Los yihadistas ya se fueron, pero la ciudad no será más la misma

Los yihadistas ya se fueron, pero la ciudad no será más la misma

Kobane trata de volver a una aparente normalidad. Hoy, falta de todo en esta localidad fronteriza.

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07 de febrero 2015 , 06:22 p.m.

“Queremos regresar, ¿pero a dónde?”. Para esta mujer que llora, el fin de la batalla de Kobane reanimó sus sueños de retorno, como para los sirios refugiados en Turquía, pero los combates causaron tantos daños que esos sueños están lejos de cumplirse. (Lea también: Kobane, la ciudad fantasma de Siria)

Para muchos habitantes obligados al éxodo, la euforia provocada por la victoria de las fuerzas kurdas sobre los yihadistas fue de corta duración. Los primeros testimonios de quienes cruzaron la frontera revelan la magnitud de la devastación. “Todas las casas fueron destruidas”, deplora Ahmad Kemri, de 60 años, el director de uno de los liceos de la ciudad, refugiado en Turquía. “Y los ataques aéreos agregaron más daño a la devastación”, agrega. Kemri dice que por ahora no regresará a Siria.

“Por el momento vivo con mi familia en el campamento de Suruc, frontera con Siria, que el Gobierno turco recién construyó con capacidad para 35.000 refugiados. Una de sus compañeras de habitación, Cemile Hasan, de 36 años, tampoco es optimista. “Nuestra patria es nuestro bien más preciado, pero en las condiciones actuales, un regreso es imposible de contemplar, por lo menos en un año”, dijo, reprimiendo las lágrimas. “No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí. Volveremos en cuanto hayan reconstruido la ciudad. Y de momento, no está a la orden del día”, agregó.

Con el 80 por ciento de su superficie asolada tras más de cuatro meses de ofensiva de los yihadistas, Kobane trata de volver a una aparente normalidad.

Hoy, falta de todo en esta localidad fronteriza, que junto a los pueblos de sus alrededores, llevaba cercada desde hace más de un año por los extremistas. La comida que se puede encontrar es “mínima”, dice el activista Mustafá Ebdi, que ha permanecido allí durante todo el asedio del EI. Comida en lata, bulgur (trigo seco partido) y arroz son los pocos alimentos que hallan, porque los comercios están con sus puertas cerradas desde hace meses. “Dependemos de la comida que se quedó en las tiendas abandonadas por sus propietarios”, lamenta Ebdi. Dos semanas después de la retirada de los radicales del interior de la población, sus habitantes pueden respirar más tranquilos, pero sufren grandes carencias, ya que servicios básicos como la electricidad y el agua potable brillan por su ausencia.

Turquía (AFP-EFE).

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