Habla la mujer que es la voz de los indocumentados en EE. UU.

Habla la mujer que es la voz de los indocumentados en EE. UU.

Cristina Jiménez dirige 'United We Dream', una red de jóvenes que luchan por una reforma migratoria.

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07 de febrero 2015 , 08:29 p.m.

Enarbolando la consigna ‘Sin papeles, sin miedo’, más de 100.000 jóvenes indocumentados que viven en Estados Unidos se han anotado victorias importantes desde el 2008, cuando nació la organización 'United We Dream'.

Aunque no han podido detener la deportación de dos millones de inmigrantes en el último lustro, los dreamers (soñadores) –como los bautizaron los medios– se han extendido a 26 estados y cada vez tienen más peso en Washington. (Lea también: Punto por punto, los anuncios de Obama sobre inmigración)

El año pasado, su directora ejecutiva, la ecuatoriana Cristina Jiménez, fue elegida por la revista Forbes como uno de los 30 líderes menores de 30 años más importantes del país en el campo de la política y el derecho.

Las dos victorias más significativas de United We Dream (unidos soñamos) tienen nombres parecidos: Daca y Dapa. La primera sigla (Deferred Action for Childhood Arrivals), hace referencia a un permiso temporal de trabajo y protección contra deportaciones para quienes nacieron después de junio de 1981 y llegaron al país antes de cumplir los 16 años, que empezó a regir en el 2012.

Y Dapa (Deferred Action for Parents of Americans and Lawful Permanent Residents), anunciada por el presidente Obama en noviembre pasado, es un permiso similar para los padres de personas nacidas en Estados Unidos o con residencia legal.

EL TIEMPO conversó con Cristina Jiménez en Barcelona, a donde viajó invitada por la Casa América Cataluña para hablar sobre su lucha por los derechos civiles de 12 millones de indocumentados, en su mayoría latinoamericanos, que cada vez tienen más peso en las decisiones electorales.

Si los ‘dreamers’ ya lograron ser escuchados, ¿por qué sigue en pie el movimiento?

Porque las deportaciones no paran. Desde el 2008 ha habido dos millones, el número más grande en la historia del país, y nosotros hemos podido demostrar que no se deporta solo a delincuentes o sospechosos de terrorismo, sino también a personas trabajadoras y estudiantes. Se están separando miles de familias y lo estamos denunciando.

Pero Daca fue un logro indiscutible…

¡Claro! Logramos que el presidente Obama protegiera a los estudiantes. Se calcula que hay dos millones de jóvenes que han crecido sin documentos y el programa Daca beneficia a un millón. Esto se logró después de muchas manifestaciones, protestas y actos de desobediencia civil. Llamamos la atención de los medios de comunicación y se mandó un mensaje claro: las medidas a favor de los inmigrantes generan votos. Fue un juego político en el que tuvimos mucha influencia.

¿Se podría decir que United We Dream tiene injerencia en las decisiones de la Casa Blanca?

De alguna manera, sí. A comienzos del 2014 lanzamos una campaña diciéndole al presidente Obama: “La misma protección que se ha dado a los jóvenes se puede extender a sus familias”. Demostramos lo injusto que ha sido este Gobierno con su política de deportaciones. Y en noviembre el Presidente anunció una acción ejecutiva, similar al programa Daca pero que beneficia a los padres, que cubre a casi cinco millones de personas.

Habrá sido una alegría para su movimiento...

En realidad fue un momento agridulce, porque la mitad de la población no se beneficiaba. Aunque mis papás no tienen hijos americanos (estadounidenses), pudieron beneficiarse porque a mí me aprobaron la residencia legal, pero hay millones de padres que no tienen hijos nacidos en Estados Unidos pero han trabajado duro y tienen muchos méritos para entrar en un programa de no deportación. Quedan como siete millones de personas vulnerables.

¿Qué hace United We Dream frente a las deportaciones?

Nuestra organización ha ayudado a unas 500 personas para evitar su deportación: los conectamos con abogados, los acompañamos y presionamos a los agentes de migración local. También visibilizamos el maltrato, porque –por ejemplo– pueden arrestarte en Texas y trasladarte a Arizona, con lo cual quedas incomunicado de tu familia, no te explican nada y a veces te fuerzan a firmar papeles de deportación ‘voluntaria’. Ni nosotros mismos sabemos todo lo que pasa en los centros de detención.

Dos semanas antes de lanzarse la acción presidencial conocida como Dapa, Cristina Jiménez le pidió a Obama, mediante una conferencia de prensa, usar su autoridad para promulgar la reforma migratoria. Foto: AFP.

¿Cuál es el panorama que se vislumbra para el 2015?

Apenas estamos empezando el año y la primera ponencia en el Congreso es una que busca tumbar el Dapa. El programa no se ha implementado y los republicanos ya se están esforzando para bloquearlo. Sin embargo, lo que más me preocupa es la demanda interpuesta por más de 20 estados en un juzgado de Texas. Este juez es claramente republicano y se anticipa que no protegerá el programa. Lo que puede pasar es que haya que suspenderlo hasta que un tribunal federal decida. En esa instancia, esperamos que el Dapa tenga una defensa fuerte.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Por ahora le estamos pidiendo a la gente que reúna la documentación y se postule al programa. Nuestro reto es proteger esta victoria que se logró con la valentía de muchos indocumentados que salieron a la calle a decir “sin papeles, sin miedo”.

