul turquesa y verde pastel, la hacen uno de los balnearios más lindos de la parte holandesa, ideal para las familias con niños pequeños. Allí se puede rentar dos sillas y una sombrilla por un promedio de 15 dólares el día.

En total la isla cuenta con más de 35 playas de uso público para bañistas que buscan distintos tipos de distracción: desde el plan contemplativo para asolearse hasta las actividades de deportes náuticos.

St. Marteen

 

 

Dependiendo de los gustos del visitante, es importante que tenga en cuenta que el lado Caribe ofrece aguas más tranquilas, mientras que las playas que dan al océano Atlántico, como las de la zona francesa, son más propicias para los amantes de deportes como el kitesurf, windsurf y el surf.

Y para los buenos comensales, la isla cuenta con una oferta de 365 restaurantes, en los que se podría cenar en uno cada día del año. Precisamente, una de las zonas más visitadas es la de Simpson Bay, en donde es recomendable revisar el precio de la libra de langosta, que publican en avisos en las puertas todos los días, y que oscila entre los 20 y 25 dólares.

A 20 minutos en carro desde la zona oeste de la isla donde está ubicado el aeropuerto y los resorts más exclusivos se llega a Philipsburg, en Groot Baai (Gran Bahía). Es el lugar de arribo de los cruceros. Un miércoles de temporada alta (que va de noviembre a marzo), pueden verse llegar hasta nueve de estas grandes embarcaciones.

Allí, una de los lugares recomendados para visitar es una peculiar edificación de madera blanca con rojo, inspirada en las que construían los primeros nativos, en la que se consigue el ron típico de la isla fabricado a base de Guavaberry, un pequeño fruto de la zona que la da su nombre.

El toque francés

El viaje continúa a través de vías interconectadas por rotondas, sobre los cuales se pueden ver esculturas de alcatraces –el símbolo de la isla– o de héroes nacionales que remiten a la época de la esclavitud, que permiten entrar en el territorio francés, cuya capital es la localidad de Marigot.

Aunque se recomienda llevar consigo el pasaporte, las autoridades no suelen poner ningún inconveniente para pasar del lado holandés al francés.

En la zona francesa, uno de los lugares ideales para pasar un día de playa en paz es Pinel Island, una pequeña poción de tierra circundada por arenas blancas a la que se llega en una lancha luego de atravesar la bahía Cul de Sac. Este trayecto tiene un costo de 10 dólares ida y regreso.

Allí se puede almorzar langosta o pescado fresco con ensalada, en el restaurante Karibuni, que también ofrece el servicio de alquiler de sillas y sombrilla de bronceo por 20 dólares.

Y para aquellos que buscan un lugar más exclusivo, ideal para las lunas de miel o el confort, a cinco minutos en carro de esta bahía se llega al hotel-spa Radisson Blu, famoso por contar con una de las piscinas contiguas al mar más grandes del Caribe.

Este alojamiento también es ideal para los amantes de la buena gastronomía, al encontrarse a diez minutos en carro de una pequeña población llamada Gran Case, con una interesante oferta de 67 restaurantes.

St. Marteen

 

Dos de los lugares más recomendados son el Calmos Café en donde se puede ver el atardecer en compañía de un buen coctel acompañado de queso camembert y calamares, justo al pie de las olas del mar.

Y en la puerta contigua, se encuentra el restaurante francés Le Pressoir, uno de los más exclusivos de la isla, atendido por su propietario. La especialidad es la cocina francesa con ingredientes exóticos propios de la zona. Los pescados sugeridos son el Mahi Mahi, el Wahoo, y el Snapper, propios de esos mares, que se sirven con combinaciones de salsas a base de mango y coco.

Aunque también es posible encontrar una variada carta de vinos franceses, acompañados de foie gras, pato y quesos.
Para los amantes de actividades diferentes, la parte francesa ofrece dos muy coloridas: preparar el perfume de los sueños o sentir la sensación de ser un mico, pasando de árbol en árbol a través de sus cúpulas.

