De vuelta, pero sin armas

De vuelta, pero sin armas

No veo a los desmovilizados haciendo parte de la Fuerza Pública, sumado a que es un imposible moral.

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05 de febrero 2015 , 07:43 p.m.

‘De vuelta, pero sin armas’ parece una frase sencilla y hasta podría considerarse de cajón, pero no es así. Es una realidad presente en el quehacer nacional, y no es bueno soslayarla por las inmensas connotaciones que tiene para la seguridad y bienestar de los colombianos. El regreso a la civilidad es una exigencia ineludible a la guerrilla, y podría ser el resultado de la solución política que está en desarrollo, bajo la premisa de una paz integral para todos, e implica una decisión fundamental que debe asumir la insurgencia, y un efecto buscado donde no hay punto intermedio ni vacilación admisible. ¡Hay que acabar el conflicto armado!

Esta decisión demanda a la guerrilla: renunciar a la violencia como método de lucha, aceptar la institucionalidad vigente y la legalidad del Estado social de derecho que nos asiste, como también hacer tránsito hacia un tratamiento civilizado de los conflictos y dirimirlos en el marco del pluralismo político y de un ejercicio democrático amplio y con garantías. Ya veremos si en verdad la guerrilla cuenta con la voluntad para hacerlo, el pleno convencimiento y la suficiente cohesión interna para dar el paso hacia su reconversión política sin armas.

Este regreso de la guerrilla conlleva, primero, una reintegración exitosa a una nueva realidad social, económica y política, y que cualquier alternativa laboral, armónica y productiva que se les ofrezca a los desmovilizados debe propender a romper la relación hombre-fusil, una cultura nefasta que traen desde las filas guerrilleras y que tanto daño le ha hecho al país. De ahí que no veo a los desmovilizados haciendo parte de algún componente de la Fuerza Pública, sumado a que es un imposible moral. Segundo, hay que acabar la vieja premisa histórica de la guerrilla sobre la “marginación política”, que ha sido la queja de siempre. Hay opciones en el sistema democrático que se podrían utilizar. Por ejemplo: una reintegración política individual, donde puedan ejercer sus derechos y deberes como el resto de los colombianos, e incidir en las decisiones locales y nacionales, desde luego, por las vías establecidas en el orden constitucional. La otra es la reintegración política colectiva, haciendo parte de un movimiento social o político, si así lo consideran, con garantías y condiciones suficientes para que subsistan en el tiempo, si se ganan la voluntad del electorado en las urnas. Es el gran desafío por tomar y parte del juego democrático sin armas.

El regreso a la legalidad debería ir acompañado de una preparación previa, por desarrollar en su debido momento, y que abarque acciones acordadas por las partes o unilaterales en la mesa de conversaciones, como, por ejemplo: ambientar la paz; reducción progresiva de la intensidad de la confrontación armada, lo que ahora llaman “desescalamiento”; el tránsito hacia un cese del fuego y hostilidades bilateral definitivo, que también se ha denominado el “silenciamiento de fusiles”. Y, sin duda, la suspensión de hostilidades de la guerrilla hacia la población. Todo lo anterior, soportado en la firma de un acuerdo final con refrendación.

En todo este escenario, y hacia el futuro, la misión de las Fuerzas Armadas prevalecerá. La seguridad nacional y la de los colombianos están garantizadas, son un deber constitucional.

Estos temas de seguridad y paz pueden ser monotemáticos. Un buen consejo, gracias. Pero en el espacio de opinión ‘De frente’ es su razón de ser, porque es mucho lo que está en juego para la patria. Además de ser un imperativo del militar, vale la pena opinar.

Nota. El regreso no contempla veeduría ni paz armada. Valga la pena la aclaración. Simple, así es.


Eduardo Herrera Berbel
* Mayor general (r) del Ejército Nacional de Colombia
eduardoh@cable.net.co

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