'Emberas decidiremos si volvemos a Pueblo Rico'

'Emberas decidiremos si volvemos a Pueblo Rico'

Se descarta traslado de los indígenas a otros municipios del Valle.

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03 de febrero 2015 , 06:44 p.m.

Todos los 202 emberas katíos hacinados hace casi tres años en inquilinatos del barrio El Calvario tomarán juntos y guiados por el cabildo de su comunidad, la decisión de si aceptan marcharse definitivamente o no de esa zona del corazón de Cali.
Esa decisión la tomarán mañana, pero si se van lo harían para ubicarse, de manera temporal, en dos albergues que serán adaptados en dos instituciones educativas en el municipio Pueblo Rico, a 92 kilómetros de Pereira, en Risaralda.
En ese proceso, la Alcaldía de Cali aportará 50 millones de pesos, al tiempo que la Gobernación de Risaralda pondrá los planteles en la zona rural de Pueblo Rico. Además, el puesto de salud será reforzado para brindar una atención integral a esta población desplazada.
Los emberas también quieren la reconstrucción de un puente que les permita llegar a las rústicas casas que ocupaban antes sobre el río San Juan, en Risaralda, antes de que se iniciara su éxodo.
No obstante, Élber Situá, Pompilio Campo, y los primos Esteban, Rosendo y Albéiro Querágama, como voceros de esta etnia del céntrico sector, aseguraron ayer que los emberas no quieren ser más un blanco de manipulación para quedarse o irse o inclusive para ser parte del proceso jurídico que los involucró por una tutela que la semana pasada frenó, de nuevo, el proyecto ‘Ciudad Paraíso’, de renovación de El Calvario, Sucre y San Pascual, en el centro caleño.
“No hemos recibido televisores ni equipos de sonido de la Alcaldía como nos ha dicho un abogado a cambio de desistir de la tutela. No podemos porque nosotros no somos los que decidimos. Es toda la comunidad y el cabildo. Tenemos una espiritualidad que respetamos y tememos al jaibaná, nuestro médico. Lo único que queremos es poder hacer nuestro retorno”, dijo Esteban Querágama, cuya familia salió desplazada hace más de una década de la selva del Chocó para asentarse junto al río San Juan, en jurisdicción del resguardo unificado Embera Chamí, en Risaralda.
Es allí donde decenas de katíos están mezclados con sus hermanos chamí por el conflicto armado hasta que en el 2012, más de 200 tomaron la decisión de moverse por enfrentamientos entre grupos armados ilegales y el Ejército.
Los katíos primero pasaron por Pereira, luego por Manizales, después ingresaron al Valle del Cauca hasta que algunos pernoctaron en Palmira y por último llegaron a Cali. Era la ciudad de la que habían escuchado con la expectativa de recibir apoyo.
“Cali es una ciudad más grande, pero es difícil vivir acá por la comida. Lo que queremos es el retorno a nuestro territorio, donde podíamos sembrar lo que comíamos, plátano, ñame, maíz y papa china, conforme en lo que creemos”, dijo Esteban, mientras a su lado Rosendo y Élber seguían asintiendo y diciendo que están cansados de su situación de errantes.
Pocas salidas
El asesor de Paz de Cali, Felipe Montoya, sostuvo que quedaron descartadas las opciones de buscar albergues temporales en Tuluá, Toro, Ginebra o Cartago en el Valle del Cauca, como lo diligenciaba la Gobernación del Valle, por petición de los mismos katíos, mientras se tramita con el Gobierno Nacional el proceso de su retorno que no será fácil. Según Paz, en Pueblo Rico se adaptarían los dos planteles ofrecidos por la Gobernación de Risaralda.
“Para el retorno deben existir garantías de vivienda, que los niños puedan ingresar al sistema educativo y estén protegidos en materia de salud”, señaló el funcionario.
Paz explicó, además, que los katíos son parte de los 17 mil desplazados que el año pasado llegaron a Cali para engrosar el conglomerado total de 173 mil, convirtiendo a la capital vallecaucana en la tercera del país, después de Bogotá y Medellín. Así mismo, dijo que un último desplazamiento se registraría de comunidades procedentes de Barbacoas (Nariño).
¿Por qué vienen a Cali?
“A Cali la ven como una tierra de oportunidades. Es una ciudad receptora y es la más grande del suroccidente del país”, dijo el asesor Montoya, que afirmó que con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) se está trabajando en un proceso para asegurarse del bienestar, por ahora del más de centenar de menores katíos entre los 202 nativos de El Calvario. De ese número, unos 55 tienen entre 0 y 5 años.
Sobre la bebé de 4 meses que falleció la semana pasada, Montoya dijo que la Administración municipal aún espera el dictamen del Instituto de Medicina Legal.
Sostuvo que Bienestar Familiar está atento de los casos de mendicidad, pues la regional informó que en caso de hallar niños en esa condición, la custodia pasará al Instituto. Hay dos casos en estudio.
Precisamente sobre la mendicidad, Montoya dijo que la Asesoría buscará que las autoridades investiguen si detrás de ese fenómeno estaría la trata de personas por lo que pedirá intervención del Comité encargado de este tema.

El Valle, receptor de los indígenas

Nasas, emberas, yanaconas y wounaan nonam son las comunidades indígenas que, además de llegar a Cali, han buscado refugio en otros municipios del Valle del Cauca.
De acuerdo con la Gobernación del departamento, solo los wounaan están regados por 30 de los 42 municipios del Valle del Cauca.
En el caso de los nasas, hace cinco años, 520 familias de diferentes veredas y municipios de zonas rurales del Cauca y de los resguardos Pueblo Nuevo, Jambaló, Morales, Las Delicias y Buenos Aires llegaron a la ladera de Cali. Fue en Alto Nápoles, de la comuna 18, donde el cabildo tomó posesión en un terreno inestable por la extracción de arena.
Según Nolberta Málaga, wounaan que en la Gobernación trabaja por las comunidades nativas del Valle del Cauca, los wounaan nonam también están en el centro de la ciudad buscando la manera de retornar a sus territorios en la selva del Pacífico que separa el departamento con Chocó, sobre las aguas del río San Juan.
Buenaventura es otra de la ciudades receptoras de indígenas wounaan que vienen de esa zona selvática a la que solo se llega navegando. Desde septiembre pasado empezaron a llegar indígenas al coliseo El Cristal, en el puerto, por quienes la Defensoría lanzó un llamado de atención sobre la crítica situación. Hoy hay más de 410 indígenas que montaron su albergue.
“Es una vergüenza para el Estado, especialmente, para las autoridades nacionales, regionales y locales, la situación indigna en que se mantiene a la población desplazada, particularmente aquellas en condiciones de mayor vulnerabilidad como las comunidades indígenas”, señaló la Defensoría del Pueblo.
En Yumbo también hay familias hacinadas en albergues improvisados en viejos locales y en hoteles.

CALI

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