Urán, campeón nacional de la contrarreloj individual

Urán, campeón nacional de la contrarreloj individual

El antioqueño superó a Rafael Infantino y a Hernando Bohórquez, quienes completaron el podio.

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07 de febrero 2015 , 09:49 a.m.

La avenida Llanogrande que conecta a Medellín con Rionegro (Antioquia) quedó pequeña, muy pequeña: la gente no cabía, y no obstante la pequeña estatura de Rigoberto Urán, él era el más grande entre miles de personas, y lo era porque encima de su bicicleta y a un promedio de 47,45 kilómetros por hora se colgó la prueba contrarreloj del Nacional de Ciclismo que se disputó este sábado sobre 40 kilómetros.(Lea aquí: Infantino y Bohórquez, los otros dos del podio en la contrarreloj).

Estaba, casi, que en el patio de su casa. Urán vive muy cerca del recorrido de la competencia; pasó por los linderos de sus terrenos, por los que entrena todos los días, por los que prepara su gran asalto al próximo Giro de Italia, el que quiere ganar, porque está cansado de ser segundo –2013 y 2014.

Conocía bien el tramo. En los dos últimos años ha visitado el túnel del viento para mejorar su posición aerodinámica en la bicicleta, con lo que se puede ganar segundos que le significan una victoria de etapa o un título de carrera.

Rigoberto se preparó para ganar y lo hizo sin contratiempos con 51 minutos 20 segundos. Rafael Infantino, el segundo, terminó a un minuto 34 segundos, mientras que el boyacense Hernando Bohórquez, con gran esfuerzo, fue tercero a 2 minutos 35 segundos de Urán, la gran estrella, el ‘chacho del paseo’. (Lea aquí: Anacona, Pantano y López estrenan 'pinta' en el Nacional de ciclismo.)

Rigoberto no se sintió solo. Durante cada kilómetro su público lo animaba.

“Es que sentí la gente. Daba pedalazos pensando en la victoria, pero escuchaba al público que me animaba. Uno corre en Europa y lo animan, pero es que, entiendan, estaba en mi casa, en mi pueblo, con los míos”, dijo cuando se bajó de la máquina, se quitó el caso, se subió las gafas y su melena, mojada en sudor era el mejor reflejo del  gran esfuerzo que hizo.

Rigoberto Urán, en la contrarreloj de los Campeonatos Nacionales de Ciclismo. (www.revistamundociclistico.com)

A medida que Urán devoraba los kilómetros, rompía los cronómetros. En los intermedios, nadie lo derrotó. Partió de último y llegó de primero. Recogió rivales, como a Marvin Angarita, que salió delante de él pero no pudo impedir que los fuertes pedalazos del hombre del Etixx-Quick Step los volviera ‘ropa de trabajo’.

“No me creo más que nadie. No soy más que nadie. Pregono que no me gusta ser favorito, pues uno nunca sabe qué va a pasar. Estoy en plena preparación y, sí, gané, pero eso no significa que mañana comience el Giro y gane. Hay que seguir la labor dura, porque la meta es ganar en Italia”, señaló Urán, en medio de periodistas, personalidades y muchos ‘patos’ que se agolparon debajo del podio para conseguir una foto o un autógrafo del campeón.

El monarca del reloj se mostró feliz. No era para menos. La última carrera en la que había competido en Colombia fue en 2009, cuando defendía al Caisse D'Epargne y ganó la última etapa de la Clásica Norte de Santander en Cúcuta. “Sí, esto me motiva. Tener la camiseta de campeón nacional es un aliciente, pues es un orgullo para mí. El equipo también está contento, porque no se imaginan lo que vale para ellos tener a un campeón de su país”, precisó Urán, mientras su mamá, Aracelly, le arrebataba de sus brazos a Matías, su hijo, con quien subió al podio para recibir la medalla de oro.

Levantó su brazo izquierdo, ya con la tricolor puesta, el oro brillando en su pecho y cogió el micrófono: “Se me vienen las lágrimas de tanto cariño. Quiero agradecerles el apoyo, con el corazón. A cada uno de ustedes, mil gracias”, dijo, cogió su teléfono, se volteó y se tomó un video con el público a su espalda. ¿Algo más grande?

Es tanta la admiración de los amantes del ciclismo, de los aficionados al deporte y de todos los colombianos que hasta Bohórquez, que lo acompañó en el podio, que se colgó el bronce por su tercer lugar, le pidió un favor: “¿Será que me puedo tomar una foto con usted?”, le preguntó el de 21 años, y Rigo le dijo: “Hágale, mijo”. Y todos felices.

Pero no más que él y su familia, que no cabían de la dicha; todo, gracias a los pedalazos de un hombre que en su tierra ha tenido que llorar de tristeza, como cuando tuvo que enterrar a su padre víctima de la violencia, pero en la que también se le ha visto pletórico de felicidad, como cuando ayer, en Llanogrande, se le escurrieron unas lágrimas al ver hecho su sueño realidad, con su familia y el público que nunca se cansó de gritarle: ¡go, Rigo go!

LISANDRO RENGIFO
Enviado especial de EL TIEMPO
Invitado por Fedeciclismo
Rionegro (Antioquia)

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