Los condones, un objeto de lujo en Venezuela por la escasez

Los condones, un objeto de lujo en Venezuela por la escasez

Tampoco hay pastillas anticonceptivas. Organizaciones prevén un repunte del embarazo adolescente.

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06 de febrero 2015 , 04:57 p.m.

El tema es como una retorcida caricatura: un poco risible al comienzo, pero dramático apenas se da una segunda mirada. A la dificultad que desde el año 2012 comenzó a sentirse para encontrar preservativos y pastillas anticonceptivas en Venezuela se suma que el 2015 se inicia con la casi total escasez.

De pronto en alguna farmacia cuelgan tres paquetes de condones de una marca jamás vista –aquello de que si retardante o texturizados, sensibles o con sabores es historia antigua- que pocos se atreven a comprar, y la escena se repite en cualquier droguería o establecimiento de salud.

“Este año simplemente no hay condones”, asegura a EL TIEMPO Mariana Maza, directora ejecutiva de Prosalud, una organización no gubernamental dedicada a la educación y orientación sexual.

“Todavía es muy pronto para tener estadísticas consolidadas pero es ya hay noticias de un repunte en el aumento de contagios de VIH y comienzan a reportarnos casos de contagios de sífilis y gonorrea, entre otras enfermedades de transmisión. Además los condones se usan para hacer exámenes médicos, ecografías, el tema no solo la prevención sino de uso médico corriente”.

Pero la preocupación de Maza y otros expertos se extiende a que la escasez de condones y pastillas incidirá directamente en el aumento del embarazo precoz y adolescente, fenómeno del cual Venezuela pasó en 2012 de ocupar el tercer lugar al primero como el país con mayor incidencia de este fenómeno en Suramérica, según mediciones de Naciones Unidas del año 2014.

Específicamente, la tasa de embarazo precoz no planificado es de 101 casos entre cada 1000 mujeres de entre 15 y 19 años, llegando a ser tan visible que algunas tiendas en el centro de Caracas llegan a exhibir los uniformes de bachillerato en maniquíes con barriga.

Planificación familiar en riesgo

El tema se extiende más allá de la protección sexual, pues tampoco se consiguen las pastillas anticonceptivas –sobre todo, las marcas más económicas y, por ende, de mayor uso-, lo que afecta directamente la planificación familiar y, a la mujer específicamente en el tratamiento de condiciones como quistes, ovarios poliquísticos o endometriosis.

Eloína Carrero las toma para la regulación de su ciclo, al igual que como método anticonceptivo, y cuenta que el año pasado tuvo que cambiar de marca un par de veces por no conseguir la que le recetaron.

“Me metía en las farmacias todos los días buscando mi marca pero no encontraba, tuve que cambiar de pastilla pero traté que tuvieran la misma composición. En diciembre conseguí y compré, junto a mi mamá y una amiga, mi dotación para este año”.

La doctora gineco-obstetra Annalissa Di Rocco advierte que los riesgos de cambiar de pastilla implican un cambio en el principio activo (el estrógeno) que actúa sobre la hipófisis, que a su vez actúa no sólo sobre los ovarios sino todas las glándulas del cuerpo. “Muchas veces, por miedo o ignorancia la gente se automedica y cambian su pastilla por lo que consiguen. Esto aumenta el riesgo de trombosis, de inhibición ovárica y hasta de absorción intestinal”.

La escasez de pastillas y condones responde al mismo patrón de falta de erogación por parte del Gobierno venezolano de los dólares necesarios para importarlos. En el caso de algunas pastillas anticonceptivas que se fabricaban en el país –como Minigynon, por laboratorios Bayer; por cierto, de las más baratas y de consumo masivo–, la entrega de dólares para la importación de su principio activo se redujo al mínimo.

En el Ministerio para la Salud y en el Ministerio para la Mujer no hay respuesta ni posición institucional establecida sobre la escasez de estos métodos (excepto la entrega de condones en algunos establecimientos públicos de salud), asegura Maza de Prosalud. “Hemos tratado de contactarlos, pero no nos dan respuesta, y estamos hablando de un verdadero problema de salud pública, ¿cómo podemos seguir hablando de prevención ahora si no tenemos acceso a los métodos?”.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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