Editorial: Sin carro y sin moto

Editorial: Sin carro y sin moto

Este día nos da otra oportunidad para pensar en el más vulnerable del espacio público: el peatón.

03 de febrero 2015 , 07:21 p.m.

Mañana se cumple en Bogotá la jornada número 15 del día sin carro. Desde estas páginas hemos apoyado dicha iniciativa convencidos de que, si bien no significa un cambio en la tendencia creciente del parque automotor, sí invita a reflexionar sobre las consecuencias que trae el seguir apostándole al vehículo particular como única fórmula para la movilidad.

Los días sin carro no dejan contentos a todos. Las razones de quienes se oponen son respetables, pero también las de la inmensa mayoría de ciudadanos que no usan carro, pero sí sufren las consecuencias del mismo: congestión, contaminación, deterioro de la malla vial, mal parqueo, accidentes, etc.

Son estos días de reflexión los que han contribuido al incremento de soluciones como la bicicleta (creció 14 por ciento entre el 2011 y el 2015, al pasar de 440.000 a 500.000 usuarios), el auto compartido, el cambio de hábitos y el recurrir al Sistema Integrado de Transporte.

Y es también el día sin carro el que motivó a la Alcaldía Mayor a prohibir la circulación de motos este jueves, exceptuando las de mensajería, uso oficial, emergencia y domicilios. Una decisión polémica, pero necesaria.

Las motocicletas se han convertido en uno de los problemas más apremiantes de la movilidad en centros urbanos y pequeños municipios. Alrededor de 600.000 motos se venden cada año en el país. Bogotá alcanzará en poco tiempo las 500.000 unidades. Después de los peatones, los motociclistas ocupan el segundo lugar entre las víctimas fatales que dejan los accidentes viales, a razón de uno por cada 250 motos vendidas, según la Fundación Ciudad Humana.

Por tanto, el tema hay que abordarlo con la seriedad que merece. Y para ello debe servir la actividad de mañana: para hacerle un examen al sector, no con el ánimo de ver cómo se frena el auge de las motos (es imposible), sino para que Gobierno, gremios y motociclistas establezcan unas reglas mínimas de convivencia y se conviertan en parte de la solución y no del problema.

Así las cosas, mañana en Bogotá dejarán de circular 1,5 millones de carros y cerca de 400.000 motos. Sin duda, habrá una disminución en los niveles de ruido y contaminación del aire; se incrementará el uso de bicicletas y se vivirá una jornada en la que, si no todos, la mayoría sabrá aprovechar de la mejor manera.

El otro tema de reflexión que debe ocuparnos en el día sin carro es el de los peatones, que, como dijimos antes, constituyen el grupo más vulnerable en ese lugar común que compartimos todos y que llamamos espacio público. Lo que se haga en favor de ellos es poco, comparado con el cúmulo de riesgos a los que se ven expuestos a diario. Garantizar su seguridad debe ser la prioridad de cualquier gobierno, y ello incluye brindarle al usuario de la calle espacios libres, dignos, bien demarcados y tranquilos para su desplazamiento.

Lo propio puede decirse del ciclista. Hoy, cuando muchos de ellos saldrán a la calle, es perentorio adoptar medidas que eviten que mafias organizadas los despojen de sus vehículos, como viene sucediendo recurrentemente.

Más que refunfuñar, hay que contribuir con nuestra buena disposición a vivir el día sin carro. La conciencia nos lo dicta.


EDITORIAL
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