Escuelas pequeñas en vez de megacolegios, la propuesta de este experto

Escuelas pequeñas en vez de megacolegios, la propuesta de este experto

Este arquitecto rechaza las instituciones "tipo cárceles". Distrito lo contactó para asesorías.

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02 de febrero 2015 , 08:10 p.m.

Al estadounidense Frank Locker su carrera de arquitectura en la Universidad de Oregón lo llevó a convertirse en un experto en educación. Cuenta que en un momento de su vida se estrelló con clientes que lo obligaron a crear infraestructuras que se alejaran del modelo tradicional de colegio, “tipo cárceles”, para implementar nuevos métodos de enseñanza.

En esa inmersión terminó por estudiar tanto sobre la educación del futuro, que se ganó una mención de honor del Consejo de Educación de Infraestructuras educativas por los diseños de una escuela de arte en Massachusetts y a crear un curso en Harvard en donde ahora los arquitectos piensan nuevos espacios para el futuro.

Hoy vuelve al país invitado por la Secretaría de Educación (SED) para orientar a los diseñadores y constructores sobre el modelo de la nueva infraestructura escolar fundamental para que los nuevos colegios se adapten a los cambios sociales y culturales de cada ciudad.

La idea es que los diseñadores de colegios piensen la infraestructura escolar desde una perspectiva de formación integral que tome en cuenta los ideales de pedagogos, arquitectos, técnicos, administradores y la comunidad escolar en general.

Los espacios que se buscan deben ser más flexibles y versátiles y superar la idea del aula frontal, coherente con los nuevos sistemas y modelos pedagógicos. Esto fue lo que le respondió a EL TIEMPO en una entrevista que sostuvo hace algunos meses.

¿Por qué dice que los colegios de hoy fueron diseñados como cárceles?

En EE. UU., las mismas personas que diseñaron las cárceles diseñaron muchos de los colegios. ¿Usted con qué relacionaría una fila de salones a puerta cerrada con un corredor en el que no se puede estar sin permiso y una campana que ordena entrar, salir, terminar o comenzar las clases? ¿A qué se le parece?

Visto así, no parece el entorno adecuado...

No lo es, y hay una parte cultural en este tema. En algunas culturas se espera que se le tenga miedo al profesor, y este tipo de infraestructuras contribuye a apoyar esa filosofía pedagógica.

¿Cuáles fueron las consecuencias de ese modelo arquitectónico?

Agravamos los problemas sociales y de comportamiento de nuestros estudiantes. Los profesores se centraron en hacer entregas de resultados sin que les importara si sus alumnos aprendían o no, ni por qué. Pero el problema empeoró cuando decidimos agrandar los centros. En los últimos 100 años hemos hecho instituciones impersonales que son rechazadas por los estudiantes y que terminan en problemas como la deserción escolar.

¿Se van porque se aburren?

Sí, sobre todo en los grandes. Lo dicen varias investigaciones y yo mismo lo he comprobado. Les he preguntado a alumnos de algunos de esos centros para qué estudian matemáticas de sexto, y responden que para poder tomar matemáticas de octavo. Esos vacíos en los propósitos han generado en mi país muchos fenómenos como el bullying. Por eso creo que hay que crear también ambientes en donde los jóvenes tengan la oportunidad de sentir respeto por el otro.

En ese sentido, ¿fue un error construir en Bogotá megacolegios?

Sí. Pero por lo menos ustedes están aprendiendo en poco tiempo lo que EE. UU. tardó en aprender 100 años. Las consecuencias negativas de esa política fueron nefastas: violencia, drogas, conflictos, imposibilidad de control... Tenemos que ponerles atención al entorno, al tamaño del colegio, al transporte, a la alimentación, a la interacción entre profesores. En muchos de los distritos de EE. UU. los niños son tan pobres que no desayunan, eso baja el rendimiento.

¿Cuál es el modelo que usted recomienda?

Las escuelas pequeñas logran que los estudiantes dejen de ser anónimos y evitan problemas de convivencia. Son lugares en donde el director y los profesores realmente conocen a sus alumnos; espacios donde los estudiantes pueden dar rienda suelta a su creatividad, a su imaginación, donde las habilidades sociales y comunicativas puedan desarrollarse.

¿Qué recuerda de su colegio?

Pupitres y manos levantadas. Mi colegio era muy tradicional. No me acuerdo mucho de él. Eso quiere decir que no fue determinante en mi vida. Es triste; pasé tanto tiempo en el colegio que debería tener mejores recuerdos.

¿Los jóvenes cambian con nuevas infraestructuras?

Sí, la construcción de planteles con menos barreras fomenta que los alumnos asuman nuevas responsabilidades dentro de la comunidad educativa. Conocí un colegio en California en el que fueron los mismos alumnos quienes redactaron su propio manual de convivencia.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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