Un zorro en el jardín

Un zorro en el jardín

Cada artista es un caso excepcional y nadie puede decirle lo que tiene que decir, ni cómo, ni cuándo

notitle
04 de febrero 2015 , 07:08 p.m.

 Uno de mis dioses es Syd Barrett, el fundador y el alma de Pink Floyd. Fue él quien le puso el nombre al grupo y escribió casi todas sus canciones hasta 1967. Pero un día se enloqueció, como toda la gente decente, y entonces se fue para su casa. Colgó su guitarra y su voz de genio iluminado y se fue a vivir con su mamá. Así pasó el resto de sus días hasta que se murió en el 2006: sin pensar nunca más en el pasado, recluido en un jardín, evadiendo un destino que él mismo se amputó sin ningún remordimiento.

¿Por qué lo hizo? Es algo que sus adoradores, en trascendentales artículos académicos y científicos, en foros y encuentros internacionales, estamos discutiendo todavía. Por el extravío y el cansancio con las drogas, dicen unos; por el aturdimiento de la fama, dicen otros; por la depresión y la locura, sugieren los más rigurosos. Quizás la respuesta sea mucho más simple y enternecedora: a los 32 años –es decir en 1978, cuando se fue– Syd Barrett ya lo había dicho todo y el arte ya no tenía para él ningún misterio.

Para sus seguidores sí, claro que sí, porque el arte es justo ese milagro que ocurre cada vez que alguien lo presencia y lo renueva; el asombro que a todos nos produce la belleza que otro es capaz de crear. Pero lo que está detrás de ese milagro es el misterio: la razón por la cual, creo yo, los artis-tas hacen lo que hacen y son lo que son; la fuerza que los lleva, casi como unos posesos, a querer entenderlo todo. El arte, para quienes lo hacen, es una manera de entender el mundo: la única posible para descifrarlo y darle un sentido y una justificación.

Por eso la sed de crear no se acaba nunca, no todavía. Porque siempre, para un artista, hay algo más por descubrir, algo nuevo que contar y que decir. Salvo en esos episodios de iluminación extrema en los que todo queda dicho muy pronto, como en un rapto, y ya no hay nada que añadir. Fue el caso del poeta francés Arthur Rimbaud: a los 19 años ya había escrito quizás la poesía más bella de Occidente desde la Divina comedia, y entonces se retiró para siempre. Se fue a navegar y a vivir; a vender armas, marfil. Su poesía estaba ahora en su vida, solo en ella.

También a Juan Rulfo le pasó lo mismo: escribió El llano en llamas y Pedro Páramo, qué más se le puede pedir a la vida. Por eso Augusto Monterroso le dedicó la fábula de ese zorro que era un sabio y que un día se hizo escritor. Publicó un libro, fue un éxito; publicó otro, fue la locura. Entonces no volvió a publicar más, aunque la gente le dijera: “Pero si ya publicó usted dos libros magníficos, tiene que publicar otro...”. Y él pensaba: “En realidad lo que estos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer...”.

Ahora leo en la prensa, con gran revuelo, que la escritora Harper Lee va a publicar por fin una nueva novela. La noticia no tendría nada de excepcional si no fuera por un dato casi esotérico y estadístico: la señorita Lee lleva 55 años sin publicar nada, y su condición de autora de culto se sostiene toda en el éxito y la belleza de una única novela aparecida en 1960, Matar un ruiseñor.
Desde entonces, como Rimbaud en Abisinia o como Syd Barrett en su jardín, Harper Lee le dio la espalda al mundo. Exiliados de sí mismos, profetas cegados (y enmudecidos) por su propio don.

Cada artista es un caso excepcional –ese es el misterio del arte, su única regla– y nadie más puede decirle lo que tiene que decir, ni cómo, ni cuándo, ni cuánto. Quizás solo valga el consejo de Rilke: si uno cree que puede vivir sin escribir, lo mejor entonces es no hacerlo.

Y aquí estamos: después de 55 años, Harper Lee va a sacar un nuevo libro. Es el segundo que publica en la vida. Como el zorro.

Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.