¿El fin de la letra de médico? / Opinión

¿El fin de la letra de médico? / Opinión

La letra de médico viene siendo reemplazada por historias clínicas electrónicas.

08 de febrero 2015 , 08:39 p.m.

Estoy en contra de la popular creencia de que la letra de los médicos no se entiende; cuando eso ocurre, de eso también estoy seguro, no es por voluntad propia.

La deformación de la letra en este caso es producto, en parte, de la enorme cantidad de recetas médicas que estos profesionales han escrito en su vida.

De todas las anécdotas que puede haber con una fórmula, desde las equivocaciones menores hasta los grandes errores, la que más me apena es cuando me he visto en la incómoda situación de admitir que no entiendo ni mi propia letra.

Por “fortuna” la tecnología podría poner fin al asunto.

La letra de médico viene siendo reemplazada por historias clínicas electrónicas e incluso hay normas que exigen su uso. Curiosamente, estas no gozan de mucha popularidad entre los médicos; de acuerdo con un reciente estudio, el 70 por ciento de ellos las consideran inadecuadas, y no precisamente por inútiles.

Aun cuando podrían aprovecharse para registrar datos en forma comprensible, ordenar prescripciones y enviarlas directamente a una farmacia, organizar exámenes de laboratorio, recordar intervenciones ajustadas a guías de práctica, tener alertas farmacológicas, acceder a la información de un paciente en cualquier sitio y contar con datos epidemiológicos del comportamiento de enfermedades, entre otras cosas, eso no ocurre en la mayoría de los casos.

Lo que hoy tenemos son historias clínicas diseñadas para facturar y contabilizar costos, ajustadas a cada una de las instituciones e incompatibles entre ellas.

Cada paciente del sistema de salud que es acarreado de una institución a otra y de un médico a otro, una y otra vez, tiene tantas historias como paseos dentro del mismo.

Largas y poco prácticas, los softwares tienen múltiples pestañas y muchos clics para anotar algo.

No están habilitadas para compartir información con colegas e interconsulta de casos, ni para hacer investigaciones sencillas; tampoco permiten acceder al paciente a su historial.

Su función pareciera estar limitada a codificar y facturar.

No creo que sea falta de creatividad, tampoco que a nadie se le haya ocurrido diseñar algo mejor.

Lo que hay en el fondo es el choque de un sistema económico que requiere los datos para alimentarse y poder operar contra otro que quiere conocer a su paciente y brindarle una atención oportuna.

Pese a los avances, aún hoy contamos con historias clínicas que hay que imprimir, porque no hay opción de compartirlas por medios electrónicos; que hay que firmar manualmente; que no se pueden consultar en cualquier plataforma; que no se pueden revisar en cualquier hospital, clínica o consultorio; que son tan extensas y tienen tan pocas alertas que no ayudan a corregir nuestros errores.

No tienen ventajas, solo sirven para llenar requisitos o poner problemas.

Lo que puede concluirse, al final del día, es que la letra de médico no ha muerto, sino que se ha trasformado.

CARLOS CABALLERO
Ph. D., profesor asociado de medicina, U. del Norte

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