El americanismo de Eastwood / Opinión

El americanismo de Eastwood / Opinión

Para que no haya sorpresas y evitar comentarios, basta con revisar los antecedentes como actor.

07 de febrero 2015 , 03:55 p.m.

No debemos alarmarnos por el tonillo militarista y moralmente ambiguo de la última producción del veterano realizador Clint Eastwood. Porque bien conocidas son sus afinidades ideológicas, desde hace medio siglo, con una línea controvertida pero coherente en la mira del octogenario autor californiano. Espíritu patriota, vinculado al conservador partido Republicano, que suele lanzar perlas como esta: “Nacimos en el mejor país del mundo y debemos defendernos de las agresiones externas de cualquier nación”. Ahora estamos ante un real cazador tejano transformado en tirador certero del ejército de ocupación en Irak, quien apunta su fusil atrincherado en una terraza y produce resultados letales sobre presuntos enemigos a más de mil metros de distancia.

Más allá de lecturas e interpretaciones guerreristas, un soldado profesional SEAL –mar, aire y tierra– termina siendo idealizado por sus ciudadanos y tratado como héroe merecedor de homenajes póstumos. A partir de tres valores tradicionalistas (Dios, patria y familia), para Chris Kyle sólo había tres tipos de personas (las ovejas, los lobos y… un perro pastor). Con el respeto debido a las instituciones imperialistas, en tierras ajenas por religión y geopolítica, hay comentarios desacertados en los momentos de acción bélica cuando se afirma que… “la tierra de este país huele a mierda de perro”. Peor aún, cuando se le dice “bruja maldita” a una madre herida de muerte que ha visto morir a su hijo.

Para que no haya sorpresas y evitar comentarios suspicaces, basta con revisar los antecedentes como actor, guionista y director. Policía implacablemente sanguinario en la serie de Harry el sucio y vaquero imperturbable del llamado espagueti-western (Por un puñado de dólares), fue definido hace cuatro décadas por la respetable crítica Pauline Kael como “una máquina para matar”. Siendo auto-justiciero o cazador de recompensas, sus títulos en español lo dicen todo: Mi nombre es Violencia, La venganza del muerto, Matar en silencio, Sin miedo a la muerte, Impacto fulminante, En la línea de fuego, etcétera. Frente a su conciencia individualista, Eastwood ha sido el defensor de causas reprochables que cuestionan los principios mismos de la justicia. Fiel a esta doctrina y controlador de todas las etapas de producción en su compañía Malpaso, Eastwood estará siempre al lado del rencor y la venganza desfachatado, tranquilo e insensible, incluso en momentos de tensión o drama humano. Bradley Cooper no merecía estar nominado al Óscar.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
maulaurens@yahoo.es

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