Editorial: El 'pico y entrada'

Editorial: El 'pico y entrada'

Extender las horas pico para entrar y salir del trabajo es una medida que vale la pena considerar.

05 de febrero 2015 , 07:51 p.m.

Si al mismo ritmo con que crecen los obstáculos para la movilidad en las ciudades crecieran las soluciones para descongestionarlas, más oportunidades de garantizar sociedades sanas y tolerantes tendríamos.

Ejemplo de ello fue lo que sucedió este 5 de febrero en Bogotá. Cuando todo el aparato institucional y el ciudadano asumen su papel de garantizar que, aun sin carros ni motos, es posible hacer que la ciudad fluya, quiere decir que se pueden superar barreras que parecen infranqueables.

Con esta premisa, vale la pena estudiar la iniciativa que ha propuesto el director de la Policía Nacional, general Rodolfo Palomino, de extender las horas pico –mañana y tarde– para que las personas tengan mayor flexibilidad en el momento de abordar el transporte público.

Según sus palabras, lo que pretende esta disposición es descongestionar estaciones como las de TransMilenio, que a diario se ven saturadas por la aglomeración de pasajeros ansiosos de llegar a sus destinos. Hay momentos en los que el sistema simplemente no da abasto y vienen las protestas y demandas contra la calidad del servicio.

La otra consecuencia que genera tal aglomeración es la inseguridad. Una estación llena o unos buses abarrotados son el escenario ideal para ladrones y abusadores, que pululan en el transporte colectivo.

Para el oficial, extender la hora pico entre las 6 y 9 de la mañana y no entre las 6:30 y 8 a. m., como se concibe hoy, aliviaría la oleada de usuarios y brindaría tranquilidad. Lo propio ocurriría en la tarde, cuando se sugiere que la salida sea entre 5 y 7 de la noche.

La estrategia, a la que el general Palomino denomina ‘pico y entrada’, requiere el concurso y el compromiso de las entidades públicas y privadas, a fin de que sean ellas quienes promuevan entre sus empleados una nueva cultura de ingreso y salida del trabajo.

No es la primera vez que algo así se propone. De hecho, la actual administración de Bogotá, muy al comienzo del gobierno, planteó un esquema de horarios para que los empleados públicos laboraran de 9:30 a. m. a 7 p. m., y no de 7 a. m. a 4:30 p. m. Pero ante las protestas de los mismos funcionarios, la medida terminó siendo opcional.

Algunos gremios económicos ya han empezado a pronunciarse en favor de la ampliación de las horas pico, que, con normas complementarias como el uso racional del carro, de medios alternativos como la bicicleta, el teletrabajo –que ya ejercen unos 40.000 colombianos– o iniciativas de carro compartido que estimulan ciertas empresas, es posible aliviar en algo el actual estado de cosas. Seguramente no será sencillo y habrá que ver los casos particulares. Hay empresas o trabajadores que ya han acomodado sus rutinas y actividades a los horarios habituales, particularmente las que tienen que ver con atención al público, pero el esfuerzo bien vale la pena.

Lo otro que se debe tener en cuenta, y que es tan importante como el ajuste de los horarios que se proponen, es el comportamiento ciudadano. Ninguna estrategia, por novedosa que parezca, podrá cumplir su cometido si la gente no adopta un proceder distinto a la hora de hacer uso del transporte público. Colarse, obstaculizar puertas, impedir el ingreso o salida de pasajeros, permitir (y fomentar) la venta ambulante solo contribuye a empeorar las cosas y a incrementar la inseguridad.

EDITORIAL
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