¿Se están preparando para la campaña electoral del 2016?

Lo único que tenemos claro es que cualquier partido va a necesitar el 40 por ciento del voto latino para ganar y aunque a los hispanos les importan mucho más otras cosas, como el trabajo o la salud, antes que la política, el tema de la inmigración se ha vuelto fundamental en las campañas. Los votantes están viendo cómo manejan el tema los políticos para ver si los apoyan o no.

¿Los latinos salen a votar?

Sí. En estados como Colorado, Nevada, California, Florida o Texas, el voto latino es muy importante. La inmigración es el grupo electoral que está creciendo más rápido en el país y eso va ligado al cambio demográfico. Se dice para que para el 2040 las minorías pasarán a ser mayorías, y hemos visto a periodistas como Jorge Ramos decir que ya no pueden ignorarnos. Los republicanos tendrían que ponerse las pilas. Esta es una oportunidad de liderazgo para los demócratas, pero la verdad es que también nos han desilusionado.

¿Pese a las medidas de Obama?

Los demócratas no han liderado la reforma migratoria de la manera que se necesita para hacerla realidad.

Explíquese, por favor.

Tanto el Daca como el Dapa son medidas temporales que no te ofrecen regularización, no cambian tu estatus migratorio permanente ni cuentan como parte de un proceso para obtener la ciudadanía. Esto solo lo podría cambiar el Congreso, con una reforma migratoria que aporte soluciones permanentes, pero no hay voluntad política.

¿Cómo se involucró en esta lucha por los inmigrantes?

Cuando tenía 13 años llegué a Estados Unidos con mis padres y mi hermano. Teníamos visa de turismo y cuando expiró nos quedamos como indocumentados. Yo no entendía muy bien la situación política de Ecuador, pero mi papá me explicaba que ya no tenían ahorros, que no encontraban trabajo y que por eso se habían ido a probar suerte en los Estados Unidos.

Muy pronto, a los 14 años, me di cuenta de lo que significaba estar sin papeles, cuando mi papá me pidió que lo ayudara a hablar con su jefe porque llevaban tres semanas sin cobrar. Él trabajaba en un lavadero de carros y ni él ni sus compañeros hablaban inglés. Aunque era consciente del abuso que se estaba cometiendo, no podía llamar a las autoridades porque éramos indocumentados. Yo crecí con ese miedo a la deportación, esa impotencia de tener que quedarte callado a pesar de los abusos.

¿Y cómo se convirtió en una líder del movimiento?

El punto donde me harté fue cuando terminé la secundaria. En la escuela siempre nos hablaban del sueño americano, la igualdad, la justicia, la Constitución… Y que si te esforzabas, irías a la universidad. Yo hice lo que me dijeron: aprendí inglés y terminé como una de las diez mejores de mi escuela, pero no podía postularme a ninguna beca ni a ninguna universidad porque no tenía papeles. Lloré muchísimo y me daba mucha rabia esa injusticia. Curiosamente, por esos días leí en un periódico latino que había varios estudiantes inmigrantes pidiéndole al gobernador (George) Pataki que los dejara ir a la universidad. Los contacté y empezamos a organizarnos para unirnos a otros grupos del país que estaban en la misma situación. Pataki firmó la legislación y por eso pude estudiar ciencias políticas en el estado de Nueva York.

¿En ese momento surgió United We Dream?

Sí. En el 2008 creamos la organización y nos dimos cuenta de que podíamos tener un impacto importante en la reforma migratoria. Nos hemos vuelto la voz de la población latina y somos uno de los movimientos de derechos civiles más exitosos del país.

¿Cómo se financian?

De tres formas: el voluntariado, las donaciones comunitarias y los aportes de particulares y fundaciones privadas.

¿Tiene aspiraciones políticas?

Ahora no tengo aspiraciones de carrera política. Mi sueño es seguir construyendo el poder inmigrante en Estados Unidos. Incluso si ganamos la batalla de la reforma migratoria, todavía hay muchas cosas que nuestra comunidad necesita, como acceso a la salud, a la educación, evitar el abandono escolar, etc. Hemos podido organizar a los jóvenes, pero aún falta organizar al resto de la comunidad. Sabemos que tenemos la oportunidad de construir un poder que cambiará la política del país de manera radical. Mi sueño es formar más líderes que generen cambios.

Una mujer influyente

Además del reconocimiento de ‘Forbes’, que la incluyó en la lista de los jóvenes más influyentes de EE. UU., Cristina Jiménez recibió el año pasado el premio Edna, que destaca a las líderes menores de 35 años. Este año fue invitada por la Casa América Cataluña para las jornadas ‘América es femenino’, en las que contó que sobrevivió sin papeles 12 años, hasta que pudo tramitar una Visa U (para víctimas de violencia) y conseguir un permiso de trabajo.

ZULMA ANDREA SIERRA
Para EL TIEMPO
Barcelona (España).

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