Serena Williams, la reina que busca más dominio

Serena Williams, la reina que busca más dominio

Con su título en el Abierto de Australia, la estadounidense acumuló 19 coronas grandes.

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06 de febrero 2015 , 07:47 p.m.

En 1999 dos hechos marcaron la historia del tenis femenino. En agosto se recibía con tristeza el anuncio de retiro de quien ha sido considerada, tal vez, la más grande e influyente jugadora de todos los tiempos: la alemana Steffi Graf ponía punto final a una carrera llena de éxitos y reconocimientos. Ganadora de 24 títulos individuales de torneos grand slam –4 Abiertos de Australia, 6 Roland Garros, 7 Wimbledon y 5 Abierto de EE. UU.–, Graf entonces de 30 años, cerraba su dorado ciclo siendo, hasta ese momento, la única jugadora –hombre y mujer– en lograr el anhelado golden slam, que se refiere a ganar durante un mismo años los cuatro títulos grandes (Australia, Roland Garros, Wimbledon y EE. UU.), además de la medalla de oro olímpica (Seúl).

Pero los amantes del tenis no tuvieron tiempo de hacerle duelo a la germana. A finales de ese mismo agosto, una afroamericana de nombre Serena Williams, con 17 años, era objeto de todas las miradas tras alzarse con el título del Abierto de EE. UU., precisamente 58 años después de que lo hiciera su también compatriota Althea Gibson, quien ese mismo año ganó el Wimbledon.

Todos los calificativos futuristas hacia esa nueva estrella se cumplieron. Serena ganó con autoridad en Nueva York, tras vencer en las últimas tres rondas a estrellas del talante de Mónica Seles, Lindsay Davenport y Martina Hingis. Los vaticinios hacia esa pequeña de 1,75 metros, con un cuerpo fuera del estándar de las esbeltas figuras de sus rivales, empezaban a cumplirse.

Entonces, la era de Serena, primero junto a su hermana Venus –considerada otra de las grandes figuras del tenis femenino– y luego sola, empezó a crecer de una manera desmedida. Entrenada y educada bajo un régimen casi militar por su padre Richard, la menor del clan no tenía límites. A donde llegaba, ganaba. Su nombre se esparció como pólvora. De 1997 a 1999 ascendió 300 puestos en el ranquin de la WTA, fue cuarta al final de la temporada. Desde que comenzó su carrera profesional, Serena, hoy de 33 años, tiene un palmarés más que envidiable, casi irrepetible: 34 títulos de grand slam, 19 en individuales, 13 en dobles –todos junto a Venus– y dos en dobles mixtos –con Max Mirnyi–. Además, cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos (una individual y tres en dobles), una Copa Federación, dos Copa Hopman y cinco WTA Tour Championship, siendo, además, la única tenista en haber completado el golden slam de carrera (no en un mismo año como sí lo hizo Steffi Graf), en las dos modalidades.

Por el récord de Graf

El 2015 no pudo empezar mejor para Serena. Con 33 años, se alzó de manera excepcional, para algunos, con más dudas que virtudes en su juego, que de todos modos sigue siendo potente y rendidor, con el primer grand slam de la temporada: el Abierto de Australia. En la final derrotó una vez más a la rusa María Sharápova en una confrontación que, de lejos, es dominada desde hace varios años por la estadounidense (19 encuentros, 17 victorias, dos derrotas, 16 de manera consecutivas).

Serena logró su título 19 de grand slam en sencillos, superando lo hecho por dos leyendas vivas de la actividad como las estadounidenses Chris Evert y Martina Navratilova (nacida en República Checa), cada una con 18 coronas. Hoy, la número uno del mundo acompaña a su compatriota Helen Wills Moody, quien también entre las décadas 20 y 30 tejió su excepcional palmarés, al que le incluyó una marca hasta ahora vigente de 158 victorias consecutivas.

Ahora, más reconfortada por la corona en Melbourne, sin duda Serena buscará otro récord: los 22 títulos de Steffi Graf. ¿Lo logrará? A favor, la estadounidense derrocha talento, tenis, ganas, hasta su físico parece ser hoy su mejor aliado. En contra, el tiempo. Serena tiene 33 años, este año cumplirá 34, y aún debe ganar cuatro grandes para convertirse en la más grande. Seguramente, lo logrará.

