Kobane, la ciudad fantasma de Siria

Kobane, la ciudad fantasma de Siria

El pequeño enclave kurdo intenta resurgir de sus cenizas tras expulsar a combatientes del grupo EI.

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07 de febrero 2015 , 06:22 p.m.

El panorama no puede ser más cruel y desolador. Las imágenes que le dan la vuelta al mundo revelan una ciudad destruida, efecto de los encarnizados combates que tras cuatro meses le dieron la victoria a las fuerzas kurdas (YPG) sobre los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

La pequeña localidad kurdo-siria de Kobane (frontera con Turquía) se convirtió en el símbolo de la guerra civil que azota a ese país desde el 2011, con edificios deshechos, calles llenas de basura y escombros, barrios desérticos y un número de muertos que se cuenta por miles. (Lea también: Los yihadistas ya se fueron, pero la ciudad no será más la misma)

Ahora se abre una nueva etapa no menos difícil para sus líderes, que exigen mayor autonomía, y para los pocos habitantes que se resistieron a salir de su ciudad. La vuelta a la calma puede tardar años, por las difíciles condiciones en que ha quedado la ciudad, que supo defenderse (con la ayuda de los bombardeos aéreos de la coalición internacional) del EI, uno de los grupos más radicales y sanguinarios de los últimos tiempos.

“Las columnas del yihadismo demostraron que para sacarlos de una ciudad tienen que enfrentrarlos casa por casa, hombro a hombro e, incluso, enviar las fuerzas aéreas estadounidenses, sin importar el número de víctimas, sin importar nada”, dijo a EL TIEMPO Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano, de España.

Una lucha por el honor

Los analistas no encuentran razones lógicas que expliquen tal destrucción, tal mortandad, tal crueldad. “La expulsión de Kobane de los yihadistas tiene un significado simbólico, no tanto porque la ciudad tenga una importancia estratégica en la región, sino porque el grupo EI se empeñó en ganar esa batalla como prestigio. Contra toda lógica militar, enviaron a sus mejores combatientes, los más calificados, pero lo mismo hicieron los kurdos, que buscaban defender su territorio y lograr ser los primeros en derrotarlos”, agrega Arteaga.

Pero por más metafórica que parezca la situación, la lucha por Kobane era decisiva para el EI, deseoso de extender el ‘califato’ y mantener ondeada su bandera negra en más territorios sirios; y para los kurdos, que no pueden prescindir de esta para su soñada autonomía, la misma por la que por años han luchado contra el Gobierno turco.

“Los kurdos mantienen ahora un territorio que los árabes creen debería ser parte de la Siria árabe. Así que ellos (kurdos) están atravesados en su camino para obtener más regiones independientes y autónomas”, dijo a este diario Joshua Landis, profesor estadounidense y director del Centro de Estudios de Oriente Próximo, con sede en California (EE. UU.).

Lo cierto es que la expulsión de los radicales de este enclave dejó un alto costo humano y material sobre el terreno, sin que nadie hasta el momento se manifieste y se comprometa con ayuda inmediata. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), los enfrentamientos registrados desde septiembre del 2014 dejaron un total de 1.800 muertos: 1.200 yihadistas y 600 del lado kurdo.

Por su parte, el más reciente informe revelado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) revela que del total de 1,7 millones de refugiados sirios que se encuentran en Turquía, más de 170.000 atravesaron la frontera desde Kobane. La cifra es aproximada porque no todos los ciudadanos que llegan a los campamentos se inscriben correctamente, explica la agencia humanitaria.

El futuro de estas personas es ahora totalmente incierto, lo mismo que el de los más de seis millones de desplazados internos y el de los más de 30.000 kurdos-sirios que se negaron a abandonar la ciudad durante los combates.

“El regreso de los refugiados tardará bastante. Será muy difícil que Kobane se levante de sus ruinas. De hecho, la ciudad no volverá a ser la misma”, declara Arteaga, quien coincide con Landis al asegurar que “muchas personas están temerosas de volver y reconstruir en un corto tiempo, porque la ciudad podría ser atacada de nuevo por el EI o por cualquier otro grupo extremista. Así que es complicado volver a construir en una región que es tan difícil de proteger”.

En cuanto a las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, al calificar la expulsión del EI como un duro golpe, los analistas opinan que el yihadismo retrocedió con la pérdida de combatientes muy bien entrenados y que esa imagen de derrota puede afectar el reclutamiento de jóvenes en el exterior y crear dudas entre sus filas.

Territorio autónomo

Ante ese escenario, el presidente del Gobierno autónomo kurdo-sirio de Kobane, Anuar Muslem, no se atemoriza ante la labor que tiene por delante. Lo primero que han hecho las autoridades de este enclave ha sido crear un comité para la reconstrucción –integrado por ingenieros, abogados y expertos en distintas áreas– con el fin de que la ciudad regrese a la normalidad. La prioridad es que puedan volver a sus casas los miles de desplazados, quienes sobre todo, llegaron a territorio turco.

“La necesidad más urgente es el establecimiento de campamentos para alojar a quienes vuelven. Aunque cada día está regresando una media de un centenar, este flujo irá creciendo a medida que los efectivos kurdos garanticen la seguridad en las carreteras”, dijo.

Las temperaturas invernales tampoco favorecen la situación humanitaria, ya que falta combustible que alimente las estufas para protegerse del frío.

Aun así, la administración interina ha repartido 25 litros de gasolina semanales a cada familia. “Necesitamos con urgencia ayuda humanitaria de la comunidad internacional, hace ya dos semanas que los yihadistas se marcharon y no ha entrado nada”, se queja Al Muslem. No obstante, algunas ONG, según el vocero, han repartido comida para paliar el cierre de las tiendas.

ANDRÉS RUIZ*
Redacción Internacional
*Con EFE

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