Los expresidentes y el secuestrado de Ramo Verde

Los expresidentes y el secuestrado de Ramo Verde

El mundo tiene otra prueba de la dictadura venezolana. Un Estado en descomposición y en caída libre

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06 de febrero 2015 , 07:58 p.m.

La infructuosa visita de los expresidentes Sebastián Piñera y Andrés Pastrana Arango a encontrarse con el líder venezolano Leopoldo López demuestra el carácter despótico de este régimen decididamente antidemocrático. Un cordón militar absolutamente desproporcionado y una turba de maleantes financiados por el gobierno se abalanzaron contra ellos como si tratase de vulgares delincuentes. Fueron como hombres que son una expresión real de dos países de enorme tradición de amistad.

Con Chile nos une una historia de principios inalterables que se convirtió en el otro hogar de nuestro Andrés Bello. Es un genial baluarte de la gramática en América y propulsor de reformas educativas que convirtieron al país austral en el epicentro de una sólida formación ciudadana. Colombia es el hermano en el regazo del Libertador, un pueblo amigable que siente una especial simpatía por el vecino, con el cual comparte una historia común. En definitiva, dos pueblos cercanos en los hechos y los afectos, dos vertientes históricas que nos vinculan de manera imperecedera.

Entre insultos de la entrenada barbarie, Piñera y Pastrana conocieron en el fragor del forcejeo la decadencia de nuestra democracia; los derechos humanos pisoteados hasta el límite de lo inimaginable. Con gran energía le impidieron a un preso tener derecho a recibir visita. Principio básico del derecho universal como fiador de las garantías que tiene todo ciudadano en la condición de privado de libertad.

Cuando en Miraflores se percataron del rechazo mundial que lograron, trataron de permitir la visita, pero en una celda acondicionada para ocultar el verdadero hueco donde tienen a Leopoldo López, reducido en su espacio, rodeado de excremento y con las paredes llenas de ofensas. López, con gran dignidad, no quiso prestarse para una patraña de esa naturaleza. Seguramente habían convertido el espacio en una gran mascarada tan parecida al rostro mentiroso que siempre ocultan detrás de su máscara de demócratas. El hecho demuestra que tanto Leopoldo López como nuestra nación están secuestrados; los derechos conculcados y la discrecionalidad de algún juez miserable que se presta para horadar reputaciones. Aquí los derechos humanos son un simple saludo a la bandera; siempre dependerán de la ideología de la víctima.

Qué distinto fue cuando Hugo Chávez estuvo preso. Ellos asesinaron a venezolanos y, sin embargo, se respetaron sus derechos. Recibían visitas en donde seguían conspirando en contra de la democracia. En la noche, el comandante eterno lloraba como una madre, tenía los celadores que entran a consolarlo. ¿Qué hubiese pasado con él si el gobierno de entonces le daba el trato que hoy les brindan a los presos políticos?

El mundo tiene otra prueba de la dictadura venezolana, un Estado en brutal descomposición y en caída libre. El miedo que le tienen a Leopoldo López los tiene de cabeza; lo han convertido en un símbolo de la libertad. Aunque lo tengan tras las rejas, su mensaje venezolanista une a centenares. Mientras el gobierno decae en una serie de contradicciones, los factores democráticos encuentran que en la unidad está la salida.

Alexánder Cambero
alexandercambero@hotmail.com
@alecambero

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