La diplomacia del 'Nuevo País'

La diplomacia del 'Nuevo País'

La comunidad colombiana en París expresó disgusto por renuncia forzada del cónsul Daniel García-Peña

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05 de febrero 2015 , 05:38 p.m.

Cuando el presidente Juan Manuel Santos, en su primer gobierno, designó cónsul de Colombia en París a Daniel García-Peña, todos saludamos ese nombramiento como un acierto y una señal inequívoca de que los cambios anunciados por el Presidente, en consonancia con su cruzada de terminación de nuestro elástico conflicto interno, iban en la dirección adecuada. El lema del segundo gobierno de Santos, elegido como respaldo del pueblo colombiano a las conversaciones de paz que avanzan en La Habana (a paso de tortuga, pero avanzan), y a los promisorios cambios encentados, fue, y es ‘Todos por un nuevo país’.

Y todos soñábamos con la posibilidad de que ese ‘Nuevo País’ prometido llegara a ser nuevo de verdad, en un lapso de tiempo bastante más corto de lo que ha durado el conflicto interno. Esos sueños se han desplomado de repente, y hemos despertado en el mismo viejo país de la burocracia inepta, amiguera e insolente.

¿Por qué? Porque en cosas muy sencillas y de aparente intrascendencia se descubre por dónde va el agua al molino. En las partículas aprendemos la esencia del todo. El cónsul Daniel García-Peña, que lleva dos años en París y que cumple una labor admirable en el desempeño de su cargo, recibió hace unos días una llamada intempestiva de algún funcionario menor de la cancillería que le ordenó presentar su renuncia. Se necesita el Consulado de París para el doctor Claudio Galán Pachón, que está aburrido en el consulado de Viena y quiere el de París. Así tal cual le dijeron a García-Peña, sin otra explicación. Él quiso pedirla y le respondieron que debería estar agradecido por la oportunidad que le dieron de disfrutar dos años fabulosos en París. Además, le advirtieron que si no renunciaba, lo declararían insubsistente.

De aquí deduzco que Daniel García-Peña nunca entendió por qué lo habían nombrado Cónsul en París. El muy ingenuo supuso que su nombramiento obedecía al deseo del Presidente y de la Canciller de tener en París un funcionario que trabajara casi las veinticuatro horas para servir a la comunidad colombiana en Francia, y especialmente a la de París, y a eso se dedicó Daniel. Lo que es no conocer la diplomacia. Resulta que a Daniel lo habían nombrado para “darle la oportunidad de disfrutar dos años fabulosos en París”. Y en vez de gozársela, él se puso a trabajar sin tomarse un segundo de descanso. Qué loco. No adivinó que el ‘Nuevo país’ que figura en los membretes oficiales todavía no existe en la realidad.

En el ‘Nuevo País’ se supone que el único motivo para nombrar a un funcionario, y en concreto a un funcionario de la Cancillería, que va a representar a Colombia en el exterior, debe ser el de sus méritos. Daniel García-Peña los tiene todos. Intelectual de vasta cultura, escritor, periodista, políglota, dotado con exquisito don de gentes, capaz de pensar por su cuenta, y animado por una franca vocación de servicio a sus semejantes. Todos los méritos que en el viejo país resultan incómodos.

Conocí a Luis Carlos Galán, padre del doctor Claudio, y compartí con él durante varios años la jefatura nocturna de redacción de EL TIEMPO. Me consta que poseía méritos de sobra que contribuyeron a volverlo incómodo para el establecimiento anquilosado del viejo país, y que al mismo tiempo le permitieron convertirse en uno de los grandes líderes colombianos de las últimas décadas, que ofrendó, como Jorge Eliécer Gaitán, su vida en aras de sus ideales. No conozco, aparte del mérito fortuito de ser hijo de Luis Carlos Galán, cuáles sean los méritos personales del doctor Claudio Galán para ocupar, en sustitución de alguien que lo aventaja en experiencia y capacidades, el consulado de París. El joven doctor Galán lleva dos años en Viena, y no he oído nada de nada acerca de su labor allí. Incluso, muchos colombianos que van a esa capital ignoran que hay en ella un consulado colombiano, ni conocen tampoco quién sea el embajador de nuestro viejo país.

La comunidad colombiana en París ha expresado su disgusto por la renuncia forzada de Daniel García-Peña y en tal sentido se han dirigido al Presidente de la República y a la señora Canciller, con la solicitud de que no le sea aceptada.

