'Flaco Aguja', el hombre que será el Rey Momo durante estos carnavales

'Flaco Aguja', el hombre que será el Rey Momo durante estos carnavales

Carlos Cervantes Muñoz pasó por distintos disfraces hasta llegar al de Mohicano Dorado.

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08 de febrero 2015 , 04:17 p.m.

En las calles reventadas de la urbanización El Concorde, en Malambo (Atlántico), existe un ‘Mohicano Dorado’ que se esfuerza por buscar el buen estado de ánimo de los habitantes de este pedazo del pueblo.

Ese místico héroe, amable y mamador de gallo, es también, ahora, el encargado de hacer gozar a todo el que ande en Barranquilla durante estos Carnavales. Es el Rey Momo 2015.

Es Carlos Rafael Cervantes Muñoz un 'todero' de 65 años, quien hace 48 está brindándole momentos de jocosidad, ingenio y sana diversión a los que asisten a las carnestolendas.

Ubicarlo en medio de los ríos de gente que se presentan en los desfiles de la Batalla de Flores, el sábado, o de La Gran Parada, el domingo, es fácil. Solo es cuestión de afinar la vista y buscar a un sujeto de unos 60 kilogramos de peso, de 1,79 metros de estatura, y que parezca haber sido bañado en oro.

Otra recomendación para hallarlo es que siempre usa un taparrabo, una lanza y un escudo del mismo color. Ese señor de oro es el legendario Mohicano Dorado.

Antes del sueño dorado

Para esta época, cuando no está en desfiles y presentaciones, a Cervantes se le ve corriendo con una cangurera amarrada en la pretina de su jean, en donde guarda su celular, documentos, cotizaciones y un mundo de papeles en los que escribe sus planes. También lo ven buscando a sus colaboradores y a la gente que se pinta con él para formar su legión.

Comprar el polvo dorado y el aceite en el que lo diluyen para tinturarse; supervisar que todos los suyos estén perfectamente embadurnados; ver que sus peinados estén bien; chequear la logística de sus presentaciones… Esas son hoy las preocupaciones del Mohicano que se enamoró desde muy joven de las fascinantes historias de indios que presentaban en la televisión y el cine.

Mientras Cervantes le ordena a Giovana, su hija más pila, que le aliste el atuendo para una presentación que tiene en Barranquilla, se cruza de piernas en una silla plástica como suele hacerlo el cantante de rock argentino Charlie García y empieza a hablar de su inicio en el Carnaval y cómo fue avanzando hasta pulir la idea que hoy lo tiene como Rey Momo.

“Kunta Kinte fue mi primer disfraz. Este personaje lo extraje de la novela Raíces. ‘Shaka Zulú’ fue el segundo y lo tomé de un filme que explicaba cómo este indígena africano luchó contra tropas británicas para liberar a su pueblo. Con estos inicié mi camino en el Carnaval”, dice el Rey Momo.

Luego vinieron disfraces modernos relacionados con la crítica social: ‘Herido por las drogas’, que consistía en un hombre sangrando por varias partes del cuerpo, que mostraba sus vísceras (“quise dar un mensaje a la juventud para que no consumieran estupefacientes, porque esas prácticas terminan siempre en la violencia”) y ‘Señorita Telefónica’, que era una crítica a la entidad que estaba en proceso de liquidación.

Después llegaron ‘El Cannibal’ y ‘El Africano’, los cuales le hicieron volver a lo que siempre lo había inquietado, que era precisamente las culturas indígenas. Esos dieron paso al personaje que hoy interpreta, afirma.

Los dos eran disfraces en donde tenía que teñirse la piel de negro y vestir atuendos pequeños y coloridos. Vecinos de Cervantes recuerdan que estaban tan bien diseñados que el flaco de la bacanería se volvía irreconocible, pues infringía miedo con la mirada y sus gestos.

“Andaba con calaveras colgando y pedazos de vísceras en las manos y en la boca. Era tanto impresionante, como escalofriante”, asegura un vecino.

Mohicano Dorado

“En un desfile, por allá a inicios de los años 70, noté que había más de 60 disfraces de indios negros en fila. Entonces se me metió una idea en el disco duro (se dispara con un dedo índice en la cabeza), de buscar algo más original, pero solo lo conseguí cuando acabaron las fiestas.

El Miércoles de Ceniza estaba viendo una película que se llamaba ‘El último de los mohicanos’, la cual me llamó la atención. “Entonces tomé lápiz y papel para no perder detalle de las acciones, los atuendos, las armas y los peinados. Cuando terminó, me levanté y encontré una enciclopedia abierta en la mesa de comedor. Enfoqué la mirada en el título ‘La Laguna del Dorado, la leyenda de Guatavita’. De inmediato vi una frase que decía ‘y el cacique se untaba en polvo de oro y arrojaba elementos del mismo material a la laguna para agradecerle a sus dioses por todos los favores concedidos’. Fue cuando dije “vamos a cambiarle el color a esto”, cuenta Cervantes con emoción.

Primero probó con un polvo dorado de los que se untan para teñir levemente el cabello. Lo mezcló con aceite de cocina y se lo untó en un brazo. Notó que la tonalidad era perfecta, pero el olor no le gustaba, además cuando lo expuso al sol la sustancia le quemaba.

Días después se encontró con el dueño de Químicos Juliao, quien es su amigo, y le consultó qué podía hacer. Este le recomendó que comprara polvo dorado para decorar pudines y que lo mezclara con un aceite especial, que era extraído de las raíces de un árbol.

En el 75 salió el Mohicano Dorado arrasando en el los desfiles. “Me quedé admirado de que la prensa me siguió a mí a pesar de que detrás venían personajes y grupos que eran íconos en el Carnaval”, recordó.

En ese desfile iba vestido solo con un taparrabo, la nariguera, un arete, la lanza y el escudo. Con el pasar de los años le fue agregando prendas y artículos al disfraz, sin caer en el exceso de materiales de fantasía, porque quería reflejar una esencia real.

El Indio Mohicano, como lo conoce la ciudad; el Flaco Aguja, como lo llaman muchos excompañeros de la telefónica y vecinos; Pinola, como casi nadie lo conoce; Barranquilla, como lo nombraban en la Armada (ver recuadro); Mohiqui, como le dicen sus mejores amigos y colegas del Carnaval, es el Rey Momo.

“Pero este no es el final. Mis hijos y los que han estado conmigo siguen llevando mi legado y la historia de mi disfraz. La leyenda del Mohicano Dorado continuará por siempre”, sentencia Cervantes, antes de transformarse, porque aún le falta mucho Carnaval. 

Daniel Escorcia Lugo
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla.

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