En la 'Ciudad de las Mujeres' claman justicia

En la 'Ciudad de las Mujeres' claman justicia

Aproximadamente 183 casos por violencia sexual y desplazamiento forzado siguen impunes.

09 de febrero 2015 , 12:17 a.m.

Dos placas ubicadas en una de las calles del poblado, y firmadas por organizaciones de apoyo internacional, recuerdan que ‘la Ciudad de las Mujeres’ fue edificada por víctimas del conflicto armado colombiano.

Se trata del pueblo que conmovió a las premio nobel de paz, la estadounidense, Jody Williams y a, la iraní, Shirin Ebadi que llegaron para conocer de voz de las propias “sobrevivientes”- como dijo Williams que se les debe llamar a partir de ahora a estas mujeres- sus historias de dolor pero también de superación.

Tras sortear esa Cartagena marginal que no aparece en los catálogos internacionales de turismo, a esta población se llega luego de una hora por carretera.

El conjunto de casas está ubicado en la vereda ‘Bonanza’, tres minutos después del municipio de Turbaco, en el norte del departamento de Bolívar.

A la entrada, una pequeña laguna de aguas mansas recibe al visitante que respira tranquilidad. Allí se erige una zona próspera con varios conjuntos residenciales enclavados en las primeras faldas de los Montes de María. Sin embargo, en el interior de esta comunidad persisten los problemas sociales y el miedo.

En el corazón de esta vereda ardiente, hasta el sofoco, está el lote donde se levantan las 98 casas que fueron edificadas por ‘la liga de las mujeres’, una organización civil que desde hace 16 años agrupa a víctimas de la violencia sexual y el desplazamiento forzado cometidos por guerrilla, paramilitares y el Ejército Nacional dentro del conflicto armado.

Asesoradas por la jurista Patricia Guerrero, con su propia mano estas ‘sobrevivientes’ edificaron ‘La Ciudad de las Mujeres’ y en cada uno de estos hogares habita una historia de desplazamiento y violencia pero a la vez de lucha contra la adversidad.

“La visita de las nobel de paz fue muy importante porque a partir de ahora nuestra lucha va a tener eco internacional, pero lo más importante es que seguimos unidas, y somos una gran familia que exige justicia en los procesos hoy impunes por violación, desplazamiento y desaparición forzada de las integrantes de la Liga de las Mujeres,”, dice la líder Lubis Cárdenas, sentada bajo un palo de mango junto a la placa que puso la Usaid, y rodeada de mujeres siempre deseosas de hablar. De denunciar. De no callar nunca más.

Como dicen ellas “esta es una Colombia chiquita, pues acá vivimos mujeres desplazadas que escapamos a la barbarie del conflicto de gran parte del territorio”.

Verdad. Sus relatos son un repaso por la guerra en gran parte de la geografía colombiana, especialmente las costas Atlántica, Pacífica y en el departamento de Antioquia.

Por ejemplo: Florentina Mosquera fue desplazada del Urabá antioqueño; Paula Castro Teherán escapó con sus cuatro hijos de San Onofre, Sucre; Deyanira Reyes huyó de los paras en la vereda El Respaldo, del municipio del Carmen de Bolívar; Carmen Villareal fue desplazada de Villanueva, Bolívar; Everlides Almanza fue perseguida por la guerrilla en Aguas blancas, Cesar; Simona Velázquez llegó de San Andrés de Sotavento, departamento de Córdoba; Aura Ester Ordoigostia Mena es una sobreviviente de la Masacre del Salado, Bolívar, ocurrida en el año 2002- de esta masacre, la liga hoy acoge a seis mujeres cabeza de hogar que escaparon a aquella barbarie-… y así, en cada una de estas casas de ladrillo y teja hay un pedazo de Colombia que sobrevivió a la guerra.

Impunidad total

Acá, todas tienen la cifra clara y dibujada en sus cabezas: saben que los 183 casos por violación sexual, relacionados con víctimas en todo el país, que están en manos de la Fiscalía, y que se hicieron visibles gracias al auto 092, están en la impunidad.

“El 100 por ciento de los casos denunciados ante la Fiscalía están en la impunidad, y por ello se llevó una acción legal ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, contra el Estado por violación de varias de la convenciones Interamericanas de derechos humanos y de derechos de la mujer”, dice la abogada y fundadora de la Liga de las Mujeres, Patricia Guerrero.

Mientras tanto en las calles de esta comunidad persisten los problemas sociales.

La mayoría de casas están en obra gris. Cada familia, como ha podido, ha hecho mejoras, pero tener piso en baldosa, por ejemplo, sigue siendo para la mayoría de estos hogares un lujo aún no alcanzado. El desempleo, la drogadicción y la falta de oportunidades que acosan a los jóvenes es la mayor preocupación de estas líderes.

El presidente Juan Manuel Santos se comprometió esta semana a la construcción de un Centro de Salud y un Hospital para el sector.

Y las Nobel de Paz Jody Williams y Shirin Ebadi prometieron volver en dos años para conocer los avances de materia de infraestructura en esta comunidad pero también para verificar los progresos en el escenario jurídico.

En el poblado, por supuesto, mandan los negocios con nombre de mujer: ‘Refresquería Aura’, ‘Confecciones Valery’, ‘Variedades Tatty’. Son negocios pequeños que funcionan en las pequeñas salas de las viviendas, y entre todas han tejido una red de solidaridad que les permite conseguir recursos básicos.

Nueva generación de luchadoras

La mayoría de estas mujeres con sus familias se habían asentado, a finales de los 90, en el barrio El Pozón, sur de Cartagena, tras escapar de la violencia. Pero la situación de drogadicción, prostitución y el conflicto de este sector deprimido las hacía vulnerables.

De allí las sacó la abogada Guerrero cuando fundó ‘La Liga de las Mujeres’. Pero hoy muchas de estas líderes ya completan casi dos décadas de luchas y están cansadas.

"Mi esposo cuidaba la ladrillera donde hacíamos los bloques para levantar las casas y lo mataron en el 2005, después en el 2007 nos quemaron el salón donde nos reuníamos. Al muchacho que nos llevaba y nos traía desde el Pozón a Turbaco en moto, lo desaparecieron. Pero hemos perdido tanto que lo único que nos queda es seguir bregando", recuerda doña Simona Velázquez.

Ahora hacen conscientes a sus hijos que hasta tanto no haya justicia, la lucha por la reivindicación y la reparación debe continuar.

En las manos de las más jóvenes está ahora el montaje del proyecto radial ‘La Voz de las Mujeres’ y el resurgir del periódico ‘La Cometa Loca’, pues ya no quieren hablar más de dolor; en su futuro quieren contar historias de triunfo. ​

John Montaño
Corresponsal de EL TIEMPO

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