En la perfumería francesa Tijon, atendida por sus propietarios, se pueden tomar clases de una o tres horas, en las que se aprende a elaborar una fragancia. Una oferta de más de 300 aceites de esencias como coco, naranja, jazmín, musk, vainilla, jengibre y el famoso patchouli, se pueden combinar en diferentes proporciones para dar vida al perfume ideal. Los costos varían entre los 75 y los 129 euros, dependiendo de la modalidad de clases que se escoja.

Es importante tener en cuenta que la mayoría de las actividades en esta parte de la isla están tasadas en euros por ser territorio de la Unión Europea. En la parte holandesa, prima el dólar, aunque también reciben el florín antillano neerlandés.

Al aire libre

Y los apasionados de las actividades ecológicas, no deben dejar de visitar la reserva de Loterie Farm, un complejo de atracciones al aire libre, construido sobre una de las 63 plantaciones de azúcar que tuvo la isla, que data de hace 400 años.

Allí una de las mejores actividades es el circuito de árboles con puentes tibetanos (un viaje a través de las partes altas de los árboles selváticos) con 32 obstáculos diferentes y 11 deslizadores aéreos por cable, que se puede recorrer en una hora, para finalizar con un relajante baño de piscina. El costo de esta recorrido es de 35 euros para los adultos y de 20 para los niños.

Para cerrar el recorrido, de regreso por la población de Marigot, una de las visitas obligadas es el fuerte Louis, una pequeña construcción histórica de piedra con cañones, en cuya cima hondea la bandera de Francia, construido para defender la ciudad de los ataques marítimos.

Marigot es una ciudad que se puede recorrer a pie en un día y como opción gastronómica ofrece pequeños restaurantes de comida típica, a base de arroz de frijoles, plátano, ñame y pescado frito o camarones al ajillo. Estos establecimientos están ubicados alrededor de la marina de Gare Maritime.

De esta manera, para aquellos viajeros que sueñan con vivir una experiencia turística en una de esas singulares porciones de tierra rodeadas de mar por todos lados, que siempre remiten a la idea del descanso perfecto y la ensoñación, Saint-Martin es una opción diferente, con una rica combinación de dos culturas, que va más allá del consabido día de playa caribeño frente al mar.

St. Marteen

 

Anguila, otro paraíso inglés por descubrir

Aunque los colombianos necesitan la visa británica, a 18 minutos en lancha rápida o a 30 en un barco tipo ferri, se llega a la isla de Anguilla ubicada en frente de Sint Maarten. La isla se caracteriza por ofrecer un ambiente más tranquilo, ideal para los amantes de las actividades acuáticas no motorizadas como el buceo y el snorkeling.

La isla cuenta con 33 playas cuya arena se caracteriza por el color blanco marfil. Dos son los hoteles más lujosos de la isla: el CusineArt, que cuenta con una cancha de 18 hoyos de golf diseñados por famoso jugador Greg Norman, y el Viceroy, en el que se quedan famosas personalidades de la farándula internacional.

Esta isla, con una amplia oferta gastronómica de comida italiana, japonesa y mediterránea, es famosa por ser uno de los destinos preferidos de personajes como Messi, Shakira, Pique, Sofía Vergara y Mariah Carey. El viaje en ferri tiene un costo de 20 dólares y para salir de la isla hay que pagar un impuesto cercano a los 30 dólares.

Si usted va...

St. Marteen

 

- Copa Airlines ofrece vuelos hasta la isla de San Martín, desde Ciuda de Panamá.
- A San Martín se puede ingresar con la visa de Estados Unidos o con la de la Unión Europea. Para pasar a la isla de Anguilla es indispensable la visa británica.
- Casi todos los habitantes dominan el inglés, si bien la información y la señalización en la zona francesa se encuentra en su idioma respectivo.
- En la parte holandesa se puede pagar con dólares o florines. En la parte francesa todo está tazado en euros, pero se puede pagar con dólares.
- La isla ofrece varias opciones de movilización. Está la posibilidad de alquilar bicicletas, tomar taxis y también se puede rentar un carro por un promedio de 35 dólares diarios.
- Lo ideal es comprar un plan hotelero de todo incluido, para reducir costos, toda vez que se trata de un destino de alta gama.

Carlos Restrepo
Enviado especial de VIAJAR

* Por invitación de Interamerican Network, Anguilla Tourist Board y Copa Airlines.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.