Gran depresión

El 14 de septiembre de 2003, Serena, ya consolidada dentro del difícil circuito femenino, se derrumbaba a pedazos. La menor del clan Williams sintió morir con la noticia del asesinato de su hermana mayor Yetunde Price, en Compton, un barrio de Los Ángeles (EE. UU.). Según informes policiales, Yetunde recibió varios impactos de bala, tras una rencilla entre pandilleros. Se dice que la hermana de la estrella del tenis estaba relacionada sentimentalmente con un jefe de estas organizaciones.

De 31 años, enfermera y con un título de administración de empresas, Yetunde fue declarada muerta en un hospital cercano a los hechos.

Serena declaró tiempo después que la situación de su hermana la llevó a una profunda depresión. “No pude soportar la muerte de mi hermana. Había estado hablando con ella por teléfono días antes de lo sucedido. No podía darle sentido a nada”, declaró Serena a la revista Times.

Junto a sus padres Richard y Oracene (hoy separados) y sus hermanas Lyndrea, Isha y Venus, soporta un dolor que no ha podido superar.

La desazón de la pérdida de su hermana repercutió en su carrera y de una manera estrepitosa; descendió en la clasificación hasta el puesto 140. A eso se sumó una lesión de rodilla que acabó enfrascándola en una muy delicada situación personal. Se pensó que la maravilla tenística no iría más. Con 22 años cumplidos, Serena parecía no tener norte. No se le volvió a ver en ningún torneo y su nombre se apagaba tan rápido como se había iluminado.

Sin embargo, fue su padre, Richard, el que logró sacarla de semejante encrucijada. Serena poco a poco empezó a retomar sus entrenamientos. Los torneos empezaron a girarle como cheques, tarjetas de invitaciones y, así, recobró su curul dentro de las mejores del mundo.

Su vida en peligro

Entre el 2010 y el 2011, Serena volvió a vivir un karma, esta vez por delicadas situaciones de salud. Una de ellas fue una complicada embolia pulmonar que como ella misma expresó después, habría sido fatal. “He llegado a estar en mi lecho de muerte, literalmente. Resultó ser mucho más serio. Si me dejaban el coágulo pulmonar dos días más, habría sido el fin de mi carrera, o incluso peor”, afirmó.

Serena había estado una noche antes en una de las fiestas organizadas tras la entrega de los premios Oscar. Sin embargo, esa noche no la había pasado tan bien, se sentía diezmada físicamente. Acudió al Cedars-Sinai Medical Center de Los Angeles, donde tuvo que ser intervenida de manera urgente.

Los doctores descubrieron el coágulo tras el viaje de la tenista a Nueva York, hasta donde se había trasladado para tratarse una lesión sufrida en julio de 2010, cuando salió de un restaurante, en Munich (Alemania) y descubrió que tenía enterrados varios vidrios en ambos pies. Esto ameritó varios puntos y 346 días por fuera de toda actividad física.

Lo que parecía un incidente menor y sin mayores consecuencias pronto se fue complicando, y la tenista acabó desarrollando una enfermedad pulmonar grave. “Esto ha sido extremadamente difícil, terrible y decepcionante”, señaló.

La n.° 1 no solo es tenis, también es moda

El gusto de la número uno del mundo, Serena Williams, por la moda no es nuevo. Constantemente ha sido invitada por los grandes diseñadores a los más importantes desfiles. Sus primeros pasos en este campo fueron diseñando los vestidos con los que jugaba, asesorada por la marca deportiva que la dota de su indumentaria. Sin embargo, tras coronarse campeona el año pasado en el Abierto de EE. UU., Serena asiste a la Semana de la Moda de Nueva York, presentando su propia colección ‘Serena Williams Signature Statement’ para HSN Network, bajo la mirada de Anna Wintour, directora de la revista Vogue y llamada la ‘reina’ de la moda. Los atuendos incluyeron un suéter largo sin mangas con la letra ‘S’ en el pecho, pequeños vestidos elegantes con cierres, pantalones con un estampado de leopardo similar al vestido que usó en el US Open, chaquetas de piel sintética y vestidos tejidos.

ANDRÉS BOTERO B.
Redactor EL TIEMPO

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