Transcribo apartes de la carta en mención:

“Señor Presidente de la República: Juan Manuel Santos
“Señora Canciller: María Ángela Holguín

“Nos sorprendió la noticia de la renuncia protocolaria del Cónsul General de Colombia en París, Daniel García-Peña y su remplazo a finales del mes de febrero por el señor Claudio Galán. No es nuestra intención cuestionar el carácter de «libre nombramiento y remoción» propio de ciertos cargos diplomáticos y, por supuesto, no dudamos de las capacidades del señor Galán para asumir la posición de Cónsul General, pero al mismo tiempo consideramos que el señor García-Peña se ha destacado en el cumplimiento de sus funciones, dando una nueva dimensión tanto a su cargo como al papel del Consulado colombiano en París y que, en ese sentido, lo más conveniente para la comunidad colombiana en Francia sería su permanencia en el cargo…

“… el hecho de que en el día de hoy decenas de compatriotas hayan hecho saber en las redes sociales su inconformismo con la posible partida de García-Peña nos da una idea de la percepción altamente positiva de la gestión del actual Cónsul.

“Y es que, durante los dos años que ha permanecido al frente del consulado, García-Peña logró transformarlo de una oficina a la que se iba de mala gana, como suele irse a los lugares en los que HAY QUE realizar trámites, a un lugar de encuentro de la, o de las comunidades colombianas: artistas, estudiantes, trabajadores en regla o indocumentados, científicos, exiliados encontraron en el consulado un espacio en el que eran atendidos con dignidad y respeto y un espacio en el que podían exponer sus ideas y creaciones.

“… las personas que iban a realizar trámites se sorprendían al encontrar un espacio humano, con distribuidores de café y agua gratuitos, una biblioteca y un rincón para los niños en el que en ocasiones el Cónsul se tomaba el trabajo de jugar con algunos de ellos; esto, además de servicio de internet gratuito y sillas adaptadas para la espera, que de todas maneras era usualmente corta, pues con la reorganización del consulado vino una reducción sustancial en el tiempo de solicitud y recepción de documentos.

“Además, se multiplicaron los eventos realizados en las instalaciones del consulado o apoyados por este como institución. Con García-Peña y su equipo, la sede diplomática dejó de ser un lugar de encuentros privados para transformarse en un espacio abierto donde nuestros compatriotas han podido departir con deportistas como Falcao García y David Ospina; intelectuales como Juan Gabriel Vásquez y William Ospina y periodistas como Daniel Samper Pizano y Germán Castro Caicedo. En el salón del consulado se organizaron exposiciones artísticas, que complementaban el ambicioso proyecto de estímulos a la creación puesto en marcha por el equipo consular. También reuniones de debate en torno al proceso de paz, que es la gran meta del Gobierno y el sueño de nuestros compatriotas, y eventos festivos como las novenas navideñas, la transmisión en directo de los partidos de la Selección Colombia y los conciertos de artistas de la talla de Tamboral y Yuri Buenaventura.

“La política de descentralización permitió igualmente que el equipo del consulado se desplazara en varias ocasiones a otras ciudades de Francia, garantizando así el acceso de los colombianos a su Estado, en condiciones en las que para muchos es imposible desplazarse hasta la oficina de París. Lo mismo vale para la labor realizada con los colombianos detenidos en cárceles francesas.

“Tradicionalmente, y tristemente, los colombianos han vivido en un clima de apatía, cuando no de desconfianza, hacia los representantes del Estado y sus instituciones. Si hoy la gente ha recibido con tristeza, o incluso rabia, la noticia del remplazo del señor García-Peña, debemos ver la señal innegable de un trabajo bien hecho, de un cambio en la manera de hacer las cosas.

“El señor García-Peña nos ha construido un consulado más humano, más eficiente, más democrático y abierto, más cercano a nosotros, los que estamos lejos, pero aún hay mucho por hacer y sobre todo hay todo por consolidar. Por estas razones, señor Presidente, señora Canciller, solicitamos que como reconocimiento a la labor del señor García Peña, y sobre todo a la opinión y a los intereses de nosotros los ciudadanos, se reconsidere su remoción del cargo de Cónsul y se le permita continuar contribuyendo al tejido de redes entre nosotros, los de afuera, y de puentes con ese país al que desde la distancia queremos y por el que trabajamos cada día”.

¿Escuchará el viejo país burocrático las voces del ‘Nuevo País’ que entre todos queremos construir? Pues vamos viendo que al iluso que se toma en serio el cuentecito de ‘Todos por un Nuevo País’, ¡zas, lo decapitan!

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Comienza a oírse por ahí este versito: “Porque no quiere que lo haga el alcalde Petro/Santos, dejará a Bogotá sin metro”.

Enrique Santos Molano

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