La paz de Colombia no se debe banalizar: análisis

La paz de Colombia no se debe banalizar: análisis

Para Hernando Corral, exigir soluciones rápidas no implica necesariamente ceder.

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02 de febrero 2015 , 09:20 p.m.

Un fantasma recorre la capital de Cuba: la banalización de la paz. Por barco o por avión, nos llegan desde la capital de la isla noticias que esperamos sean simples falacias de la “oposición”, en el sentido de que las Farc han decidido darle largas a la firma de un acuerdo de paz con el pretexto de que las uvas aún no están maduras.

Hagámosles el juego a estos posibles infundios: a) Que las Farc argumentan que hay que esperar que el Eln entre en las negociaciones para acoplar las agendas implica que este año no se alcanzarían a concretar todos los puntos que permitan poner fin a la negociación; b) Que los negociadores de las Farc no aceptarían entregar las armas al gobierno de Colombia y que se debería buscar otro tipo de alternativas, que hoy no existen; c) Que la organización guerrillera no se transaría por una consulta popular, sino que se mantendría radicalizada en la exigencia de una constituyente; d) Que las Farc no aceptarían ni un día de cárcel, lo que implicaría total impunidad. De ser así, sería inevitable la trivialización de un proceso de paz, que no solo tiene contradictores muy importantes, sino que no goza de la popularidad deseada.

Pero sigamos con las especulaciones:

Primera

¿Son ciertos los cálculos que hacen las Farc al pretender que las condiciones les sean más favorables si alargan hasta el año entrante la negociación, sin importar el pretexto que aleguen? ¿O tendrían razón al pedir un “tercer tiempo” para que las negociaciones entre Farc y Eln terminen al unísono? Aseguran fuentes de alta fidelidad que la estrategia del Gobierno es la de iniciar conversaciones con el Eln en un país distinto a Cuba, con el fin de que los dos grupos guerrilleros no puedan “conspirar” ni tener una comunicación tan directa.

Si le damos crédito al anterior rumor, la maniobra gubernamental podría ser equivocada si tenemos en cuenta que: a) Si las dos organizaciones quieren unificar estrategias, lo pueden hacer por medio de los sofisticados sistemas de redes de comunicación electrónica, o a través de los delegados permanentes del Eln que viven en La Habana; b) El ambiente favorable que se vive hoy en Cuba con la apertura de relaciones con los Estado Unidos ha creado un clima de opinión saludable a las negociaciones y han animado al gobierno de Raúl Castro a convencer al Eln de la necesidad de la paz en Colombia; c) Propiciar el acercamiento de las dos negociaciones en La Habana podría acelerar los acuerdos con los dos grupos armados, lo que evitaría prolongar su finalización y, por lo tanto, la banalización de las negociaciones.

Segunda

De ser cierto que las Farc están aferradas a no entregarle las armas al Estado colombiano, lo que también podría suceder con el Eln, ¿cuáles serían las alternativas del Gobierno? Por qué no, para ganar tiempo, el Gobierno debería aprovechar la discusión sobre las condiciones para un posible cese del fuego bilateral y ligarlas a una propuesta de entrega de armas al final de las negociaciones.

En otras palabras, se podría ganar tiempo uniendo un debate con el otro.

Tercera

A estas alturas del partido, los colombianos debemos tener mejor información sobre la posibilidad de que el acuerdo de paz termine con una constituyente. ¿O es que está descartada definitivamente?¿El país necesita, sí o no, una nueva Constitución para resolver problemas tan graves como la justicia, la corrupción, la modernización de los partidos, el sistema electoral, la equidad social y hasta normas que reglamenten el uso del internet y demás avances tecnológicos de la humanidad? ¿Dejamos en manos del pueblo o de las cortes la reforma de la carta magna?

Cuarta

¿Será que nos está cogiendo la noche para ir concertando cuáles son las penas que deben pagar o no los guerrilleros de las Farc y del Eln? Ya es hora de que los asesores jurídicos de uno y otro lado se junten y presenten propuestas sobre todos los temas de justicia transicional y de garantías a quienes abandonen la lucha armada.

La proximidad de un debate electoral debería permitirles a los colombianos tener mayores elementos de juicio sobre los temas gruesos de la negociación y además sobre las ganancias que lograría el país con la finalización de la violencia.

Exigir soluciones rápidas no implica necesariamente ceder; es cierto que no hay que demostrar tantas ganas de negociar, sobre todo cuando la contraparte es glotona. Se dice que “del afán no queda sino el cansancio”, pero a veces “el tiempo perdido los Santos lo lloran”...

Hernando Corral G.
Especial para EL TIEMPO

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